Durante décadas, diseñar una piscina fue casi un trámite: un rectángulo azul en la esquina del jardín, prácticamente el mismo en todas las casas. Pero esa homogeneidad empieza a resquebrajarse. En la actualidad, cada vez más familias buscan que su piscina responda a cómo viven realmente el jardín o la terraza, y no que ellos deban adaptarse a ella.
Hoy las opciones para diseñar el agua se han multiplicado. Para descubrir por dónde van estas nuevas tendencias, hemos hablado con Manuel Maíllo, responsable de paisajismo del estudio de interiorismo y decoración Tinda's Project (tindas.es).
© Jesús López Photography para Eire InteriorsEl agua ya no se pinta de azul por costumbre
El azul cielo, indiscutible durante décadas, empieza a perder terreno frente a tonos que buscan otra cosa: que el agua parezca parte del entorno y no un añadido artificial. Arena, gris claro y verde ganan protagonismo, cada uno con una lectura distinta (luminosidad, sobriedad o integración con la vegetación) pero todos compartiendo la misma idea de fondo: que la piscina no destaque, sino que pertenezca al lugar.
Manuel lo resume así: “Ya no queremos un agua azul, queremos un agua que pertenezca a ese sitio, como si siempre hubiera estado ahí”. Y añade un matiz interesante sobre el verde: es su tono favorito cuando hay plantas alrededor, porque logra que el agua y el jardín parezcan llevar ahí toda la vida.
En esta vivienda costera con vistas al mar, un proyecto de Eire Interiors, la piscina tiene un color arena que recuerda a la playa cercana.
© Tinda’s ProjectEl porcelánico de gran formato conquista las piscinas
En cuanto al revestimiento, el paisajista señala una clara tendencia hacia los materiales que imitan la naturaleza sin renunciar a la practicidad. El porcelánico de gran formato es hoy la opción más solicitada, ya que reproduce el aspecto de la piedra con un mantenimiento mínimo. Le sigue la piedra natural, elegida por quienes buscan un resultado con más carácter y personalidad.
Según explica Manuel, lo que nadie quiere ya es que el material se note artificial: se buscan superficies nobles, agradables al pisar descalzo y que resistan bien el paso del tiempo. Este último punto tiene también su propósito sostenible, ya que un material que envejece con dignidad no necesita sustituirse cada pocos años, lo que reduce el impacto de la reforma a largo plazo.
El proyecto de la imagen lo firma Tinda's Project.
© Jacob Asker para Omeo DesignLas piscinas rectangulares resisten, pero ya no son las únicas
Pese al auge de las formas curvas, hoy por hoy, lo rectangular sigue siendo la opción mayoritaria. Las líneas redondeadas funcionan especialmente bien en jardines frondosos, donde ayudan a que todo el conjunto fluya con naturalidad, como en esta villa, proyecto de Omeo Design bautizado como 'Cenote' precisamente por su piscina, que parece abierta en la propia tierra, con bordes sinuosos que permiten imaginar que el agua hubiera brotado ahí de forma natural. No obstante, en viviendas de líneas limpias una geometría sencilla sigue resultando la opción más escogida.
Para Manuel, el verdadero error no está en elegir una forma u otra, sino en el orden en que se toma la decisión: “Yo siempre digo lo mismo: la forma tiene que nacer del lugar, nunca de una moda. En cuanto la eliges antes de mirar el jardín, ya te has equivocado”. Así, la geometría de la piscina no se impone de antemano, se descubre paseando antes por el terreno.
© Pedro Jaén para GC StudioEl paisajismo, la clave para que la piscina no parezca añadida
El paisajista destaca que la integración de una piscina en su entorno depende de todo lo que la rodea, no exclusivamente del vaso en sí. Por muy bien resuelta que esté, si queda aislada en mitad de la parcela transmitirá la sensación de ser un añadido.
Es el camino de acceso, la sombra, la vegetación y los pequeños desniveles lo que realmente la ancla al lugar. Cuando ese trabajo está bien hecho, señala Manuel, la piscina deja de ser el elemento central y pasa a integrarse como una pieza más dentro de un jardín que respira, como vemos en esta vivienda proyecto de GC Studio.
© ARAGrup sistema TeicMeisterAdiós a los químicos: el auge lento de las biopiscinas
Las biopiscinas o piscinas naturalizadas se depuran sin cloro ni productos químicos: son las propias plantas acuáticas y los microorganismos los que se encargan de mantener el agua limpia, formando un pequeño ecosistema dentro del jardín.
Suelen dividirse en dos zonas, una destinada al baño y otra, de menor tamaño, donde se concentra el proceso de purificación mediante vegetación específica (como vemos en esta piscina de ARAGrup). Es un modelo ya asentado en el centro de Europa y que, poco a poco, gana terreno también en España. Sobre su recorrido en nuestro país opina el paisajista de Tinda's Project: “Van a ir a más, pero el proceso de implantación es lento. Son piscinas vivas, que se depuran con plantas en lugar de químicos, y a mí me encantan”.
© Grupo PorcelanosaPiscinas infinitas: cuándo tienen sentido y cuándo no
Las piscinas infinitas o desbordantes eliminan el borde visible en uno o varios de sus lados, de forma que el agua se recoge en un canal oculto y se recircula, generando la ilusión de que la lámina de agua se prolonga sin límite hacia el paisaje. Desde el punto de vista del paisajismo, sin embargo, no siempre son la mejor opción. Manuel lo tiene claro: “Bien diseñadas, borran el borde y hacen que la lámina de agua se funda con el paisaje que tengas delante. En una casa con buenas vistas es perfecta, pero ojo con hacer algo forzado y sin sentido únicamente porque sea infinita”.
En la propuesta, una piscina con revestimientos de Grupo Porcelanosa, el suelo es de Par-ker, un porcelánico que imita la madera natural pero con la resistencia y el nulo mantenimiento propios de la cerámica, ideal para zonas de piscina por su acabado antideslizante.
© Fragments para Estudi Maite PratsIluminar bien no es sinónimo de iluminar mucho: la clave de las piscinas nocturnas
Al caer la noche, la iluminación exterior se convierte en la gran responsable de transformar el ambiente. Según el paisajista, el secreto no está en la cantidad de luz, sino en su calidad y su colocación. Una luz cálida e indirecta, bien dosificada, hace que el agua brille y que las plantas proyecten sombras, convirtiendo la piscina en el punto focal del jardín en cuanto oscurece.
Ahora bien, ese resultado depende también de una planificación técnica que no siempre se tiene en cuenta a tiempo. La instalación eléctrica de estas zonas debe concebirse desde el origen para un entorno húmedo, con materiales resistentes a la corrosión y conexiones específicas para exteriores mojados. Y si se opta por luz subacuática, una opción especialmente efectiva para resaltar el agua, conviene decidirlo desde el primer momento: integrarla en la fase de proyecto es sencillo, pero añadirla después complica mucho la obra.
Vemos una escena nocturna en un jardín en Banyoles (Girona) en la que la iluminación crea un escenario mágico. El proyecto de Estudi Maite Prats magnifica la zona de baño y, en especial, la gran magnolia.
© Max Rommel para Once Milano for GervasioniSombra, solárium y plantas: la fórmula del entorno perfecto
Más allá del vaso, el verdadero uso de la piscina se juega en todo lo que la rodea. Para Manuel, la sombra es la prioridad número uno, y a partir de ahí entran en juego una pérgola coherente con la estética de la casa, un solárium que invite a quedarse, una ducha exterior tan cuidada como el resto del conjunto y plantas que aporten intimidad y frescor. El paisajista lo resume con una idea clave: “Dentro del agua estamos un rato, en cambio alrededor de ella pasamos la tarde entera, la sobremesa, y otros momentos agradables. Si esa parte no funciona, la piscina se disfruta cuatro días y luego se mira desde el salón”.
En este sentido, los pabellones y las pérgolas bioclimáticas se han consolidado como una de las soluciones de sombra más demandadas del momento, gracias a sus lamas orientables que regulan luz, calor y ventilación y permiten disfrutar del exterior durante todo el año.
En este jardín de estilo new perennial, las tumbonas son de Once Milano for Gervasioni.
© María Pujol para Tinda’s ProjectLa piscina de ático que triunfa: pequeña, integrada y con alma
En un ático, el punto de partida cambia: hay menos metros disponibles que en un jardín, así que la piscina tiene unas dimensiones más contenidas, lo justo para darse un refrescante chapuzón.
Manuel lo relata así: “Muchas veces una lámina de agua pequeña, casi un espejo entre las plantas, aporta muchísimo más encanto que empeñarse en una piscina grande a cualquier precio”. Y añade un matiz técnico de enorme importancia: “En los pisos en altura siempre es imprescindible tener en cuenta la estructura del edificio y considerar el peso con agua que tendrá finalmente, la mayoría de terrazas no están preparadas para soportar ese peso sin refuerzos estructurales”. Es precisamente ese criterio el que marca el proyecto firmado por su estudio, Tinda's Project: una piscina de poca profundidad, diseñada deliberadamente así para no sobrecargar la estructura del edificio ni comprometer la estabilidad del bloque de pisos.
© PoolinsLa naturalidad, la tendencia que llegó para quedarse
Después de recorrer color, materiales, formas, paisajismo, biopiscinas, iluminación y áticos, queda claro que hoy hay mucho donde elegir y que el azul cielo ya no manda por sistema en el diseño de piscinas. ‘El sota, caballo y rey’ de esta nueva baraja son otros: naturalidad, integración y espacios pensados para vivirse, no solo para fotografiarse.
Bien integrada está esta piscina en color beige de Poolins, rodeada de ambientes para vivir y disfrutar intensamente de los exteriores y con un olivo como punto focal. Se trata de 'Poolins Ground' con escalera lateral y playa, cuyo sistema constructivo industrializado permite una colocación in situ rápida, eficiente y sencilla, en este caso con un atractivo diseño desbordante.
Preguntado por la tendencia que ha llegado para quedarse, Manuel es rotundo: “La que se queda es la naturalidad: piscinas integradas en el paisaje, materiales naturales o que los imiten y espacios pensados para disfrutar”. Y el paisajista de Tinda’s Project también tiene identificada la moda de la que prefiere mantenerse al margen: “De lo que huyo es de la piscina espectáculo, esa que busca el efecto sorpresa para la foto y a los dos veranos ya cansa. Prefiero mil veces un proyecto que envejezca bien a uno que solo brille el día de la inauguración”.




