En una sociedad atravesada por las prisas, el rendimiento y la sobreestimulación, nuestra casa se convierte en el mejor refugio para apaciguar un sistema nervioso en estado de alerta casi permanente. Un sitio donde encontrar la calma y el equilibrio. Razón por la que cada vez son más los y las interioristas que colocan el bienestar en el centro de su discurso. “Se trata de devolver a las personas el protagonismo que el ritmo de vida acelerado les ha ido quitando. No se buscan espacios espectaculares, sino que sostengan. Que cuando llegues exhausto, te recojan; que el aire sea más amable, la luz más suave y el silencio más habitable”, introduce Carlos Poveda (@poveda.studio), quien decidió especializarse en biointeriorismo por su capacidad para construir espacios saludables, sostenibles y eficientes que cuiden de la gente y del medioambiente.
“Un hogar que dé cobijo tiene que reducir la carga cognitiva desde el momento en que cruzas el umbral de la puerta. Eso implica menos estímulos visuales, materiales amables, una paleta de color tranquilizadora y una iluminación que acompañe, no que active. Pero también hay algo más sutil: la coherencia. Una vivienda que no te exija esfuerzo para habitarla, donde cada cosa tenga una razón de ser y un sitio, y que respire. Cuando hay coherencia, el cuerpo lo nota antes que la mente”, apunta Poveda. Para este profesional, llevamos años tomando decisiones arbitrarias, hasta que el confinamiento nos confrontó con las carencias y excesos de nuestras residencias, atestadas de cachivaches, poco respetuosas y con necesidades resueltas sobre la marcha y sin criterio. “Acumular decisiones impulsivas acaba por traducirse en un lugar que ni te funciona ni te representa y que, en algún momento, pasa factura".
Son varios los estudios, incluyendo informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ponen de manifiesto la relación entre ciertas patologías y la concepción de los espacios que ocupamos: insomnio, alergias, depresión, problemas de concentración… “El diseño puede contribuir a tener rutinas más saludables. Por poner un ejemplo sencillo: si tu rincón de lectura dispone de una buena luz natural, un sillón cómodo y está libre de pantallas es más probable que te sientes a leer. Condiciona nuestro comportamiento sin que nos demos cuenta: un buen diseño no te obliga a nada, pero lo pone a tu favor”, explica Poveda (https://poveda.studio/), para quien el primer paso es tomar conciencia. “La ciudad no va a bajar el ritmo por nosotros, por lo que tenemos que idear nuestro propio santuario de reconexión. No es cuestión de metros cuadrados ni de presupuesto, sino de intención”.
1. Dota a todo de un porqué
“La simplicidad bien entendida no es vacío, es claridad; no empobrece, libera. En biointeriorismo simplificar significa quedarse con lo que tiene un valor real y prescindir de lo que está por inercia. Cada elemento ha de ganarse su lugar. Si un objeto no te aporta belleza, funcionalidad o un recuerdo que te nutra, probablemente reste energía a la estancia. La respuesta no es el minimalismo por dogma, sino saber elegir. Lo que genera bienestar no es la mayor o menor cantidad de cosas, sino la intención por la que están ahí”.
2. Prioriza tres rincones esenciales
“El primero es el de transición: ese entre la puerta principal y el resto de la casa, que te permite hacer el cambio de chip cuando llegas a ella. El segundo es el de seguridad, es decir, uno que invite a la quietud real; y no me refiero al sofá frente a la televisión, sino uno donde puedas sentarte sin hacer nada y esté bien. Y el tercero es el dormitorio, que tendría que ser el más sagrado y es con frecuencia el más descuidado”.
3. Apuesta por materiales naturales
“La madera, la piedra, la arcilla… tienen una resonancia física en nuestro organismo que los sintéticos no pueden imitar. Llevamos miles de años en contacto con estos recursos procedentes de la naturaleza y nuestro sistema nervioso los reconoce. El lino emite alrededor de 8.000 ángstroms y la lana en torno a 10.000, mientras que el poliéster ronda solo los 1.000. Cuando un componente se aleja tanto de las frecuencias que el cuerpo humano emite, este tiende a compensar esa diferencia energética. Es algo que nota el cuerpo, aunque la mente no lo sepa explicar. Así que los materiales naturales no solo se ven estéticamente más serenos, sino que también se sienten así”.
4. Selecciona las luces, colores y texturas ideales
“Hay que potenciar al máximo la luz natural durante el día y combinarla con luces cálidas -alrededor de 2.700 K- para las horas de tarde y noche, evitando siempre los focos directos y fríos en las zonas de descanso. A su vez, los tonos tierra, los verdes apagados, los blancos rotos y los beiges son grandes aliados y las texturas rugosas e irregulares -la madera con vetas visibles o las artesanías- activan una respuesta sensorial que estimula nuestro sistema cognitivo y nos ancla al presente. Son pequeños mensajes que le dicen a nuestro cuerpo: aquí estás a salvo”.
5. Invierte en muebles acogedores y útiles
“Eso implica que sean de líneas orgánicas, altura baja y una ergonomía que invite a quedarse. Distribúyelos de tal forma que creen zonas con un propósito específico: que la mesa de comedor sea para comer, no para trabajar con el portátil. La fragmentación de usos es una de las grandes amenazas de los hogares contemporáneos. Cuando todos los espacios sirven para todo, en realidad no sirven bien para nada. Y si fuera necesario una utilización combinada, implementa trucos que permitan hacer ese cambio e identificar en cada momento cuál es la función”.
6. Reduce el ruido que te rodea
“El desorden es una demanda constante de atención. El cerebro procesa cada elemento que ve, aunque no seamos conscientes, y eso consume energía. Una casa organizada -no necesariamente estéril, pero sí congruente- reduce esa carga y permite que la mente descanse. El neurointeriorismo lo demuestra: el ruido visual eleva los niveles de cortisol. Es fisiológico”.
7. Usa la tecnología a tu favor
“El problema no es la tecnología, sino si está justificada. Un sistema de calefacción por infrarrojos, por ejemplo, mejora el confort y la salud del aire interior, pero una pantalla encendida en nuestra habitación destruye la calidad del sueño. Mi consejo es darle un propósito y una ubicación adecuadas para que estén al servicio de nuestro bienestar y no al revés. Conviene crear espacios libres de pantallas, empezando por el dormitorio: sin televisión, sin móviles, sin otros dispositivos. La estrategia más efectiva es que la alternativa a la pantalla sea incluso más atractiva. Cuando el espacio propicia la desconexión, ocurre sin pretenderlo. No hace falta fuerza de voluntad”.
8. Comprométete con la sostenibilidad
“Vivir de forma más consciente implica escoger materiales duraderos, menos tóxicos y con menor impacto ambiental, elegir con cuidado y comprar con menos urgencia. La sostenibilidad no es un valor añadido del biointeriorismo, es parte de su esencia”.
9. Jerarquiza si no dispones de metros cuadrados
“O lo que es lo mismo: establece con precisión qué necesita ese espacio para funcionar y renuncia con elegancia al resto. La multifuncionalidad bien enfocada puede ser sofisticada, lo que no resulta factible es meter todo lo de una casa grande en un piso pequeño. Hay que pensar en la escala, los flujos, la luz… y, sobre todo, en nuestros hábitos”.
10. Practica gestos cotidianos y sencillos
“Saca el móvil del dormitorio y, si lo usas como despertador, cómprate uno a pilas o de batería; despeja las superficies horizontales, dejando únicamente lo que usas o te encanta y metiendo el resto de objetos en cajones o soluciones de almacenamiento; abre las ventanas diez minutos cada mañana para ventilar; introduce plantas de interior, no solo por decoración, sino para filtrar el aire y mantenerte conectado con lo vivo; elige un aroma para tu casa -cedro, lavanda o incienso- y úsalo con sentido; la próxima vez que necesites comprar algo, espera 48h y date el tiempo para sopesar si lo quieres de verdad; no copies una estética -wabi-sabi, japandi, yugen- sin entender la filosofía que hay detrás y no te olvides nunca del resto de sentidos no visuales (la acústica, el tacto, el olfato), dado que son igual de importantes".









