Amparo Aragón recuerda a su padre, Miliki: "El olor es una de las pocas cosas que la muerte no consigue llevarse del todo"


La hija del inolvidable payaso de la televisión le dedica unas palabras llenas de amor, recuerdos y nostalgia en una fecha muy especial


Amparo Aragón posando para ¡HOLA!© FERNANDO JUNCO
Ana ToroPeriodista y Locutora
14 de septiembre de 2026 a las 13:22 CEST

Hay personas que nunca se marchan del todo. Aunque el tiempo pase, aunque los hijos crezcan y la vida siga avanzando, su presencia permanece en los pequeños detalles, en los olores, en las costumbres y en esas conversaciones imaginarias que uno mantiene cuando más necesita sentir cerca a quien ya no está. Amparo Aragón, hija de Emilio Aragón Bermúdez, conocido por todos como Miliki, ha querido recordar a su padre con una emotiva carta en la que habla de la vida, de la familia y de todo aquello que le hubiera gustado compartir con él.

Media Image© amparoaragon_

Este 14 de septiembre, Amparo ha abierto su corazón para dedicarle unas palabras a su padre, fallecido el 18 de noviembre de 2012. Una carta que no solo habla de la ausencia, sino también de cómo cambia la vida cuando pasan los años y de ese deseo tan humano de poder volver a sentarse un rato junto a la persona que más se quiere.

Miliki, en una de sus últimas fotos© Europa Press

“Me hubiera gustado que mi padre me viera ahora”

“Me hubiera gustado que mi padre me viera ahora. Ahora con 61 años”, comienza la carta de Amparo Aragón. Una frase sencilla, pero cargada de significado. Porque, aunque Miliki ya no pueda acompañarla en esta etapa, ella imagina cómo sería ese encuentro y cómo reaccionaría al verla convertida en una mujer de 61 años.

“Que pudiera verme así, convertida en «señora mayor». Seguramente se reiría de que yo me llamara así”, escribe con ese sentido del humor que atraviesa todo su recuerdo. Amparo imagina a su padre sentado en su sillón, con su jersey de lana gorda de botones y oliendo a Kouros. Un retrato íntimo y doméstico que demuestra que, muchas veces, son los detalles más pequeños los que mantienen viva la memoria.

“El olor es una de las pocas cosas que la muerte no consigue llevarse del todo”, añade. Una reflexión preciosa sobre esos recuerdos que permanecen intactos incluso cuando la persona ya no está.

Miliki, disfrazado de payaso© Getty Images

Los nietos de Miliki ya son mayores y han construido sus vidas

En su carta, Amparo también le cuenta a su padre cómo ha cambiado la familia. Le hablaría de “el pequeño”, que ya tiene 25 años, y de sus nietos, que se han hecho mayores y han construido unas vidas bonitas.

Miliki y Rita© GTRES
Miliki y su mujer, Rita

“Que trabajan, se buscan la vida, que se equivocan y que cuando se caen hacen algo que aprendieron de él: levantarse, sacudirse y seguir”, explica. Unas palabras que reflejan el orgullo de una madre y, al mismo tiempo, el reconocimiento hacia las enseñanzas que Miliki dejó en sus hijos y nietos.

Amparo imagina que le contaría que todos ellos sacaron “matrícula de honor en aquella asignatura que él nunca supo que estaba impartiendo”. Una manera de decirle que su legado sigue presente en las nuevas generaciones de la familia Aragón.

Una conversación imaginaria con su padre entre café con leche y magdalenas

La carta se convierte en una escena cotidiana. Amparo imagina que ambos estarían mojando una magdalena en el café con leche mientras ella le cuenta cómo es su vida ahora. Le hablaría de sus rodillas, de que se le olvidan las cosas y de que duerme fatal.

Él, en su imaginación, le diría que dejara de quejarse. También la regañaría por seguir trabajando sin horario y por meterse en mil berenjenales. “Yo le diría que eso también lo aprendí de él. Y entonces se reiría. Creo que estaría orgulloso”, escribe.

Amparo Aragón en una imagen compartida en sus redes sociales© @amparoaragon_

Es precisamente en esos momentos donde la carta alcanza una enorme ternura. No se trata de idealizar la ausencia, sino de imaginar a ese padre que sigue formando parte de su vida a través de sus gestos, sus frases y su manera de entender el mundo.

“Ya no tengo miedo”, la confesión más personal de Amparo Aragón

Uno de los momentos más emocionantes de la carta llega cuando Amparo habla de cómo ha cambiado ella misma con los años. “Me gustaría contarle que ya no tengo miedo”, confiesa.

No significa que la vida haya dejado de darle miedo, sino que ya no siente la necesidad de vivir por adelantado todo lo malo que podría ocurrir. “Ya no quiero vivir dentro de las películas que me monto antes de que sucedan las cosas”, explica.

Una reflexión sobre la madurez y el aprendizaje que llega con el paso del tiempo. Amparo reconoce que la edad da sabiduría y que la vida enseña, pero también deja claro que hay algo que hubiera preferido: que su padre siguiera aquí.

Amparo Aragón posando para ¡HOLA!© FERNANDO JUNCO

“Hubiera preferido que siguiera aquí”

En el tramo final de su carta, Amparo vuelve a hablar de los sueños. En ellos todavía imagina un lugar para su padre, con un sillón reclinable para levantar los pies y una mesa frente a la ventana para que pudiera seguir escribiendo canciones y poemas infantiles. “Porque en los sueños todavía se tiene tiempo”, escribe. Y en ese espacio imaginario, Miliki volvería a decirle una de esas frases que parecen resumir toda una vida: “¿Ves? De todo se sale. Todo llega”.

La carta termina con una frase que contrasta con la emoción de todo lo anterior: “Por cierto, mañana hay verdinas con langostinos”. Un detalle cotidiano, casi doméstico, que hace todavía más real la escena que Amparo ha construido en su recuerdo. Porque echar de menos a un padre también es querer contarle qué se va a comer al día siguiente, qué ha pasado en casa o cómo están los nietos.

Amparo Aragón ha dedicado así unas palabras llenas de amor a Miliki, demostrando que, aunque los años pasen, hay ausencias que siguen formando parte de la vida. Y que el recuerdo de un padre puede seguir acompañando incluso en los momentos más sencillos.