Hay algo que los chefs o los camareros saben y tú quizá no, y es que una primera cita puede torcerse justo cuando llega el plato. Ellos lo han visto todo. Desde conexiones instantáneas hasta silencios que se alargan peligrosamente. Pero si hay un momento clave que se repite mesa tras mesa, es este: cuando alguien pide algo que, sin saberlo, complica (y bastante) la velada.
Desde La Infanta, en Madrid, junto a Plaza Castilla, lo resumen con una certeza casi profesional: "El menú que eliges en una primera cita dice más de ti que tu perfil de Instagram. Y es mucho más difícil de editar”. A esa idea se suma la visión de La Tabarra, donde el chef Simón Alfaro pone el foco en decisiones igual de delicadas: "sabores demasiado intensos, platos incómodos y cierto entusiasmo con la bebida. Porque en una primera cita, menos suele ser bastante más".
La hamburguesa parece una elección segura. Reconfortante, sabrosa, infalible… Hasta que llega a la mesa. En ese momento, todo se desmorona (literalmente). El pan cede, el queso fluye, la salsa aparece donde no debería y tú intentas mantener la dignidad mientras sostienes una estructura que claramente no está de tu lado. En sala lo tienen claro: no hay forma elegante de comerla en una primera cita.
Algo parecido ocurre con las alitas de pollo. Están buenísimas, sí, pero implican dedos pringosos, servilletas insuficientes y una entrega total que quizá llega demasiado pronto. Como apuntan desde La Infanta, es uno de esos escenarios “difíciles de observar sin intervenir”.
Luego están esos sabores que no dejan huella en la ropa, pero sí en el aliento. Ahí Simón Alfaro lo tiene claro: “Quizás en una primera cita no pediría las zamburiñas porque llevan una emulsión de ajo y perejil”. No son la única excepción en su carta: los boquerones, que comparten ese aliño, entran también en la lista de platos a evitar. La razón es que hay ingredientes demasiado persistentes para una noche en la que todo debería resultar ligero, cercano y todavía por descubrir.
En esa misma línea, el chef advierte sobre los quesos con carácter: “Servimos gorgonzola, que es muy cremoso, pero bastante fuerte”. Maravilloso en otras circunstancias, pero quizá excesivo cuando lo que se busca es ligereza.
También hay platos que fallan por pura logística. Compartir suena bien, pero no todo está pensado para eso. Alfaro menciona la carrillera en salsa como ejemplo claro: rica, sí, pero “engorrosa” a la hora de compartir sin perder cierta elegancia.
Y luego está ese clásico universal que nunca falla como advertencia: la pasta larga. Los espaguetis a la boloñesa siguen siendo, como recuerdan desde La Infanta, una trampa perfecta: enrollado imperfecto, salsa con vida propia y riesgo alto de terminar con una mancha imposible de disimular.
Otro punto importante es el alcohol. Los expertos insisten en no pedir alcohol en exceso… Es una recomendación sencilla que resume bastante bien el espíritu de la primera cita. Una copa acompaña, pero varias pueden desviar completamente el rumbo de la noche.
La buena noticia es que sí existe una zona segura. El propio chef propone opciones como la ensaladilla o las minihamburguesas: fáciles, cómodas y pensadas para compartir sin complicaciones. En La Infanta, las apuestas amables pasan por platos sencillos y bien resueltos, como las croquetas o recetas que no exigen malabares.
En el fondo, la lógica es simple: evitar todo lo que manche demasiado, huela demasiado, complique demasiado o exija una confianza que todavía no existe. Porque bastante tiene ya una primera cita con lo suyo como para añadirle una hamburguesa imposible, una emulsión persistente y una servilleta que no da abasto. La química, si aparece, mejor que sea entre vosotros. No en el plato.







