La frittata es una especie de tortilla muy popular dentro de la cocina italiana. A la nuestra le vamos a añadir, además de huevos y leche, espinacas, tomates cherry y queso feta, pero es una receta comodín que admite todo tipo de ingredientes.
¿Qué es exactamente una frittata y en qué se diferencia de la tortilla española?
La frittata, nacida como un plato de aprovechamiento en tiempo de los romanos, es una mezcla de huevo batido mezclado con otros ingredientes —verduras, queso, hierbas, carne, etc.— que se cocina lentamente, por lo general, en una sartén al fuego; no se le da la vuelta y se termina de hacer en el horno.
Tiene ciertas similitudes con nuestra tortilla, pero la técnica y el resultado son distintos. Nuestra famosa receta se hace por partes: primero se fríe la patata y después se mezcla con el huevo para cuajar la mezcla por ambos lados, quedando más jugosa, mientras que en la frittata se mezclan todos los ingredientes desde el principio, no se le da la vuelta y su textura suele ser más compacta.
¿Por qué el tomate es el ingrediente que más frittatas arruina?
No es que las arruine si se emplea de una manera adecuada. El tomate, al ser un vegetal con tanta agua, puede traer problemas a tu frittata, por eso te recomendamos usar cherrys, que son los que menos cantidad tienen y quedan más visuales. Un buen consejo para que queden más secos: cortarlos por la mitad, añadir un poco de sal y dejar reposar 5-10 minutos en un colador para que suelten el agua. Sécalos y ya los tienes listos para añadir a la sartén.
¿Espinaca fresca o congelada: qué cambia en textura y tiempo de cocción?
Su elección afecta al resultado final de tu receta, especialmente a la textura y al sabor. Si usas espinaca congelada, escúrrela muy bien en un colador, presionando con una cuchara hasta que deje de soltar líquido. El resultado para tu frittata es más compacto, se integra como una masa verde uniforme y aporta densidad, pero su sabor es más suave y menos vegetal.
Mientras que, si te decantas por las espinacas frescas, tu frittata te quedará más suelta, con las hojas visibles y es más fotogénica. Su sabor es más vegetal y fresco y tiene una textura más tierna y crujiente.
El papel del feta frente a otros quesos
El feta tiene un papel muy particular en una frittata, porque no se funde, sino que se ablanda, pero aporta estructura, contraste y un punto salino. Además, no libera grasa líquida, así que no engrasa ni desestabiliza el huevo y aporta un sabor mediterráneo que combina con casi todo.
Se pueden utilizar multitud de quesos, dependiendo del efecto que busques. Por ejemplo, el parmesano, el pecorino o el grana padano tampoco aportan humedad, pero sí bastante sabor, al igual que el de cabra fresco o el halloumi, que se ablandan pero no funden. Si lo tuyo son las texturas cremosas, no dudes en usar variedades como la mozzarella, el provolone o el cheddar suave.
Consejos de grandes chefs para hacer una buena frittata
Cocineros italianos de prestigio sostienen que la frittata se cocina siempre a fuego medio-bajo, porque si está muy bajo, queda cruda, y si está muy alto, se quema. El control del fuego es lo que diferencia una frittata tierna de una seca.
También aseguran que lo ideal, para obtener un resultado cremoso por dentro y dorado por fuera, es cocinar primero en sartén para fijar la base, y después tapar y terminar en el horno para que se cuaje sin que se queme.
No hay que batir excesivamente los huevos, solo mezclar hasta integrar para conseguir mayor jugosidad. Algo que también ayuda es incorporar una cucharada de nata, yogur o ricotta.
El gran enemigo de la frittata es el agua que sueltan las verduras, por eso se recomienda saltearlas previamente y secar las que tengan mucha agua, como los tomates y las espinacas congeladas, que hay que escurrir muy bien.
Deja reposar la frittata 3–5 minutos fuera del fuego para que el huevo termine de cuajar, los sabores se asienten y mejore la textura.





