La historia de amor de Luna Bonaccorsi y Leonardo Bormioli nació cuando ambos tenían 15 años. "Literalmente, hemos crecido juntos, compartiendo cada capítulo importante de nuestras vidas: desde la universidad y nuestros primeros trabajos hasta todos los sueños que nos han traído hasta aquí", nos revela la hija del príncipe Lucio Bonaccorsi di Reburdone y la diseñadora Luisa Beccaria. Hace unas semanas, la pareja se dio el "sí, quiero" en una romántica boda, en Sicilia, en el Feudo del Castelluccio, la propiedad familiar, del siglo XVII, rescatada del abandono por los padres de la novia.
Las celebraciones comenzaron la víspera del enlace con una fiesta de bienvenida en el centro histórico de Noto, cuyas calles se cerraron en exclusiva para la ocasión. Acompañados por una gran banda tradicional siciliana, los invitados recorrieron la emblemática Via Nicolaci hasta llegar al Palazzo Nicolaci di Villadorata. La velada culminó en el histórico Mercado de Pescado de la ciudad, transformado en una pista de baile.
La novia lució un diseño exclusivo de su madre, en organza de seda blanca con bordados de flores, al igual que el velo, que caía como una cascada de jazmines
Al día siguiente, en Castelluccio, un lugar profundamente ligado a la infancia de Luna, se celebró el enlace. A la entrada, un grupo de abanderados locales dio la bienvenida a los asistentes ondeando banderas con el escudo familiar y las iniciales de los novios (ambas L).
Entre los invitados más destacados se encontraba la abuela materna de Luna, Anna Beccaria, de 96 años, que voló expresamente desde Milán. "¡Soñábamos con una boda muy emotiva, más que con una celebración social! ¡Y así fue! Mi extraordinaria abuela Anna fue para mí la invitada más importante", nos dice Luna.
La pequeña iglesia familiar del feudo, engalanada con cientos de pétalos de flores, acogió la ceremonia religiosa, en la que una soprano y la interpretación de música clásica en directo contribuyeron a crear la atmósfera íntima. El cortejo nupcial, compuesto por ocho pajes y damitas —sobrinos e hijos de amigos íntimos de la familia— aportó la nota de frescura y espontaneidad.
La novia llevó un diseño exclusivo de su madre, Luisa Beccaria, inspirado en un vestido de alta costura que la diseñadora presentó en París, en 1993. "Diseñar el vestido de novia de mi hija fue una experiencia diferente a cualquier otro vestido que haya creado jamás. Verla tan feliz fue uno de los momentos más emotivos de mi vida", admite Luisa.
Tras el enlace, los invitados se trasladaron a los jardines árabes de la finca para disfrutar de un cóctel bajo los naranjos. A continuación, la cena —risotto de hinojo silvestre y limón verde y dorada del Mediterráneo al horno en costra de sal con patatas pequeñas y verduras de temporada— también se celebró al aire libre, en el olivar. Las mesas serpenteantes vestían manteles, vajilla y lámparas de araña de la colección de hogar de Luisa Beccaria, evocando las flores silvestres del jardín.
Al caer la noche, Luna sorprendió a los asistentes con un segundo estilismo: un conjunto de dos piezas creado también por su madre. Hecho a medida y bordado con fibras ópticas que se iluminaban en la oscuridad, estaba inspirado en la alta costura tecnológica que ya se vio en una Gala Met. "¡Brillaba como la luna llena! (Como mi nombre de pila)", relata la novia con emoción.
Bajo la luz de las estrellas y con un DJ al frente de la música, la celebración se prolongó en la pista de baile junto a la barra de cócteles hasta el amanecer.
En la fiesta, Luna sorprendió con un segundo estilismo, diseño también de Luisa Beccaria, bordado con fibras ópticas que se iluminaban en la oscuridad


















