Dibujó sonrisas, creó ilusiones y se convirtió en un 'padre' universal para todos aquellos niños españoles que, cada tarde, deseaban llegar a casa para verle en la televisión. Aquel grito "¿Cómo están ustedeeeees?" casi se convirtió en himno, pero la vida de Miliki -uno de los inolvidables 'payasos de la tele'- no siempre fue un camino de rosas.
El episodio que lo cambió todo y la guerra que deja "con hambre de por vida"
"La guerra te deja con hambre de por vida", decía constantemente a sus hijos. Emilio Aragón Foureaux nació en 1929, en la localidad sevillana de Carmona, aunque sus raíces se encontraban, en realidad, en la fría Suecia, donde su bisabuelo, Jean-Adolphe Foureaux, llegó a jefe de la caballería del ejército sueco, además de ser director y dueño del Grand Cirque Foureaux. Miliki representaba la nueva generación de una familia itinerante, que llevó la magia del circo por medio mundo, así que la pasión por el arte circense corría por sus venas.
Cuando estalló la contienda que partió España en dos, ya se encontraba con su familia en la capital. Como cuenta Amparo Aragón en su Libro de familia. Historia de un corazón itinerante (Editorial Roca), durante el asedio, la Cruz Roja empezó a evacuar niños a otras provincias y su padre, como otros miles de pequeños, llegó a un polideportivo abarrotado, donde perdió de vista a sus hermanos.
Este despiste llevaría a aquel niño de seis años a encontrarse a bordo de un tren con rumbo a la estación barcelonesa de Sants, donde unos 'desconocidos' cogieron su mano. Durante un año y medio, vivió como uno más en esa nueva familia que le había acogido con los brazos abiertos hasta que su padre, desesperado, al fin, logró encontrarlo.
Miliki regresó entonces a Madrid, pero hay experiencias que quedan grabadas a fuego. Esa era una de ellas. "A partir de ese momento, generó una profunda obsesión por crear una familia unida, sin grietas, sin abandonos ni desapariciones" y lo consiguió. Ése fue su gran triunfo, "su trabajo y su familia", nos confesaba emocionada Amparo al presentarnos su obra.
El exilio en La Habana: el amor y los inicios de Gaby, Fofó y Miliki
Emilio había vuelto a casa, pero el hambre, en la cruenta Posguerra, apremiaba y no le quedó otra opción más que salir a ganarse la vida junto a sus hermanos, viajando por los pueblos españoles, "en un carro de mulas buscando trabajo".
Llegaban, también, los momentos de espera frente al Café Hespérides, donde trataba de enterarse si hacían falta artistas para contárselo a su hermano Gaby. Eran tiempos difíciles y ellos "tres hermanos con un futuro por decidir: quedarse en España o emigrar". Una moneda lanzada al aire decidió su destino: partían, sin nada en los bolsillos, al otro lado del charco, como muchísimos otros españoles -en su mismo barco viajaba un pequeño Plácido Domingo en los brazos de su madre-.
Lo que, quizá, no imaginó, al recalar en La Habana, donde tocaba la guitarra en una fiesta, era que cruzaría por primera vez su mirada con la del amor de su vida. Cinco años después, volvería a encontrarse con Rita -la madre de sus cuatro hijos- y en 1952 se casaron.
Los años más difíciles en Chicago
De nuevo, los sueños quedaron guardados en maletas. En 1960 llegaban a Chicago, una ciudad completamente desconocida, un idioma que les era ajeno y un país donde la figura del payaso -tal y como la entendemos aquí- no existía, así que empezaron a trabajar en locales nocturnos, trabajando para adultos con mímica y música. "La escasez en todos los sentidos agudizaba el ingenio".
Los cinco años que estuvieron allí -y donde nació Amparo- fueron muy duros, "pero muy bonitos", le asegura siempre Rita a su hija. "Allí aprendimos que aceptar también es ganar. Que luchar en equipo es mejor que hacerlo solo. Que siempre hay que levantarse, arreglarse y salir a la calle".
Tras una gira por el sur con Buster Keaton, llegaba la llamada: Telemundo les requería en Puerto Rico.
El salto a la fama en Latinoamérica: Puerto Rico y Buenos Aires
El programa de tv El show de las cinco fue un éxito rotundo, y su hija Rita debutaba por primera vez en las Telecómicas. "De los años duros de Chicago" pasaron "a la fama más apabullante de Latinoamérica". Comenzaba a gestarse el mito, que, después, viajaría a Buenos Aires. En 1971, Gaby, Fofó y Miliki llegaban al puerto donde ya les esperaban las cámaras de televisión.
De hecho, nos comentaba Amparo, su caso se estudia en Marketing "porque mi padre y mis tíos como producto supieron adaptarse a cada situación que ellos se iban encontrando en la vida" y a sus padres les tocó hacerlo tres veces.
El regreso a España y el nacimiento de 'Los Payasos de la Tele'
Y de ahí a Madrid, la tierra 'prometida', porque Miliki siempre soñó con volver. "Hacía hasta polvorones para que lo probáramos. En Chicago consiguió las tripas de no sé dónde e hizo chorizos en casa… Siempre toda la comida era española y escuchábamos mucho a Serrat. Yo no lo he visto, pero mi padre lloraba alguna vez. Él quería volver… Bueno, y mis tíos, y tuvieron esa enorme suerte", nos contaba Amparo.
El programa de Érase una vez un circo, con los payasos de la tele, arrasa en España, aunque, de nuevo, en el camino, tuvieron que hacer frente a otro duro e inesperado golpe del destino. "Mi tío Fofó falleció de manera inesperada en pleno éxito" y todo el país lloró su ausencia.
Un adiós y una valiosa 'herencia'
El programa continuó, con Milikito -Emilio Aragón (hijo)-, que se unió al grupo, que dio sus últimos pasos en 1985, aunque Miliki nunca dejó de trabajar. Incansable, se dedicó a la producción discográfica, a la escritura, hizo incursiones en el cine y trabaja, en 2010, en Pájaros de Papel, la película que dirigió su hijo Emilio y que Amparo recomienda para entender la extraordinaria trayectoria de su padre.
Se marchó, para siempre, en 2012, dejando una gran herencia a sus hijos: el valor de la familia y una lección de vida, que por muy fuerte que sea la caída, se aprietan los dientes y se continúa hacia delante. Al resto, un legado que será siempre eterno.











