En pleno corazón de Roma, en la elegante Via del Corso, una manzana entera del centro histórico alberga el Palazzo Doria Pamphilj, sede de la célebre Galleria, que alberga uno de los conjuntos artísticos privados más importantes del mundo. Allí, la princesa Gesine Doria Pamphilj y su marido, Massimiliano Floridi, comparten la responsabilidad de conservar y difundir el patrimonio de una de las dinastías más influyentes y antiguas de Italia. Bajo la custodia de la familia desde el siglo XV y reformado hasta finales del XIX, este palacio es la residencia histórica que hoy nos acoge, pero, para la princesa y su marido, lo esencial es recordar que es, ante todo, su hogar; un espacio que también funciona como museo.
De sus más de 1.000 estancias, solo una parte está abierta al público, mientras que el resto continúa siendo residencia privada. De hecho, se trata de uno de los palacios habitados más grandes de Roma, lo que lo convierte en un caso singular en el que conviven patrimonio artístico, historia familiar y vida cotidiana dentro del mismo edificio. Tras sus monumentales fachadas, la princesa reside junto a su familia en una de las alas más privadas del edificio, con un espléndido jardín, apartada del recorrido habitual de los visitantes. Allí se refugian tres veces por semana cuando regresan de su casa de campo, donde viven el resto del año.
La galería alberga algunas de las piezas más admiradas del arte europeo, con una estancia especialmente célebre: un pequeño gabinete donde, aislado del resto de la colección, se exhibe uno de los retratos más extraordinarios del siglo XVII y posiblemente de toda la historia del arte: el del Papa Inocencio X, antepasado directo de la familia, inmortalizado por el maestro sevillano Diego Velázquez.
Pero la fascinante historia de Gesine comienza lejos de Roma. En la década de los 60, fue adoptada en un orfanato católico de Londres por la princesa Orietta Doria Pamphilj y su marido, el oficial naval británico Frank Pogson. Su llegada a la familia se produjo poco después de la adopción de su hermano no biológico, Jonathan. Ambos crecieron en este hogar familiar rodeados de títulos nobiliarios, historia y un inmenso patrimonio artístico, integrándose plenamente en una de las familias más prominentes y acaudaladas de Europa.
Habla la princesa Gesine
¿Qué significa para usted haber crecido en una familia con un legado tan importante?
Mis padres intentaron que recibiéramos una educación lo más normal posible y nos animaron a relacionarnos con personas de todos los ámbitos. Siempre nos recordaban que éramos los guardianes de nuestra herencia familiar y que, más que un privilegio, suponía una responsabilidad. Debíamos conservar y respetar nuestra historia, cuidar nuestras obras de arte y continuar con las actividades benéficas de la familia.
"Mi única formación en historia del arte fue la que recibí en el colegio. Después estudié Administración y trabajé en la gestión de nuestro patrimonio, ocupándome de los palacios y fincas que poseemos"
¿Qué otros valores le transmitieron?
Ellos tenían un código moral muy estricto, que espero seguir preservando. Los dos estaban muy comprometidos con las cuestiones ecuménicas y promovían encuentros e iniciativas vinculados a organizaciones como el Anglican Center y Foyer Unitas, que además eran arrendatarias nuestras en Roma. Mi madre, por su parte, dedicó cerca de 40 años a un voluntariado en una ONG vinculada a la Food and Agriculture Organization.
¿Usted ha intentado transmitirle lo mismo a sus cuatro hijas?
Nosotros hemos intentado transmitirles valores sólidos, especialmente la importancia de la familia, la igualdad y el compromiso con los demás. La mayor, Anna, estudió Gestión de Eventos y, ahora que el menor de sus cuatro hijos acaba de empezar el jardín de infancia, espera incorporarse pronto a la galería en este ámbito. Orietta estudia una segunda carrera para convertirse en bibliotecaria, ya que le gustaría encargarse de catalogar nuestra antigua biblioteca de Piazza Navona. Elisa es cantante y compositora, con el sueño de especializarse en musicoterapia. Y la menor, Irene, cursa un máster en Teatro Musical, en la Royal Central de Londres, con la esperanza de trabajar algún día en el circuito teatral de West End. Ninguna trabaja todavía de forma directa en la empresa familiar, pero mantienen vivo el legado y los valores que hemos intentado transmitirles.
Gesine fue adoptada en la década de los 60, en un orfanato católico de Londres, por la princesa Orietta Doria Pamphilj y su marido, el oficial naval británico Frank Pogson
¿Qué papel desempeña su marido en su vida y en la gestión del patrimonio?
Para mí, es mi roca. Ambos nos sentimos muy afortunados de llevar tanto tiempo juntos y compartimos prácticamente todos los aspectos de nuestra vida, incluso el trabajo. Recuerdo que mis suegros estaban preocupados por el hecho de que trabajáramos juntos, pero fuimos descubriendo que nos complementamos muy bien: yo tengo un lado más práctico y él, más artístico.
"Llegué a proponerle a mi madre cerrar el museo y abrirlo únicamente bajo petición, así perderíamos menos dinero. Sin embargo, mi marido pidió que le diéramos la oportunidad de revertir la situación, y lo consiguió"
Un romance vertiginoso
¿Cómo se conocieron?
A través de unos amigos, después de un concierto en el Oratorio de Gonfalone, en Roma. Fue un romance vertiginoso y nos casamos en apenas un año.
Él es diácono en la Iglesia Católica.
Mi marido siempre ha tenido una fe muy fuerte, pero también sabía que quería formar una familia, por lo que no quiso elegir el sacerdocio. Cuando nos conocimos era voluntario de Cáritas Roma, distribuyendo comida por las noches entre las personas sin hogar y trabajando en un centro para menores drogodependientes. Tras la muerte de mis padres, decidimos irnos a vivir al campo y venir a Roma solo dos o tres veces por semana. Allí comenzó a ayudar en la parroquia y descubrió la orden del diaconado permanente, camino que decidió seguir.
Massimiliano es diácono permanente de la Iglesia Católica: "Siempre ha tenido una fe muy fuerte, pero también sabía que quería formar una familia, por lo que no quiso elegir el sacerdocio"
Usted no tuvo una formación académica especializada en arte, ¿cómo adquirió la experiencia necesaria para gestionar este legado histórico y artístico?
En realidad, mi única formación en historia del arte fue la que recibí en el colegio. Después estudié Administración y trabajé en la gestión de nuestro patrimonio familiar, ocupándome de los palacios y fincas que poseemos. En 1991, cuando mi padre enfermó repentinamente, me ocupé de coordinar los alquileres, así como de supervisar las restauraciones y las obras necesarias para garantizar el buen funcionamiento de todo el conjunto patrimonial. Cuando nos casamos, en 1992, Massimiliano asumió la organización del museo. En aquel momento, generaba importantes pérdidas económicas y yo misma llegué a proponerle a mi madre cerrar el museo y abrirlo únicamente bajo petición, ya que así perderíamos menos dinero. Sin embargo, Massimiliano pidió la oportunidad de introducir cambios para intentar revertir la situación y lo consiguió.
Cambiando de tema, ¿qué papel tuvo el Papa Inocencio X en su historia familiar?
El Papa Inocencio X consolidó una familia que ya había aportado varios cardenales a la Iglesia. Su célebre retrato, pintado por Diego Velázquez, forma parte de nuestra colección. El artista, como pintor oficial de la Corona española, no podía retratar a nadie ajeno a la Familia Real sin autorización expresa del monarca, que se la concedió durante su viaje a Roma con motivo del Jubileo de 1650. Se cuenta que el pontífice exclamó "troppo vero" ("demasiado real") al ver la obra. Personalmente, no sería mi elección para una estancia dedicada al descanso, porque esos ojos parecen seguirte allá donde vayas.
¿En la actualidad existen proyectos educativos, culturales o sociales vinculados al palacio?
Sí, organizamos exposiciones de artistas contemporáneos, así como presentaciones de libros relacionados con la familia y conciertos vinculados a obras producidas bajo nuestro mecenazgo a lo largo de los siglos. De hecho, acabamos de iniciar una nueva colaboración con el Teatro dell’Opera de Roma, que ha producido el oratorio de Händel, Il Trionfo del Tempo e Disinganno, cuyo texto fue escrito por mi antepasado el cardenal Benedetto Pamphilj.
La galería exhibe uno de los retratos más extraordinarios del siglo XVII, el del Papa Inocencio X, inmortalizado por Velázquez





























