Carlos Rubio, experto en interiorismo, sobre las casas creadas por IA: "No entiende la vida de un cliente ni las consecuencias de una decisión mal tomada"
Genera imágenes sorprendentes en segundos, propone ideas y parece tener respuesta para todo. Pero ¿puede realmente ocupar el lugar de un profesional? Hablamos con Carlos Rubio, director de la escuela de interiorismo Insenia, para descubrir por qué para diseñar espacios reales necesitamos mucho más un ChatGPT
Llevamos meses viendo lo mismo en redes y en cualquier sobremesa con amigos: alguien enseña una imagen generada por inteligencia artificial de un salón con luz de atardecer, techos de cuatro metros y una chimenea que parece sacada de un chalet en los Alpes, y suelta la frasecita: "esto lo ha hecho una máquina en diez segundos". Ante semejante despliegue, la pregunta resulta inevitable: ¿seguirá siendo necesario contratar a un interiorista? La respuesta corta es sí.
La IA hace cosas la mar de bien: lanza ideas, propone paletas de color, rastrea referencias de medio mundo y redacta memorias descriptivas sin pestañear. Todo eso, de perlas. Pero se topa con una pared (nunca mejor dicho) en cuanto el proyecto sale de la pantalla. No detecta cómo entra la luz a las cuatro de la tarde en una estancia, ni si un techo bajo te deja sin aire o si esa esquina torcida esconde el rincón con más carácter de la casa. La espacialidad se siente con el cuerpo, y la IA no tiene cuerpo que valga.
Gestionar una obra, con sus gremios, sus imprevistos de última hora, negociar con sus proveedores y ese sexto sentido para detectar cuándo un albañil se está saltando el plano, exige presencia física y trato humano. Firmar un proyecto y responder legalmente por él también es cosa de personas con nombre y apellidos.
Conclusión rápida antes de seguir: la IA es una herramienta estupenda al servicio del interiorista. El lío empieza cuando alguien se cree que puede sustituirlo. Para entender por qué no, hemos charlado con Carlos Rubio, director de Insenia, que lleva tiempo lidiando con esta pregunta tanto desde su estudio como desde las aulas, donde forma a la próxima generación de profesionales.
Por eso, las imágenes que acompañan este artículo muestran precisamente eso: proyectos reales, donde cada decisión ha tenido que negociarse con un cliente, sus rutinas y sus dudas, no con un chatbot.
Una imagen espectacular no siempre equivale a una vivienda real
"Cada vez llegan más clientes y también más alumnos con imágenes generadas por IA y una frase bastante repetida: quiero esto. Y normalmente esto es una imagen preciosa, con una luz perfecta, una casa enorme, techos altísimos, una cocina espectacular y unas ventanas que, casualmente, no existen en la vivienda real”, explica Carlos.
Lejos de desmontar la ilusión de entrada, el interiorista intenta averiguar qué es lo que realmente atrae al cliente. Porque muchas veces no busca copiar una imagen al milímetro, sino reproducir las sensaciones que le transmite. La diferencia es fundamental. Una referencia visual nos ayuda a expresar una intención, pero el proyecto empieza cuando aparecen factores mucho menos fotogénicos: medidas, estructura, normativa, presupuesto, instalaciones o necesidades cotidianas. Y ninguno de esos elementos suele aparecer en un prompt.
El dormitorio que ves sobre estas líneas pertenece a un proyecto residencial firmado por la interiorista Silvia Trigueros.
Si algo define el trabajo de un interiorista es la capacidad de elegir entre múltiples opciones y acertar. Según Rubio, ese es precisamente el territorio donde la automatización encuentra sus mayores límites. "La IA puede generar imágenes, organizar referencias, ayudar con textos o proponer alternativas visuales. Pero no entiende de verdad la vida de un cliente ni las consecuencias de una decisión mal tomada".
Un proyecto de interiorismo obliga a responder preguntas constantemente. ¿Compensa sacrificar almacenamiento para ganar amplitud visual? ¿Merece la pena invertir en un determinado material? ¿Qué distribución resolverá mejor las rutinas de una familia concreta? ¿Dónde conviene ahorrar y dónde no? Ese tipo de decisiones no dependen únicamente de datos. Exigen experiencia, contexto y juicio profesional. Un ejercicio de interpretación que forma parte del diseño de cualquier espacio y que también está detrás de este salón, diseñado por Pia Capdevila.
Como resume el director de Insenia: "Lo difícil es interpretar bien un problema y tomar una decisión adecuada. Saber cuándo una idea es buena, cuándo es solo vistosa y cuándo directamente es una barbaridad envuelta en luz cálida".
Durante años, una imagen hiperrealista tenía capacidad para dejar a cualquiera con la boca abierta. Ahora las reglas del juego están cambiando. Si cualquier persona puede generar una escena impactante en cuestión de segundos, el foco deja de estar en la representación visual y se desplaza hacia aquello que la sostiene. "Antes una buena imagen podía tapar muchas carencias. Ahora ya no basta, porque la puede conseguir cualquiera", señala Rubio.
Lejos de verlo como una amenaza, considera que esta nueva situación obliga a elevar el nivel de exigencia. El protagonismo vuelve a recaer sobre aspectos como la distribución, la iluminación, la funcionalidad, la coherencia de las decisiones o la viabilidad económica. Así, en este proyecto de Gio Studio, la idea de colocar un armario a modo de tabique para crear un dormitorio en suite, con vestidor y baño integrados, pesa más que la imagen.
Diseñar también consiste en entender a las personas
Desde fuera, el interiorismo suele asociarse a colores, tejidos, mobiliario y acabados. Sin embargo, una parte enorme del trabajo tiene mucho más que ver con la psicología. "Una reforma toca la vida íntima de las personas", explica Rubio. "Entras en sus rutinas, en sus recuerdos, en sus miedos al gasto, en su forma de cocinar, descansar, recibir o almacenar".
Un cliente puede afirmar que quiere una casa minimalista y, sin embargo, sentirse incómodo cuando desaparecen determinados objetos cargados de significado emocional. Otro puede obsesionarse con una imagen de Pinterest aunque resulte completamente incompatible con su forma de vivir. Detectar esas contradicciones forma parte del trabajo.
La IA interpreta palabras. El interiorista, personas. En este caso, la interiorista María Acha diseñó una casa muy versátil, que funciona igual de bien para dos personas que cuando recibe a seis o siete invitados. Cuenta con ambientes tranquilos, pero también con zonas más sociales como la barra de la ventana pasaplatos que comunica la cocina con el comedor.
"Otra de las grandes confusiones alrededor de la inteligencia artificial tiene que ver con el concepto de criterio estético. Porque una cosa es reconocer patrones visuales y otra muy distinta saber cuándo una decisión resulta adecuada", comenta Carlos. Un aprendizaje que se construye durante años. Visitando ferias, analizando proyectos, estudiando materiales, observando errores, recorriendo viviendas reales y comprobando qué soluciones envejecen bien y cuáles no.
Un interiorista no elige una pieza porque quede bien en una fotografía, sino porque encaja con un contexto concreto y responde a una necesidad específica. Lo vemos en este comedor, diseñado por Studio Vero para esta casa victoriana de Notting Hill.
"Cuando un profesional entra por primera vez en una vivienda, empieza a recopilar información de manera casi automática. Observa cómo entra la luz, identifica zonas incómodas, percibe proporciones, detecta recorridos poco prácticos, descubre posibilidades que no aparecen en un plano y también observa algo importante: el comportamiento de quienes viven allí. Nada de eso aparece en lo que genera una IA. Pero es justo ahí donde está la clave del proyecto", dice Carlos.
Esa manera de observar una casa se refleja en este proyecto de Coblonal, donde la distribución y la luz responden a lo que el espacio pedía desde el principio. "Cada estancia, cada circulación y cada apertura responde a una visión arquitectónica global que se traslada con precisión al diseño interior” explican desde el estudio.
Entre polvo, retrasos e imprevistos, alguien tiene que dar la cara
Las obras tienen una costumbre poco elegante: nunca salen exactamente como estaban previstas. Aparecen sorpresas detrás de los tabiques, plazos que se alargan, decisiones que deben tomarse sobre la marcha y momentos de tensión que ponen a prueba la paciencia de cualquiera. En ese escenario, la inteligencia artificial desaparece de la ecuación.
"No llama al cliente para explicarle un imprevisto, ni decide cómo comunicar una desviación de presupuesto, y tampoco tranquiliza a una persona que entra en pánico porque ve la casa demolida", dice Carlos. La gestión emocional es una parte mucho más importante de lo que parece. Escuchar, negociar, mediar, explicar y mantener la calma forman parte del día a día de cualquier profesional. Y son habilidades profundamente humanas.
La personalidad de una casa nace de historias reales
Uno de los conceptos más repetidos en decoración es el famoso "alma" de un espacio. Curiosamente, también es uno de los más difíciles de explicar. Para Rubio, aparece cuando una vivienda refleja una historia, cuando conserva ciertos elementos del pasado, incorpora objetos con significado o responde a una forma auténtica de vivir.
La IA es capaz de reproducir los códigos visuales asociados a esa sensación. Puede colocar una lámpara vintage, una alfombra desgastada y una pila de libros estratégicamente situada sobre una mesa. Pero eso no convierte una estancia en algo personal. "Puede parecer profunda sin tener ninguna historia detrás. Puede parecer personal sin pertenecer a nadie". La diferencia es sutil, pero enorme.
En este caso, una vivienda de obra nueva, el interiorista Alberto Torres logró convertir cada estancia en un lugar con carácter gracias, entre otras cosas, a los textiles, las obras de arte
¿Qué ocurrirá en los próximos años? Carlos Rubio no cree que la inteligencia artificial vaya a reemplazar al interiorista, pero sí que va a transformar su trabajo. Tareas como la búsqueda de referencias; la creación de moodboards como este, hecho con telas y papeles pintados de la colección Curius de Sanderson; la gestión de presupuestos o la planificación de obra llevarán menos tiempo, lo que permitirá a los profesionales centrarse en lo que de verdad aporta valor.
"Quien sepa usarla bien tendrá una ventaja enorme", asegura Rubio. El reto no es competir contra la tecnología. Es aprender a dirigirla.
Si hubiera que resumir todo este debate en una sola frase, probablemente sería la que utiliza Rubio cuando alguien le pregunta si sigue mereciendo la pena contratar a un interiorista. "La IA puede ayudarte a imaginar una casa, pero un interiorista ayuda a hacerla realidad". Y ahí está la clave.
La IA puede inspirar, acelerar procesos y abrir nuevas posibilidades creativas. "De hecho, probablemente se convertirá en una de las mejores herramientas que ha tenido nunca el sector, pero una herramienta, por brillante que sea, sigue siendo una herramienta. El interiorista es quien escucha, interpreta, decide, corrige, negocia, acompaña y convierte una idea en un lugar donde vivir", afirma Carlos.
Este proyecto de Laura Martínez es un buen ejemplo de cómo ese trabajo invisible (escuchar, ajustar, decidir…) es lo que acaba convirtiendo una idea en una casa que funciona de verdad. "Los dueños de este piso de obra nueva, una familia con una hija pequeña, querían un espacio que realmente reflejara su estilo de vida y que, sobre todo, fuera cómodo y acogedor” explica la interiorista. El proyecto de reforma consistió en aportar personalidad y funcionalidad a partes iguales.