Melendi es uno de los cantantes más admirados tanto por la crítica como por el público de nuestro país. El intérprete asturiano cuenta con más de dos décadas de trayectoria a sus espaldas; y numerosos premios y 24 Discos de Platino subrayan su éxito en la industria, de la cual sigue siendo uno de los principales referentes, siendo sus temas de los más escuchados tanto por los más mayores como por los más pequeños de cada casa. Sin duda, las letras del cantante se han convertido en himnos, y las más trascendentes tuvieron origen en los primeros años de su carrera.
Una etapa que, si bien fructífera en lo profesional, no fue una de las más idílicas en el plano más íntimo del cantante. Durante sus primeros años en el foco mediático, Melendi lidió con un problema con las adicciones, tal y como ha recordado durante su entrevista en el podcast El Rincón De Los Errores, donde ha desvelado también algunos secretos que marcaron estos agridulces años.
El incidente que marcó su vida
El cantante ha confesado que, en esos años, se construyó alrededor de sí mismo una coraza, en referencia a la estética "macarra" que marcaba su estilo, para ocultar así su vulnerabilidad. Una forma de autoprotección que mantuvo hasta el año 2007, cuando un hito impactó de tal forma que marcó un antes y un después en la vida del cantante. Fue durante un vuelo comercial hacia México cuando tuvo lugar un incidente que sirvió como el "punto de inflexión" en su vida con el que decidió tomar otro camino. Melendi define este momento como un punto de máxima "inconsciencia e inmadurez", coincidiendo con el innegable éxito de sus primeros discos, algo por lo que se consideraba a sí mismo el "ombligo del mundo".
Este altercado cambió su perspectiva y le hizo ganar el valor para enfrentarse a la problemática con las adicciones que estaba presente en su día a día. En este mencionado altercado, el cual describe como "el error que marcó mi vida", recordado con amargura por el intérprete, el piloto fue obligado a retroceder y dar la vuelta (y, con él, a los 300 pasajeros a bordo), lo que provocó su detención y, con ella, un proceso de reconocimiento personal. A raíz de esto comenzó un proceso de rehabilitación, aunque su entrada en terapia fue algo turbulenta ya que, en sus palabras, "yo no estaba preparado para recibir ayuda todavía".
Este incidente, así como las consecuencias que supuso en su vida privada (como el sufrimiento de su madre al conocer la situación), fue lo que le impulsó a "mirarse a sí mismo desde otro lugar", incidiendo en que si bien era complicado recordar lo acontecido, con perspectiva, lo describe como un "bendito error". "Una vez que has visto la verdad es muy complicado seguir creyéndote tus propias mentiras y seguir justificándote", apostillaba al respecto.
Sin embargo, y a pesar de sus sentimientos al respecto, ingresó voluntariamente, subrayando que "yo me vi obligado a pedir ayuda, pues porque las circunstancias, la voz pública, las compañías discográficas... o sea, yo directamente puse mi carrera en peligro". Unas sorprendentes palabras con las que "lo hice, evidentemente, porque no me quedaba otro remedio", incidiendo en que su gran autoestima debido a su éxito musical no le permitía comprender la gravedad de la situación. "No fui convencido de que tenía un problema, todavía no había reconocido que tenía un problema", subrayaba.
La razón detrás de su característica actitud
Su estética de "macarra" nació en esta época, coincidiendo con el principio de su tratamiento. Melendi ha desvelado en el podcast mencionado que su defensiva actitud no tenía otra razón que comportarse como una estrategia para así preservar su trayectoria profesional. "Tengo que disimular y hacer que me interesa lo que me están contando y que me creo esto", ha explicado, compartiendo así cómo desarrolló esta característica faceta.
Algo que fue "muy necesario" para preservar su integridad personal, ya que gracias a esto, comenzó un proceso de autodescubrimiento que le permitió analizar varios aspectos que estaban afectándole en su día a día. Al comprobar que otras personas hablaban sin tapujos de lo que estaban atravesando y cómo les hacía sentir, Melendi cuestionó su "personaje de macarra", apostillando que, en ese momento, "para mí la sensibilidad era un síntoma de debilidad por las consecuencias que me había traído".







