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Andrés Campos
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Hace nada era un deporte minoritario en España, como el jai-alai, el curling o el bicipolo. Hoy el que va a la playa y no sabe surfear, es un dominguero. Si no quieres morirte sin haber cabalgado antes la mítica ola de izquierdas de Mundaka, enfúndate este verano el neopreno y toma unas clases en alguna de las muchas escuelas de surf que salpican las costas de Norte. Mozart, Beethoven, Schubert, Haydn, Schönberg, Mahler, Strauss… En ningun otro lugar han vivido y trabajado tantos compositores como en Viena. Si siempre ha sido una ciudad muy musical y bailarina, este año ya es un no parar, porque se celebra el 150º aniversario del vals El Danubio azul y el 175º de la Filarmónica de Viena. Dirigir una orquesta, aprender a bailar vals o ver gratis un espectáculo de la Ópera son tres planes que suenan de maravilla, como todo en esta ciudad. Es imposible que una ciudad que han visitado cientos de millones de personas desde la Edad Media guarde todavía algún secreto. Pero sí que tiene sus misterios y sus curiosidades: piedras que se vuelven de cobre al atardecer, campanas que suenan 13 veces a medianoche, universitarios que se especializan en el París-Dakar y peregrinos que comen todos los días por la patilla en el lujoso parador. Hay quien se divierte comiendo una hamburguesa de plástico en una ciudad abarrotada y ruidosa. Y hay quien prefiere tomarse unos txipis en el puerto de Lekeitio o un arroz a la cazuela en la villa medieval de Pals. Son dos de los pueblos españoles que integran la red de municipios por la calidad de vida Cittaslow, destinos ideales para el turista tranquilo, el que de verdad sabe viajar. Esta ruta discurre por las tierras que baña el Miño justo antes de morir en el océano. Del castro de Santa Trega, que domina la desembocadura del gran río gallego, a la catedral de Tui, la única catedral de Pontevedra, que también es un óptimo mirador. Por el camino, las bodegas de O Rosal y una multitud de molinos harineros. Quien tuvo, retuvo. Burgos, que fue cabeza de Castilla y asiento de reyes (vivos y muertos), es un potente imán de viajeros que gustan de la historia, el arte y la gastronomía. En su oferta abundan el gótico y la cocina tradicional, pero también hay chefs mediáticos y edificios tan modernos y deslumbrantes como el Museo de la Evolución Humana, el único del mundo especializado en este asunto. Cascadas de muchos metros alimentadas por el deshielo, paseos botánicos por jardines principescos y bosques recónditos, mariposas que solo se dejan ver durante las noches de primavera… Planes para extraerle todo el néctar a la estación de las flores y los ríos caudalosos en las cercanías de la capital. Fundada hace 3.000 años por los fenicios, Cádiz tiene historia, ruinas y monumentos para aburrir. Pero también mercados y plazas rebosantes de vida. Y playas óptimas para dejarse de piedras y museos y pasar el día a ritmo de chiringuito y puesta de sol. Claro que, comiendo churros con chocolate y pescaíto frito, como aquí se estila, lo de lucir palmito en bañador está complicado. Si piensas que el choco es un dulce, la raya un estupefaciente y el tiburón un pez que solo comen los chinos, es que no has estado en Huelva. He aquí cuatro pistas para descubrir la espléndida cocina marinera de la que, por eso mismo, ha sido elegida Capital Española de la Gastronomía 2017. Cualquier excusa es buena para viajar, sobre todo si la excusa es redonda, amarilla y sabe a amor de madre. En esta lista no están todas las tortillas ricas que son, pero son excelentes todas las que están: desde las famosas de Betanzos, que es la capital de la cosa, hasta las que hacen sobre la hoguera en una aldea remota del Pirineo leridano. ¿Quién se acuerda de las estrellas Michelin cuando tiene en el plato un auténtico sol? La fama de ambos ha eclipsado parcialmente a una ciudad que tiene muchos otros atractivos: paseos verdes, rutas literarias, un museo de títeres y templos románicos para parar un AVE. La antigua cárcel alberga ahora exposiciones y conciertos. Y la vieja judería es un barrio encantador donde se saborean platos sefardíes (y también cochinillo). En la estación de Valdezcaray se hace esquí y snowboard, pero también telemark, montañismo invernal y senderismo con raquetas de nieve. Después de un día en las montañas, hay que bajar a la capital del valle, Ezcaray, para cenar de lujo y dormir bien calentitos entre mantas de mohair. Este pueblo conquense situado sobre una colina rodeada por las aguas verdes del Júcar, coronado por una fortaleza de la Edad Media y que guarda entre sus calles pequeñas delicias artísticas, bien merece una visita porque pasa por ser uno de los pueblos más bonitos de Castilla-La Mancha. Te proponemos una escapada para descubrirla. Navegar en piragua entre acantilados altos como rascacielos, caminar por sendas señalizadas entre álamos, fresnos, sauces, alisos, olmos y arces resplandecientes que crecen a orillas del río, mucho arte románico y el mejor cordero asado del mundo. Es lo que nos depara la ruta que hoy os proponemos por tierras segovianas. Entre Cudillero y Luarca se extienden 35 kilómetros de acantilados rocosos contra los que el mar bate furioso, afilando cabos, desgajando islotes y esculpiendo calas tan imponentes como la playa del Silencio. Una ruta en coche con seis paradas para estirar las piernas y la mirada. Como sin esfuerzo no hay paraíso, te proponemos un reto viajero, el de emprender una ruta al borde del mar con un final feliz: el faro del Caballo. Eso sí alcanzarlo im-plica descender casi 700 peldaños por una escalera infinita -¡como una semana de gimnasio!- . Es uno de los secretos que depara esta localidad cántabra en el monte Buciero. Pero para seguir descubriendo más necesitarás estas pistas: En esta comarca alicantina hay mucho más que sol y playa. Hay pueblos históricos, cascadas y multitud de montes preciosos. Para verlos hay que subir de Altea a Guadalest, pasando por las Fuentes del Algar. Y bajar de Guadalest a la Serra Gela-da, que se alza al lado mismo de Benidorm, más alta que sus rascacielos. En esta comarca alicantina hay mucho más que sol y playa. Hay pueblos históricos, cascadas y multitud de montes preciosos. Para verlos hay que subir de Altea a Guadalest, pasando por las Fuentes del Algar. Y bajar de Guadalest a la Serra Gela-da, que se alza al lado mismo de Benidorm, más alta que sus rascacielos.