Más que estética: esto es lo que debes tener en cuenta para elegir un sofá (y que no sea una tortura)


Si estás pensando en renovar el salón, el sofá es una de las piezas más importantes. Hoy te contamos en qué debes fijarte antes de comprar uno para que sea cómodo y quede bien en tu salón


Salón beige con cojines azules. © Amador Toril para Alberto Torres Interiorismo
18 de marzo de 2026 a las 14:01 CET

Elegir un sofá parece una decisión sencilla… hasta que llega el momento de hacerlo. Se trata de la pieza más importante del salón: es el lugar en el que te relajas, lees un libro, ves tu serie favorita o compartes las tardes con tus amigos y familia. No se trata solo de estética, sino que es necesario encontrar el equilibrio perfecto entre comodidad, proporción y estilo. 

Y es que un sofá muy bonito puede resultar incómodo o quedar desproporcionado dependiendo del tamaño de tu salón. Así que, si estás pensando en renovar el salón o en comprar un sofá nuevo, hay varios aspectos que debes tener en cuenta antes de decidirte. Hoy te contamos cómo acertar paso a paso para que tu sofá sea, de verdad, el corazón de tu hogar. 

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Salón con sofá en L© Amador Toril para José Lara y Tegar

Mide bien el espacio antes de enamorarte de un modelo  

Antes de fijarte en estilos o colores, coge el metro. Ten en cuenta el espacio que tienes en el salón: calcula el ancho disponible, la profundidad y la altura del espacio en el que irá el sofá. No te olvides de dejar unas zonas de paso cómodas (idealmente unos 60 cm alrededor). Si tu salón es pequeño, un modelo demasiado voluminoso lo saturará y restará armonía.

Un consejo: marca en el suelo con cinta de pintor el contorno del sofá que estás pensando comprar. Te ayudará a visualizar el volumen real y comprobar si deja espacio suficiente. 

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Salón con sofá con chaise longue. © Jordi Canosa para Luzio Studio

¿Cuántas personas os vais a sentar?

Antes de elegir el tamaño del sofá, pregúntate cuántas personas lo usarán a diario. Si vives sola o en pareja, bastará con un modelo de dos o tres plazas. Si sois más en casa, un sofá con chaise longue o un diseño modular ofrecerá más versatilidad. 

Una de las ventajas de los sofás modulares es que podrás reorganizar los módulos cuando cambien tus necesidades (por ejemplo, si te mudas o amplías la familia). Además, se adaptan mejor a espacios irregulares o abiertos, algo muy común en salones actuales donde el comedor y la cocina comparten espacio con la zona de descanso. 

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Salón con sofá beige con chaise longue. © Pia Capdevila

La profundidad del asiento: la clave de la comodidad  

Aunque no lo creas, uno de los factores que más marcará la diferencia en el confort es la profundidad del asiento. Dependiendo de su tamaño, será un sofá “para charlar” o “para desconectar”.

Los asientos profundos (más de 60 cm) son perfectos para tumbarte o ver tu serie preferida acurrucado con una manta. En cambio, si prefieres sentarte erguido o recibes visitas a menudo, te resultará mucho más cómodo un sofá con un fondo moderado, entre 50 y 55 cm. Estos modelos son también más adecuados para personas mayores, que pueden tener más dificultad para sentarse.

Aunque comprar un sofá online siempre es una opción, lo cierto es que siempre es mejor probarlo si es posible: si tus pies no tocan el suelo o el respaldo te obliga a reclinarte demasiado, el asiento es demasiado profundo para ti. Cada cuerpo es distinto, y lo que para unos resulta ideal, para otros puede volverse incómodo a los pocos minutos. 

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Salón con sofá beige. . © Jordi Canosa para Tinda´s Project

Altura y firmeza del respaldo  

El respaldo influye tanto en la estética del sofá como en su comodidad. Los respaldos altos, de unos 90 cm o más, proporcionan un apoyo completo para el cuello y la cabeza, algo fundamental si pasas mucho tiempo viendo la televisión o leyendo. Eso sí, ocupan más visualmente y pueden recargar un salón pequeño. Los sofás de respaldo bajo, por el contrario, ayudan a mantener una sensación de ligereza y amplitud, algo que favorece a los salones de planta abierta o con techos bajos. 

Lo ideal es buscar una altura media y que el respaldo tenga un relleno firme pero mullido, capaz de mantener la forma sin deformarse con el uso diario. 

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Salón pequeño con sofá blanco. © Jordi Folch para Brákara

El relleno importa más de lo que crees

En realidad, es donde está el secreto del verdadero confort. Las espumas de alta densidad conservan mejor la forma y evitan que los cojines se hundan con el tiempo. La fibra hueca o las plumas, en cambio, ofrecen una sensación más envolvente, aunque requieren más mantenimiento, ya que tienden a apelmazarse y necesitan esponjarse con frecuencia.    

Lo ideal suele ser combinar materiales: espuma en la base y fibra o pluma en la superficie para lograr una mezcla equilibrada entre firmeza y suavidad. Fíjate en que el sofá tenga cojines desenfundables: prolongarán la vida útil del sofá y facilitarán su limpieza.

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Salón con sofá y butacas en beige. © Amador Toril para Raquel González

Estructura: el esqueleto que sostiene todo

La estructura es otro elemento que determinará la durabilidad del sofá. Los mejores modelos suelen tener una estructura de madera maciza o contrachapado de alta calidad, reforzada con tiras de acero o cinchas elásticas densas.

Evita los sofás con armazones de aglomerado, ya que tienden a deformarse con el tiempo o incluso crujir. Si el fabricante ofrece garantía sobre la estructura (algunas marcas dan hasta diez años), es un buen indicativo de que el mueble está diseñado para resistir. 

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Salón con sofá en L en beige. © Jordi Canosa para Pia Capdevila

Tapizado: adapta el tejido a tu estilo de vida

El tapizado es, sin duda, la cara visible del sofá, pero también un factor determinante en su resistencia al uso diario. Si tienes niños o mascotas, elige tejidos técnicos, antimanchas o de microfibra, que soportan bien el roce y se limpian fácilmente con un paño húmedo.

Para un uso más esporádico, puedes apostar por terciopelos o linos naturales, que aportan textura y sofisticación. Eso sí, conviene saber que requieren más cuidado y que la luz directa puede alterar su color con el paso del tiempo.

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Salón con sofá en azul petróleo. © Alberto Torres

Color y estilo: el equilibrio entre atemporalidad y personalidad

El color es uno de los elementos que definen el ambiente del salón. Tonos neutros como el beige, el gris, el topo o el arena, son una apuesta segura porque combinan con casi todo y permiten renovar el look solo cambiando los cojines o el plaid. Además, resisten mejor el paso de las modas y facilitan introducir acentos decorativos según la estación.

Pero si quieres dar protagonismo al sofá, puedes arriesgar con un tono profundo como azul petróleo, verde bosque o terracota. Será toda una declaración de estilo. En ese caso, equilibra con paredes claras o accesorios discretos.    

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Salón con sofá blanco.  © David Montero para RQH Studio

Facilidad de mantenimiento: un aspecto que marca la diferencia

Un sofá bonito que se limpia mal acaba siendo una pesadilla. Lo ideal es que tenga fundas desenfundables o tejidos lavables, sobre todo si tienes mascotas o niños en casa. Muchas firmas ofrecen tapicerías con tecnologías antimanchas o de protección contra líquidos, muy prácticas para hogares con niños.

Comprueba que las cremalleras sean resistentes y que puedas desmontar fácilmente los cojines para airearlos. Una limpieza regular del sofá —aspirar, pasar un paño húmedo y girar los cojines cada cierto tiempo— alarga su vida útil y mantiene su aspecto como el primer día.    

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Salón con sofá gris. © Paloma Pachueco para Pia Capdevila

Comprueba el acceso antes de firmar la compra

Es un detalle que se olvida más veces de las que imaginas: ¿entrará el sofá por la puerta? Antes de confirmar el pedido, verifica las medidas de acceso: puertas, pasillos, escaleras o incluso el ascensor. Si el sofá es voluminoso o de una sola pieza, podrías llevarte un disgusto el día de la entrega.

Si tu piso tiene accesos estrechos, busca sofás desmontables o modulares, que se entregan en partes y se montan fácilmente. Algunas tiendas ofrecen el servicio de medición previa para garantizar que no haya sorpresas. Merece la pena hacerlo.   

 

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