Las plantas son clave en la decoración de la casa. Aportan vida, color, textura y un toque de frescura que siempre se agradece. Además, nos conectan con el exterior y hacen que nos sintamos mejor. Pero hay una diferencia enorme entre elegir una planta porque es preciosa y queda bien en la foto y hacerlo porque encaja con tu casa, con tu ritmo de vida y, sobre todo, con la luz que tienes.
No se trata de saber mucho de botánica. Se trata de fijarse en las cosas correctas antes de llevártela a casa. Porque hay señales muy claras que te dicen si una planta está sana, si es demasiado grande para el espacio que tienes o si ya lleva bichos incluidos. Solo hay que saber dónde mirar. Y recuerda que una sola planta bien elegida y bien cuidada hace más por un espacio que cinco ejemplares medio marchitos. Las de este ambiente, con alfombra de GAN, están perfectas.
© Dekoria GmbHRecuerda que son seres vivos
Parece obvio, pero nos olvidamos de ello en cuanto vemos algo que nos deslumbra por su aspecto y tamaño. Una planta no es un objeto decorativo que puedes colocar donde quieras y olvidarte de ella, aunque en esta propuesta de Dekoria GmbH decoran y mucho.
Tiene necesidades de luz, agua, temperatura y humedad que hay que respetar. Antes de llevarte cualquier planta a casa, hazte esta pregunta: ¿estoy dispuesta a ocuparme de ella? Después, compra o déjalo para otro momento de tu vida.
© Alternative FlooringTen en cuenta dónde la vas a poner
Nosotras también creemos en los flechazos, pero a veces es mejor conocerse mejor. Por eso, antes de que te enamores de ninguna planta, decide dónde va a vivir. No es lo mismo un rincón con luz directa sur que un pasillo con poca claridad o un baño, como el de esta propuesta de Alternative Flooring. Cada planta tiene sus preferencias de luz, y eso no es negociable. Una monstera necesita luz indirecta abundante; un cactus, sol directo. Una pothos sobrevive casi en la penumbra; una orquídea, no. Elige primero el lugar, luego la planta. En ese orden.
© IvylineElige una planta sana
Parece fácil, ¿verdad? Pues no tanto. Nunca te lleves la primera planta de interior que veas, aunque te parezca perfecta. Mira varios ejemplares, compara, observa, piensa dónde la ves en tu casa...
Una planta sana tiene hojas firmes, color uniforme y un porte equilibrado, como las de esta propuesta de Ivyline. No debe tener manchas oscuras, zonas amarillas o tallos blandos. La salud de la planta cuando la llevas a casa determina en gran medida lo que va a pasar después. Así que sé precavida y elige en consecuencia.
© Wilfried OverwaterPresta atención a las señales
Más allá del aspecto general, hay señales concretas que confirman que una planta está en buen estado. Las hojas no deben caer lánguidas, la tierra no debe estar completamente reseca ni encharcada y el tallo principal tiene que ser firme al tacto.
Si es una planta con flor, tiene que haber más capullos que flores abiertas: es señal de que le queda vida por delante. Y si hay nuevas hojitas en desarrollo, mejor que mejor. Es la señal más clara de que la planta está activa y bien alimentada. La hortensia de la imagen, Magical Hydrangea, te conquistará al instante. Apta para dentro y fuera de casa, sus flores duran más de 150 días.
© Dobbies Garden CentresNo te dejes llevar por las apariencias
No lo puedes evitar: cuando vas a comprar plantas se te van los ojos hacia los ejemplares más altos y frondosos. Pero, a veces, las apariencias engañan o sencillamente no es la especie que necesitas. Las plantas más vistosas no siempre son las más adecuadas para ti. A veces están así de bonitas porque les han dado unas condiciones de invernadero que tu casa no va a poder replicar. Y al revés: una planta más discreta puede ser exactamente lo que necesitas si tienes poca luz o poco tiempo para regarla.
El Ficus lyrata es precioso pero tiene fama de complicado; la zamioculca es mucho más anónima, pero es casi indestructible. La clave está en elegir en sintonía con tu casa y tu ritmo de vida. En esta propuesta de Dobbies Garden Centres hay una gran variedad para elegir.
© IvylineEvita las plantas muy grandes en macetas pequeñas
Una planta en una maceta demasiado pequeña es una planta estresada. Si ves que las raíces asoman por el agujero de drenaje o que la tierra se seca en cuestión de horas, es señal de que está apretada y necesita espacio.
En sentido contrario, una maceta muy grande puede provocar que la tierra retenga demasiada humedad y pudra las raíces. El tamaño importa, y mucho. Lo ideal es que haya unos 3-5 cm de margen entre el cepellón y el borde del recipiente. Sabemos que no es cosa de sacar el metro, pero sí de calcular a ojo. Elige la maceta adecuada según la especie, como estas de Ivyline.
© Dobbies Garden CentresFíjate en pequeños detalles: las raíces y el sustrato
El aspecto no lo es todo. Aplica el mismo criterio cuando elijas una planta. Antes de llevarte una, mira la parte de abajo de la maceta. Si las raíces salen por el agujero de drenaje, la planta lleva demasiado tiempo en ese tiesto y probablemente necesita trasplante urgente.
Observa también el sustrato: debe tener un color y una textura uniformes, sin zonas blancas —posible señal de hongos—, sin olor extraño y sin costra dura en la superficie que impida el paso del agua. Un sustrato en buen estado indica que la planta ha sido bien cuidada desde el principio. Las de esta propuesta de Dobbies Garden Centres están tan sanas como parecen.
© IvylineRevisa las hojas
Incluso si eres principiante en el cuidado de plantas, este truco puede marcar la diferencia entre llevarte un ejemplar sano, como los de esta propuesta de Ivyline, y llevarte un problema a casa. Dale la vuelta a varias hojas y mira el reverso: es donde se esconden los bichos. Los más habituales son la araña roja (puntos muy pequeños con una tela fina), la cochinilla (bultos blancos algodonosos) y la mosca blanca.
Si ves cualquiera de estas señales, déjala donde está. Una infestación puede extenderse rápidamente a todas las plantas que ya tienes en tu piso. Si tienes dudas sobre lo que ves, pregunta en la propia tienda o a un experto.
© Garde HvalsöeLa maceta también importa
Si la planta viene en un tiesto de plástico que choca con el resto de la decoración, no te precipites a trasplantarla nada más llegar. Las plantas necesitan un período de adaptación al nuevo entorno antes de someterse al estrés de un trasplante.
Dale unas semanas, déjala que se acostumbre a la luz y la temperatura de tu casa, y después piensa en la maceta definitiva. Debe encajar con los colores y el estilo del rincón donde la vas a poner, pero también contar con agujero de drenaje. Sin él, la raíz se pudre. Sin excepción. Las de este baño de Garde Hvalsöe cumplen ambos requisitos.
© PixabayEmpieza por las más fáciles
Se trata de elegir bien, pero también con cabeza. Por eso, si estás empezando con esto de las plantas de interior, procura seleccionar especies que no necesiten muchos cuidados y se adapten a las condiciones de tu casa y a tu estilo de vida. El poto, la cinta, la sansevieria y la zamioculca (en la imagen), una de las plantas más difíciles de matar, son perfectas: perdonan los olvidos, no exigen demasiada luz y se adaptan bien a los interiores.
A medida que vayas entendiéndolas, que notes cuándo necesitan agua sin mirar la etiqueta identificativa que le ponen en las tiendas, puedes dar el salto a especies más complicadas. Ten en cuenta también la época del año: en verano, con las vacaciones y el calor, las plantas necesitan más atención.




