Cantabria es el destino de los días de vacaciones de María Pombo y su familia, donde lleva yendo desde pequeña y ahora tiene su propia casa en plena naturaleza, a la que han llamado Casa Vaca. La creadora de contenido ha convertido una escapada en familia en una auténtica experiencia gastronómica.
Ha visitado el obrador de Sobaos Joselín, en Selaya, para aprender a elaborar con sus propias manos uno de los dulces más emblemáticos de los Valles Pasiegos, y su preferido: "El sobao pasiego ha sido el desayuno de mi infancia". Con un buen vaso de leche fría. "Y uno de los mayores antojos de mis embarazos", confesaba en su Instagram. Un taller pensado también para niños en el que, además de preparar y hornear sus propios sobaos, se descubre la historia de una empresa familiar que lleva tres generaciones manteniendo viva la tradición.
UN SOBAO PASIEGO HECHO CON MUCHO MIMO
Pocas veces hemos visto a María Pombo ataviada con gorro y delantal. La ocasión lo imponía. La madrileña asistía, con un grupo de amigos y familiares, al taller de sobaos pasiegos que imparten en el obrador de la marca Joselín, en Selaya. La experiencia, que ha mostrado en sus redes sociales, comienza conociendo, uno a uno, todos los ingredientes de esta receta.
Vemos cómo María casca los huevos, añade la mantequilla, el azúcar, cucharadita de miel (para dar color, dicen en la firma), la harina, una pizca de sal, ralladura de limón y levadura. "Me ha encantado aprender a hacer algo que llevo comiendo toda mi vida, un sobao pasiego", decía emocionada.
María ha detallado, mientras la vemos centrada en la elaboración, la importancia de seleccionar buenos ingredientes: "La receta del sobao no tiene grandes secretos; se trata de utilizar buenos ingredientes y prepararlos despacito y con buena letra". Una vez mezclados todos los ingredientes, llega el momento clave: el sobado manual de la mezcla para lograr una textura densa y esponjosa.
Una vez trabajada la masa, se pasa a una manga pastelera y llega el momento de ir rellenando los tradicionales moldes de papel, conocidos como “gorros”, que los niños pueden aprender a hacer doblando los lados con las indicaciones de la maestra repostera que acompaña al grupo en todo momento: "No hay que llenarlos del todo porque crecen en el horno". Una vez rellenos, hay que llevarlos al horno unos 17 minutos y esperar que la magia se produzca.
UNA HISTORIA PASIEGA QUE VA POR LA TERCERA GENERACIÓN
Mientras los sobaos se hornean, los visitantes conocen el corazón de la fábrica y la apasionante historia de esta marca tan popular dentro y fuera de Cantabria. A María Pombo le llamó especialmente la atención comprobar hasta qué punto se mantiene el carácter artesanal del proceso que se puede contemplar en un recorrido separado de la zona de trabajo por cristales.
La visita continúa en el Museo del Sobao, en el que Laura, nieta del fundador del obrador, Joselín, va desgranando la historia de su familia a través de fotografías y recuerdos. Entre ellos, una curiosa imagen de su abuela realizada por un turista que, tiempo después, se la envió a su casa. "Me ha encantado conocer cómo Laura sigue con el legado de su abuelo Joselín y toda la historia, porque muchas veces no pensamos en el trabajo, las personas y los años que hay detrás de productos como este", comentaba María Pombo.
La historia de Joselín comenzó en 1946, cuando José Sáinz, conocido como Joselín, trabajaba como panadero en la Vega de Pas, mientras su mujer, Antonia García, elaboraba los primeros sobaos junto a su amiga y vecina Lucía. Aquel mismo año, ambas recorrieron unos 40 kilómetros desde la Vega de Pas hasta Los Corrales de Buelna para intentar venderlos en una feria. El negocio fue creciendo y en 1949 la familia se trasladó a Selaya, donde continúa la historia del obrador.
El Museo contiene otras historias de las tradiciones pasiegas y allí se recuerda el origen de este bizcocho típico de Cantabria que ha cambiado: el sobao primitivo se elaboraba aprovechando masa de pan y, con el tiempo, la receta evolucionó hasta incorporar harina de trigo y conseguir esa textura tierna, jugosa y esponjosa que hoy lo caracteriza. El sobao pasiego cuenta ahora con Indicación Geográfica Protegida y, junto a la quesada, traspasa fronteras.
Han pasado 17 minutos y los sobaos salen del horno. Es el momento de la cata y el resultado sorprende a todos: un sobao tierno, esponjoso, con ese aroma a mantequilla, buenísimo. Cada participante prepara sus propios sobaos y, una vez terminados, se los lleva a casa para disfrutarlos, "aún calentitos y con un aroma, ummm", disfrutaba María.












