En el corazón de la conocida región vitivinícola del Médoc, a los pies del estuario de la Gironda y rodeado por 95 hectáreas de viñedo, se alza el Château Montrose. Para la familia Bouygues no es solo un referente del vino francés, sino también un hogar en el que reunirse, un refugio al que regresar desde París para descansar, pasear entre las viñas y disfrutar de la tranquilidad del campo. La historia de la finca comenzó mucho antes de que Charlotte asumiera responsabilidades en su gestión. Su padre, Martin Bouygues, descubrió el Château Montrose 1989 en 1991, en Santa Bárbara, y fue un auténtico flechazo. Se prometió que, si algún día la propiedad cambiaba de manos, él estaría preparado. Quince años después, en 2006, aquella promesa se hizo realidad y Montrose pasó a formar parte de la vida de la familia.
Al llegar al lugar, Charlotte nos recibe con naturalidad y entusiasmo. Como presidenta de Eutopia Estates —la sociedad agrícola familiar dedicada a la gestión de dominios vitícolas excepcionales— y fundadora de su propia marca de cosméticos de alta gama, Dix Hectares, encarna a la nueva generación que combina tradición vitivinícola y proyectos innovadores.
Su conocimiento del viñedo y de la "catedral de barricas" —una impresionante bodega de 1.000 metros cuadrados, con techos de once metros de altura— la convierten en la guía perfecta para mostrar el corazón del lugar.
Junto a ella, su madre, Melissa, aporta la sensibilidad que hace de Montrose un hogar único. Originaria de Nueva Orleans, fue quien renovó la residencia respetando su espíritu del siglo XVIII. Juntas, madre e hija reflejan que este castillo es mucho más que una propiedad histórica: es un hogar vivo, donde la historia, la viticultura y la vida familiar se entrelazan.
La madre de Charlotte, originaria de Nueva Orleans, fue quien renovó la residencia respetando su espíritu: "Es una embajadora excepcional de Montrose y encarna el verdadero arte de vivir"
Habla Charlotte
Charlotte, tu madre ha sido quien ha llevado a cabo la renovación completa de la propiedad. ¿Cómo afrontó este proceso?
Mi madre, que siente una profunda pasión por las antigüedades, quiso rodearse de los mejores profesionales. Contó con un arquitecto de monumentos históricos, Yves Grémon, con el objetivo de respetar al máximo el patrimonio del Médoc, y con el decorador de interiores Jacques Garcia, cuyo estilo se distingue por ese delicado equilibrio entre opulencia clásica y calidez contemporánea. Además, se aseguró de trabajar con artesanos locales y materiales de la región para mantenerse fiel a la historia y a la identidad de Montrose.
¿Cómo definirías el estilo decorativo?
Por ahora, hemos optado por mantener el estilo original del castillo, que tiene tanta historia como carácter. Pero, con motivo de la boda de mi hermano Edward con María de la Orden, tuvimos la oportunidad de realzarlo y actualizarlo. Yo lo describiría como un hogar familiar pleno de calidez, acogedor y elegante.
¿Hay algún objeto que tenga para ti un valor sentimental especial?
Mi madre colaboró con una artista que creaba cuadros con conchas, evocando divinidades. Me fascina su delicadeza y su aire poético.
¿Y qué recuerdos personales te unen a este lugar?
La finca ha sido siempre un espacio donde el trabajo y el placer se entrelazan de manera muy cercana. Para mí, este lugar tiene un significado especial, porque fue mi puerta de entrada al maravilloso mundo del emprendimiento. Montrose me impulsó a embarcarme en la aventura de Dix Hectares y me permitió aprender en profundidad sobre enología y viticultura, acercándome mucho a mi padre. Hoy compartimos esta pasión de manera muy intensa.
"Este lugar tiene un significado especial para mí porque fue mi puerta de entrada al maravilloso mundo del emprendimiento"
¿Hay alguna anécdota familiar que recuerdes con especial cariño?
Pienso, sobre todo, en la boda de mi hermano, en mayo de 2022. Fue un momento lleno de emoción para toda la familia y nos hizo muy felices poder combinar las tradiciones españolas y francesas en un ambiente festivo, elegante y cálido. También recuerdo con especial afecto mi primer discurso como presidenta de Eutopia Estates, pronunciado en el “Gran Chai” (la bodega), ante numerosos invitados, pero, sobre todo, frente a mi familia. Fue un instante muy significativo en mi trayectoria profesional.
¿Qué significa para ti compartir este lugar con tu familia?
Siento una gran responsabilidad hacia estas tierras y deseo que mis hermanos y mis primos, que las conocen menos, puedan descubrirlas. Es también un privilegio poder adentrarnos en nuestra bodega, el corazón de la finca, y degustar vinos que se remontan a finales del siglo XIX. Mi mayor sueño, sin embargo, es que algún día mis hijos puedan traer a los suyos para que corran entre las viñas y se enamoren del terruño tal como yo he tenido la fortuna de hacerlo.
¿Cómo sería un día perfecto aquí?
Un día perfecto aquí es levantarse al alba, abrir las ventanas y contemplar los suaves tonos rosados de la mañana. Después, disfrutar tranquilamente de un desayuno, preparado como solo sabe hacerlo Véronique, nuestra ama de llaves. Luego, calzarse las botas y recorrer las viñas en un paseo relajado. Para cerrar el día, me encanta llevar una cesta con aperitivos hasta nuestro carrelet —la cabaña de pesca sobre la Gironda— y saborear una copa de Montrose mientras el sol se despide en el horizonte.
Una sonrisa en los labios
Cuando alguien viene aquí por primera vez, ¿cómo os gusta recibirle?
Lo primero es transmitir la energía tan singular del lugar: la luz del estuario, el silencio y la presencia del bosque cercano. Estos instantes se prolongan de manera natural en catas de nuestros vinos y almuerzos inspirados en las viñas del Médoc, concebidos como momentos para compartir. Por supuesto, la generosidad y la calidez son esenciales para nosotros: nuestros invitados deben marcharse satisfechos, con una sonrisa en los labios.
Producís uno de los grandes vinos de Francia y también dirigís otras propiedades vitivinícolas. ¿Cuáles?
Château Tronquoy, en Saint-Estèphe; Clos Rougeard y la Truffière de Cément, en el Loira; la Distillerie de La Métairie, en Cognac; el Domaine Rebourseau, en Borgoña, y Lost Mountain Vineyards, en Virginia, Estados Unidos. En todos estos lugares se percibe una misma sensibilidad familiar: el apego a la tierra, el gusto por el epicureísmo y la fidelidad a las historias y valores singulares de cada finca.
"Geraldine, la hermana de mi marido, y María son mis cuñadas, pero también mis mejores amigas. Siempre me han inspirado por su elegancia y creatividad; tenerlas cerca es una enorme fortuna"
Pertenecer a una de las grandes dinastías empresariales francesas implica una enorme responsabilidad.
Es cierto que uno puede debatirse entre la presión que eso conlleva y la inmensa inspiración que ofrece. Yo he elegido seguir esta segunda vía. Tengo la fortuna de contar con un padre que nunca nos obligó a tomar un camino profesional concreto; lo único que nos pedía era respetarnos a nosotros mismos, respetar a los demás y entregarnos al 200 por ciento en todo lo que emprendiéramos. Su éxito y el de mi abuelo se han convertido en mi motor diario.
Lanzar tu propia marca implica asumir riesgos. ¿Cuál fue el mayor desafío del proceso?
Crear Dix Hectares fue una aventura profundamente humana antes que empresarial. La finca me enseñó la paciencia, el respeto por lo vivo y que ninguna gran obra se construye con precipitación. El mayor desafío consistió en atreverme a crear una cosmética vinculada a una viña excepcional, concebida según las estaciones y respaldada por un rigor científico comparable al de un gran vino.
"Mi mayor sueño es que algún día mis hijos puedan traer a los suyos para que corran entre las viñas y se enamoren del terruño como yo he tenido la fortuna de hacerlo"
La firma está profundamente vinculada a los ciclos de la naturaleza. ¿Cómo se refleja esta filosofía en sus productos?
Todo comienza con la tierra: un suelo vivo responde de manera diferente según la estación. La piel, de igual modo, es un ecosistema vivo; cambia con las estaciones, se adapta, a veces se fragiliza y otras se fortalece. Sin embargo, con frecuencia se le proponen cuidados uniformes, concebidos como inmutables. Nosotros hemos elegido respetar esa inteligencia natural. Nuestras fórmulas están pensadas para acompañar a la piel en sus transiciones y en su respuesta a su entorno.
"Un día perfecto aquí es levantarse al alba, abrir las ventanas y contemplar los suaves tonos rosados de la mañana. Después, disfrutar tranquilamente de un desayuno, preparado como solo sabe hacerlo Véronique, nuestra ama de llaves"
También estás al frente de una empresa dedicada a la trufa.
Se trata de la Truffiére de Cément, en el valle del Loira, más concretamente en Chinon, impulsada por mi tío Olivier. Apasionado por el universo de la trufa, deseaba desde hace tiempo explorar su cultivo. Su encuentro con los Houette, familia de truficultores con la que comparte valores profundos, le mostró que la aventura podía comenzar. Cuando nos presentó la iniciativa, la adhesión fue inmediata, puesto que encontramos en ella lo que nos anima profundamente: el gusto por lo bello y lo bueno.
¿Qué te recomendó tu padre cuando te incorporaste al consejo de la empresa y qué aprendiste de tu madre cuando trabajaba en ella?
Mi padre posee un sentido común infalible y una pasión incomparable por el vino. Admiro profundamente su enfoque intuitivo. En cuanto a sus consejos, siempre me recordaba que la calidad es la base de todo. Mi madre, por su parte, es una embajadora excepcional de Montrose y encarna el verdadero arte de vivir.
¿Qué valores sientes haber heredado de ellos?
De mi padre destacaría la curiosidad y la racionalidad. Me gusta entender cómo funcionan las cosas y suelo ser bastante reflexiva. También me ha transmitido un sentido del humor un tanto impertinente y, lo más importante, el amor por la buena mesa. Mi madre, en cambio, me enseñó su lado social, alegre y abierto a los demás, así como su pasión por el deporte y su sensibilidad artística, que me inspira cada día.
La propiedad cuenta con una espectacular bodega de 1.000 metros cuadrados, la "catedral de barricas": "Es un privilegio poder degustar aquí vinos que se remontan a finales del siglo XIX"
Alegría y celebraciones
Tu matrimonio con Charles Guyot, en 2019, fue uno de los grandes acontecimientos sociales del año. ¿Cómo recuerdas ese día?
Lo recuerdo como el día más hermoso de mi vida, junto con los nacimientos de mis hijos, por supuesto. La ceremonia tuvo lugar en nuestra propiedad familiar en Sologne, donde crecí, rodeados de nuestras familias y amigos más cercanos, que viajaron desde los cuatro rincones del mundo para acompañarnos. Queríamos integrar nuestras distintas culturas, combinando las raíces estadounidenses de mi madre con la tradición francesa que compartimos ambos. Fue un fin de semana que se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos, colmado de amor, alegría y celebraciones.
Compartes familia con dos figuras destacadas en el mundo de la moda: Geraldine Guyot, hermana de tu marido, y María. ¿Cómo es tu relación con ellas?
Geraldine y María son mis cuñadas, pero también mis mejores amigas. Tenerlas cerca es una enorme fortuna; siempre me han inspirado por su elegancia y creatividad. Ver cómo compaginan sus vidas familiares y profesionales es una gran fuente de inspiración para mí, y no pierdo la ocasión de pedirles consejo de vez en cuando.
¿Cómo imaginas el futuro de este castillo dentro de la saga familiar?
Château Montrose nació a comienzos del siglo XIX y somos conscientes de que solo somos depositarios temporales. Nuestra responsabilidad es conducir cada etapa con rigor, preservando lo vivo, practicando una viticultura respetuosa con el medio ambiente y preparando la finca para los desafíos climáticos del futuro. Simplemente, estamos escribiendo un nuevo capítulo de su historia, con la esperanza de que, algún día, nuestros hijos deseen continuarla a su vez.




























