Llevaba dos años sin celebrarse, así que Ronda esperaba este año con muchas ganas la tradicional corrida de la Goyesca. La Real Maestranza de Caballería volvía a lucir sus mejores galas -tras las obras de rehabilitación- para acoger una de las citas más especiales para la familia Rivera, pero el encuentro -en el que se conmemoraba el 75 aniversario de la alternativa de Antonio Ordóñez, abuelo de Fran Rivera- también reunió a muchos rostros del mundo de la comunicación, como Juan del Val.
El popular escritor no acudió solo, sino con su hijo mediano, Pau. Ambos haciendo twinning, vestidos con dos trajes muy similares -sólo cambiaba la corbata, una en tono azul verdoso, la otra en tono burdeos- y con camisa blanca y pantalón vaquero en otra de las jornadas, y disfrutando de una de sus grandes pasiones compartidas: los toros.
La vida de Pau del Val: discreción, estudios de comunicación y vocación tras las cámaras
Aunque Pau prefiere mantenerse lejos de los focos -lleva una vida muy discreta-, no es la primera vez que los vemos juntos en una plaza -son habituales en Las Ventas, y, sin ir más lejos, los vimos en el tendido de la Real Maestranza de Sevilla el pasado Domingo de Resurrección-. Tampoco es un secreto que a los dos les encanta ver las faenas de sus toreros favoritos.
De hecho, en esta ocasión, uno de los protagonistas del cartel era, además, Juan Ortega, un gran amigo, por lo que no se lo podían perder. Otras veces, Juan incluso ha llegado a levantar en hombros al diestro al salir de la plaza -Pau también-, así que no dudaron en viajar hasta Málaga para convertirse en dos espectadores de excepción.
A sus 20 años recién cumplidos -el pasado mes de agosto-, el hijo de Juan del Val y Nuria Roca terminó el bachillerato en Estados Unidos y sigue los pasos de su hermano mayor, Juan -que ha formado parte del equipo de uno de los concursos más exigentes de la televisión, Supervivientes-. Estudia Comunicación Audiovisual en Madrid y “le fascina” la producción, según ha contado su madre, que, en una reciente entrevista con ¡HOLA! reconocía que, al final, era “lógico” que el mayor “se decantara por los medios” porque, “al final, te acabas familiarizando con lo que ves en casa”. Los dos “están enfocados a la comunicación y a los medios, aunque hay muchas parcelas dentro de este mundo”, aclaraba -porque no todo pasa por estar delante de la cámara-.
Confía en ellos y, cuando le preguntábamos si hubiese preferido que hubiesen escogido otra profesión, nos respondía, con claridad: “Para nada. Sobre todo, si yo les puedo ayudar o echar una mano en algo, desde luego voy a poder ayudarles más si se dedican a algo que yo conozco”.
Pasión por la tauromaquia: un legado familiar compartido de generación en generación
A Pau le gusta mucho la música, el deporte y, como contábamos en líneas anteriores, los toros -como a su padre y a su hermano-.
Y si Juan Ortega es uno de sus diestros preferidos, el otro al que admira es Morante de la Puebla -como él mismo dejaba claro en sus redes sociales-.
“Es un referente para los jóvenes porque tenemos la sensación de ver a una leyenda viva”, decía el joven a Vanitatis, a finales del año pasado, cuando Morante se quitó la coleta; y confesaba que el otro ‘poder’ del maestro era unir a generaciones, en su caso, a tres -su abuelo, su padre y él-.
Juan del Val ha explicado en entrevistas que el amor por la tauromaquia se lo inculcó su padre, “y luego yo me hago un absoluto enfermo del toreo. Empecé siendo periodista taurino sin ser periodista”, explicaba en El Español. “Veíamos los programas taurinos. Me enseñaba a torear con la toalla. Me llevaba a los toros. A mí me fascinó. Me parecía todo la hostia”, y él ha transmitido ese ‘gusanillo’ a sus hijos.








