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Andrés Campos
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El río Guadiela ha labrado en la roca caliza una garganta abismal poblada por tilos centenarios, buitres y soledades. Un sendero ecológico de dos kilómetros la recorre por su fondo y es un paseo muy recomendable. Hasta se dice que Cervantes pasó por aquí. Son 110 kilómetros desde la antigua ciudad papal hasta la desembocadura del Ródano en el mar. Por el camino veremos Arlés, donde Van Gogh vivió y pintó centenares de obras, y un viñedo infinito. Entre los pueblos blancos de la Sierra de Cádiz, este deslumbra más que ninguno. Y no porque sea más blanco que los demás, sino por cómo están dispuestas sus casas, agazapadas bajo rocas gigantes, como si estuviesen sujetándolas. Paseando por él también veremos calles-cueva, miradores y un montón de rincones para no parar de hacer fotos. Alrededor de esta gigantesca obra de granito hay opciones para los tranquilos, como un centro de interpretación sobre el gran monumento segoviano, y para los activos, como rutas de senderismo y hasta paseos en globo para disfrutarlo desde las alturas. La capital de la Costa Tropical de Granada es la caña. La de azúcar con la que aquí se hace ron. La gastronómica. La playera. La caña para jugar al golf… Recorriendo el parque natural de Cabo de Gata de poniente a levante se descubren algunas de las playas más bellas y solitarias a las que no llegan coches ni multitudes. Es el tramo más alucinante del Mediterráneo donde encontraremos lugares memorables para practicar snorkel y un pueblito pesquero que en varias ocasiones ha encandilado a famosos y realeza. Una escapada perfecta para septiembre cuando bajan las temperaturas y la afluencia de gente. Un día de cine, recordando las más de 300 películas que se han rodado en Almería, y otro día con John Lennon, que también vino para actuar en una, y compuso aquí una de sus canciones más famosas. Para tomar a media mañana, para comer, para cenar y casi para merendar, tapas, tapas y más tapas. A estas dos vecinas guipuzcoanas de carácter y belleza muy diferentes las une el surf y una excelente gastronomía, basada en los mejores pescados y el txakolí. De todos los caminos que llevan a Santiago, el que viene de Portugal es el segundo más transitado. Por algo será. Hay una ruta directa, de 6 días, y otra más larga, de 8, que va por la orilla del mar. Con vino y marisco de las Rías Baixas se anda tan bien que no se sienten los kilómetros. Cerca de la capital de España hay docenas de pozas fluviales de agua clara y dulce. Nos hemos dado una vuelta de la sierra de Guadarrama hasta Gredos, para seleccionar las mejores de Madrid, Segovia, Ávila, Guadalajara y Cáceres. Era un pueblo de pescadores a 40 kilómetros de Barcelona, cuando llegó Rusiñol y lo puso en el mapa. Desde entonces se ha convertido en un poderoso imán de artistas y de viajeros de todas las banderas, también la arcoíris. Las gambas de Palamós, las anchoas de Santoña, las sardinas de Santurce, los chanquetes de Murcia, los percebes de la Costa da Morte... Se nos hace agua la boca pensando en estos manjares. Tanta agua, que podríamos navegar por ella. Pero mejor hacerlo por el mar de verdad, con pescadores de verdad. Las mesas de los asadores burgaleses recuerdan, después de comer, a la Sima de los Huesos de Atapuerca. Pero en la ciudad del Cid también hay chefs modernos que salen en televisión, mezclan lo castellano con lo nipón o deconstruyen una croqueta. Lo mejor de dos mundos, la arquitectura romana y la gastronomía extremeña, se disfruta en estas barras y terrazas de Mérida. Saborear unas migas extremeñas, un queso de La Serena o una morcilla de Guadalupe contemplando el Templo de Diana o el acueducto de Los Milagros no tiene precio. Bueno, sí que lo tiene. Pero es muy barato. El surf siempre ha estado de moda. Y ahora más. Los que saben, miran el pronóstico de las olas y, cuando mejor-peor las pintan, salen corriendo para Nazaré, en cuya Praia do Norte rompen las más grandes del mundo. Para comer, unas sardinas asadas en el barrio de Sitio. Para alojarse, una tienda de campaña de lujo en el resort Ohai Nazaré. Este verano, Nazaré está de moda. Este verano, todos nazarenos. La capital del Principado es un no parar en materia gastronómica. Se empieza tomando el aperitivo alrededor de la centenaria plaza de abastos de El Fontán, y se acaba tomando un culín de sidra en la calle Gascona. En medio, todo tipo de delicias para una fiesta diaria con mucho sabor. Son 24 horas para conocer la que fue capital del reino visigodo, la judería más importante de Castilla, la ciudad del Greco... Y otras 24 para descubrir una Toledo que no sale en los libros de arte e historia, sino en las guías de aves y de senderismo, la que rodea con un profundo foso de verdor el Tajo. En el siglo IV, un noble romano decidió hacerse en el pequeño pueblo de Noheda (hoy, 12 habitantes) una lujosa casa de campo, que decoró con los más ricos mármoles de Carrara y Oriente y pavimentó con un mosaico espectacular. Esta lujosa villa es una de las sorpresas de la Alcarria conquense, pero no la única. Una sierra litoral bordada de playas de arena blanca que lame un mar esmeralda. Y una de las bahías más bellas del mundo, junto al estuario del río Sado, donde vive y se deja ver una nutrida colonia de delfines mulares. Son solo dos de las maravillas que esconde Setúbal, a 50 kilómetros al sur de Lisboa. En estos dos lugares de la costa alicantina se acumulan más estrellas Michelin que en ninguna otra población de España, a excepción de las capitales. También son dos paraísos del senderismo, al pie del peñón de Ifach y del macizo del Montgó. Caminar por estos parques naturales es un buen plan para abrir el apetito. En el cielo, docenas de buitres. En el suelo, huellas de dinosaurios. A los lados, dos laderas casi verticales de 700 metros. Y alrededor, los pueblos del Camero Viejo, solitarios, de pura piedra y tradición trashumante. Buen lugar para pasear esta primavera admirando el paisaje. O para ir saltando con un neopreno de poza en poza. Tomando como punto de partida Infiesto, la capital del concejo de Piloña, y siguiendo al río Infierno, llegaremos a este singular pueblo con un conjunto etnográfico sin igual en el Principado. Más arriba deslumbran magníficos bosques, grandes pozas y cascadas y un precioso desfiladero: la foz de Moñacos. Diez destinos españoles en los que las frutas son protagonistas y diez propuestas para descubrirlos y saborearlas. Desde un pastel de dátiles en Elche, la ciudad del palmeral, hasta un gin tonic de fresa en Aranjuez, el real sitio que abastece de ellas a la villa y corte desde mitad del siglo XIX. Una de las mayores colonias de buitres leonados del mundo anida en el cañón que surca este afluente del Duero, en el norte de la provincia. Sabinas centenarias y restos románicos jalonan un paseo a su vera desde Montejo de la Vega hasta la presa de Linares del Arroyo. Las ninfas de la mitología asturiana dan nombre a este desfiladero, una garganta de la sierra del Aramo que se puede recorrer caminando por una senda increíblemente tallada en la roca vertical. Después de andar por estos precipicios, hay que acercarse a Teverga a saludar a las osas Paca y Molina, y pedalear por una de las mejores vías verdes de España En nuestro país hay casi tantos quesos como pueblos. Pero no hay tantos pueblos en los que hagan quesos óptimos y, además, merezca la pena echar un día, o dos, visitándolos. Hemos seleccionado diez magníficos de otros tantos lugares magníficos: el valle de la Liébana, la Ribeira Sacra, Belmonte, Daimiel, Serón, Cabrales... Viajamos a la capital del Campo de Calatrava, en la lista de los pueblos más bonitos de España, a recorrer su magnífica plaza y descubrir sus imprescindibles para luego iniciar una ruta, perfecta en primavera por sus buenas temperaturas, hasta dos imponentes castillos, el de Calatrava la Vieja y la fortaleza monacal de Calatrava la Nueva, que deja pequeña a la mismísima abadía de El nombre de la Rosa. A finales de invierno, millones de melocotoneros florecen en los campos de Cieza, pintando de rosa el paisaje de la Vega Alta del Segura. Una buena ocasión para descubrir este desconocido rincón de Murcia, rico también en restos arqueológicos, cuevas prehistóricas y herencias moriscas. Este municipio madrileño está lleno de arquitecturas majestuosas, incluidas por la Unesco en la Lista del Patrimonio Mundial. Pero es también un lugar de lo más campechano y natural, donde se puede pasar el día triscando por el monte sin más compañía que las mariposas y las águilas. En ese contraste entre lo histórico y lo intemporal, lo civilizado y lo salvaje, reside su principal encanto. Sin salir de España hay playas idóneas para hacer senderismo, surfear, ir de pícnic o tomarte un chocolate caliente en una terraza viendo cómo rompen las olas inmensas. No tienes ni que pensar. Las hemos escogido por ti. El Marqués de Villena fue el hombre más rico y poderoso de la España de mediados del siglo XV y su recuerdo sigue muy vivo en la comarca conquense del Záncara, donde levantó dos importantes fortalezas. Quien las visita no solo oye ecos de guerras, sino también las voces de don Juan Manuel, Jorge Manrique y fray Luis de León. De todas las montañas madrileñas, ninguna más característica y fácilmente reconocible que Siete Picos, cuya cresta coronada por siete cumbres graníticas semeja el dorso dentado de un dragón (así, como la sierra del Dragón, era conocida en la Edad Media). También es la que ofrece las vistas más amplias. Y además es la que se presta a los paseos más bellos con raquetas de nieve, admirando los pinos de Valsaín que trepan hasta la misma cima. Cualquier fan del mago más famoso puede montarse un viaje de película sin salir de la península, porque hay un montón de lugares inspirados en la famosa saga de J. K. Rowling: escuelas de magia, casas rurales que recuerdan a Hogwarts, escape rooms, tiendas oficiales… Incluso un bar donde sirven cerveza de mantequilla. Hay quien viene buscando el Cascais de toda la vida, esa Riviera portuguesa saturada de recuerdos de espías y aristócratas. Pero el que ahora lo peta es el Cascais más moderno, el de los ciclistas y los surfers, donde los visitantes toman clases de cocina portuguesa y alucinan con arquitecturas como la del museo Casa das Histórias, obra de todo un premio Pritzker. Por la ciudad y sus alrededores, tres yacimientos arqueológicos nos permiten viajar 2000 años atrás en el tiempo en esta ciudad asturiana: un castro litoral, unas termas públicas y una villa de campo señorial. Impresionan sus murallas, mosaicos y piscinas, pero lo que pasma son las vistas sobre acantilados, playas y prados verdes a rabiar. Esta ruta lleva desde las cuevas de Ariège hasta el observatorio del Pic du Midi. Son 300 kilómetros que discurren por carreteras pirenaicas, atravesando los puertos más famosos del Tour, la ronda ciclista francesa, incluido el legendario Tourmalet. Para este viaje, no está de más llevar una bicicleta en el coche. El río Pitarque, afluente del Guadalope, nace a lo grande, formando cascadas y pozas cristalinas en un cañón del árido Maestrazgo de Teruel. Parece cosa de magia, pero es real. Una ruta llega hasta su nacimiento, pero para complementar la excursión, podemos hacer además otra en coche atravesando desfiladeros y bellos pueblos al filo de precipicios.