Detrás de la cara descansada y el cuerpo entrenado de Aida Artiles no hay milagros. No hay, ni siquiera, genética. La fórmula mágica de la modelo es más vieja que el fuego y pasa (¿sorpresa?) por conjugar la paciencia con la constancia en la práctica de unos hábitos con los que lleva años conviviendo. No es secreto para nadie el papel capital que tiene el yoga en su vida, una disciplina que cambió su relación con el deporte y su aproximación a la salud.
“Con él, empecé a ponerle verdadera intención y a cuidarme desde un lugar mucho más amable y consciente, pero sobre todo coherente. Para mí no es un deporte, sino una práctica de autocuidado”, cuenta la canaria. Junto al yoga, el mar supone otro de los pilares fundamentales en su rutina de cuidados. Tiene la suerte de vivir cerca de él y de poder dar largos paseos por la playa cada mañana, y eso no hay crema o suplemento que lo supere. “A veces paseo por la orilla, otras medito y hago respiraciones y otras tantas me doy un baño”, nos explica desde su isla.
Antes de salir de casa, eso sí, Aida intenta conectar con su cuerpo de forma introspectiva. Su estrategia pasa por mirar hacia dentro y preguntarse cómo se siente. “Veo qué hay en mi contenido mental y desde dónde quiero enfocar mi día para que no sea el estado de ánimo cambiante el que lo marque”, explica sobre su meditación matutina.
Todo en su vida parte, pasa y termina en la consciencia. “Cuidarme es ponerme en valor y prestar atención al cuerpo y a la mente, el lugar que habito”. La atención hacia su propio cuerpo -sus necesidades, sus fortalezas y sus flaquezas- es una “manía” que le viene desde pequeña, cuando tuvo que encarar problemas de alergias y asmas, algo que determinó su alimentación y la empujó hacia un enfoque más holístico de la salud. “Ahora llevo una alimentación variada y sin restricciones, pero durante nueve años fui vegana por razones éticas”, se sincera.
Su vida es ajetreada y su agenda está plagada de viajes y compromisos de trabajo, por lo que mantener su rutina con tantas idas y venidas se ha convertido en un reto que, con disciplina, logra salvar. Siempre viaja con su esterilla para aprovechar ratos libres en los que regalarse una sesión de yoga o buscar el gimnasio del hotel. Tampoco deja en casa su neceser de productos indispensables, con los que mantiene una rutina de belleza sencilla pero eficaz: limpiador, vitamina C, sérum, crema hidratante y protección solar.
Más allá de su tocador, Aida Artiles confía en tratamientos faciales y corporales que, asegura, han cambiado completamente una piel demasiado expuesta al sol y la playa como la suya. “Cada invierno me realizo el láser Harmony XL-PRO para las manchas, además del Alma Q y Thermage FLX en la Clínica Naac, en las Palmas de Gran Canaria. Trabajan la elasticidad, la luminosidad y la recuperación del colágeno”, comenta la modelo sobre sus innegociables en cabina.
Como su piel, también su melena ha sufrido muchos estragos, por lo que en este momento es su principal preocupación beauty. “No me lo lavo a diario y, después del champú y el acondicionador, suelo aplicarme algún aceite de medios a puntas”, comenta. Su convivencia con el mar le ha impuesto la necesidad de un extra de hidratación pero le ha dado calma y paz interior. Al final, todo es cuestión de equilibrio.
Dieta sensata
La coherencia guía a Aida en sus decisiones de bienestar y, por ello, dejó el veganismo. “Desde hace un año he vuelto a introducir proteína animal en mis comidas. Tiendo a tener anemias y estaba en déficit”, explica. Ahora mismo toma suplementos como hierro con cobre, vitaminas C y D y magnesio.
Cuerpo activo
“El yoga ha sido un viaje de vuelta a casa, una reconciliación, un darme cuenta”, reflexiona. Para moverse desde una perspectiva más deportiva, prefiere otras actividades como correr, entrenar la fuerza, nadar o incluso jugar a las palas.
Modo 'off'
“Mi escapada para darme un respiro es irme a un retiro de silencio. Este año tengo uno programado de dos semanas en Monchique (Portugal). Estoy muy ilusionada por este nuevo reto”, comenta Aida sobre un viaje con el que volverá como nueva y que supone un desafío emocional.
Chica de mar
Como buena isleña, su conexión con el agua ha sido siempre muy potente. Lo lleva tatuado en la piel. Cuando está en su casa, Aida mejora sus mañanas corriendo o paseando por la orilla e incluso dándose un chapuzón para activarse.











