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“Si está hecho en casa, está más rico” decía mi abuela, y no le faltaba razón. Hacer queso en casa puede parecer una tarea difícil pero en realidad es más sencillo de lo que parece. No conseguiremos curaciones, ni mohos, ni nada por el estilo pero con un par de ingredientes podemos elaborar en casa un tipo de queso fresco que, además de ahorrarnos unos euros, nos saldrá más bueno y natural que el que podamos comprar en el súper. Y no olvidemos la satisfacción de comernos algo rico hecho por nosotros mismos. Eso, no tiene precio.

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Pero, ¿qué queso es tan fácil de preparar? Pues un queso que no es queso, el mascarpone. Este tipo de (no) queso, tan popular por ser el que se utiliza en la preparación del delicioso tiramisú, es original de la zona de Lombardía, al norte de Italia. Se elabora en un sencillo proceso para el que tan solo necesitaremos dos ingredientes: nata y limón. Es muy importante que, además, tengas en cuenta dos factores: el temperatura y el tiempo. Para lo primero necesitarás un termómetro o tener buen ojo y para lo segundo necesitar un poco de paciencia para que se asiente la nata y coja consistencia de crema. Por lo demás esta receta es muy, muy sencilla.

Aunque lo habitual es utilizarlo en recetas dulces, como el propio Tiramisú, no es extraño verlo como ingrediente de platos salados ya que aporta cremosidad y suavidad a salsas, bechameles o rellenos. Puedes utilizarlo en unas croquetas, en una crema de verduras, en la bechamel de una lasaña, para darle cremosidad a una salsa para pasta, como base de unas tostas...como ves es un queso tan sencillo de preparar como versátil. 

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Cómo se hace el queso mascarpone

¿Por qué decimos que el mascarpone no es queso? Porque no se elabora con cuajo de origen animal, solamente lleva materia grasa y ácido, es decir nata (no leche) y limón. Puedes sustituir el limón por otro tipo de ácido como el vinagre o el cremor tártaro pero nosotros preferimos el limón porque ¿quién no tiene un limón en la cocina?

Lo ideal sería utilizar nata fresca o pasteurizada de vaca pero, si no queremos complicarnos la vida y utilizar ingredientes normales, con una nata con un 35% de materia grasa nos saldrá un queso la mar de rico. Esta nata es la que normalmente se utiliza para montar y la puedes encontrar en cualquier supermercado. Si tuviéramos la suerte de conseguir nata no UHT, que estuviera más concentrada, el resultado sería infinitamente mejor en cuanto a sabor y cremosidad. 

Ingredientes:

  • 500 ml de nata líquida mínimo 35% de grasa (la de montar vale)
  • 1 cucharada de zumo de limón

Además necesitaremos un cazo, un termómetro de cocina, un colador y una estameña o una gasa fina.

Elaboración:

  1. En un cazo amplio vertemos la nata y lo ponemos a fuego medio. Lo ideal es ir removiendo contínuamente para evitar que se pegue en el fondo. Si tienes un termómetro espera a que la nata alcance los 90ºC y cocina a esa temperatura unos 10 minutos. En ese momento añade la cucharada de zumo de limón y remueve bien para conseguir una mezcla homogénea. Cocina unos 5 minutos más hasta que veas que la nata espesa.  
  2. Si no tienes termómetro, calienta el cazo a fuego medio y justo antes de que veas que va a dar el primer hervor baja el fuego y continúa como hemos explicado en el paso anterior. La clave es quitar el cazo del fuego cuando en los bordes comienzan a aparecer unas pequeñas burbujitas.
  3. Seguidamente retira el cazo del fuego y deja que se enfríe totalmente. Coloca la nata, que ya se habrá cuajado, en un colador que esté cubierto con una estameña o si no tienes valdrán unas gasas que cubran toda la superficie del colador.
  4. Ahora coloca el colador sobre una fuente o un cuenco para que recoja todo el suero que irá soltando la nata cuajada. Tapa bien el colador incluido el cuenco o la bandeja con un papel film o un paño limpio y mételo en la nevera durante 24 horas para que suelte todo el suero y se convierta en la crema que queremos. 
  5. Pasado ese tiempo ya puedes sacar tu queso mascarpone de la nevera y utilizarlo a tu gusto: sobre una tostada, en un tiramisú, en una tarta de queso, etc…
  6. Si ves que no está lo suficientemente cuajado o consistente, mételo de nuevo en la nevera y déjalo una noche más para que se cuaje por completo. 

Ten en cuenta que este queso debe estar siempre refrigerado en un táper bien cerrado y te aguantará perfectamente en la nevera durante 3 o 4 días. 

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