Joaquín Torres, tras su etapa más difícil, comparte la dolorosa lección que ha cambiado su vida: "No hay que mendigar amor"


El arquitecto se sincera sobre sus crisis, el dolor de su pasado y su reconstrucción: "Hay que amarse por encima de todo"


EL FAMOSO ARQUITECTO JOAQUÍN TORRES NOS ABRE POR PRIMERA VEZ LAS PUERTAS DE SU NUEVA Y FABULOSA CASA EN MADRID© Fernanda & Paloma
20 de junio de 2026 a las 18:38 CEST

Hay momentos en la vida de cualquiera en los que el éxito material se vuelve irrelevante y la pura supervivencia emocional pasa, inevitablemente, por el orgullo y el amor propio. Joaquín Torres tocó fondo públicamente, a la vista de todos, pero lejos de esconderse o rendirse entre los escombros de un año devastador —marcado a fuego por el luto, un grave accidente de moto y su separación—, ha decidido levantar un muro de contención mental para protegerse. Su última y más lúcida declaración de intenciones es un golpe valiente sobre la mesa que resuena a blindaje y a una profunda madurez: "No hay que mendigar amor". Es una frase que no nace en absoluto de la soberbia, sino del puro instinto de conservación de quien ya no está dispuesto a perder un solo gramo más de dignidad en su camino.

Estas palabras tan honestas marcan un antes y un después en su narrativa pública. Torres ya no nos habla desde la posición fría del hombre que finge que lo controla todo, sino desde la piel de aquel que ha entendido que el afecto que se suplica es, en realidad, la forma más sutil de desprecio hacia uno mismo. Para él, el amor ya no es un espacio de concesiones unilaterales ni de súplicas constantes, sino un territorio sagrado que debe pisarse siempre con la dignidad intacta. Al final, cuando se cierra la puerta de casa y desaparece por completo el personaje público, Joaquín Torres nos confiesa que en la intimidad es "un ser humano completamente corriente, con las mismas luces y sombras que todo el mundo. Alguien que quiere quererse, querer y que le quieran".

EL FAMOSO ARQUITECTO JOAQUÍN TORRES NOS ABRE POR PRIMERA VEZ LAS PUERTAS DE SU NUEVA Y FABULOSA CASA EN MADRID© Fernanda & Paloma
"No hay que mendigar amor", resalta al arquitecto

La reconstrucción tras el abismo

Esta evolución tan humana responde a que, tras años protegiendo una fachada de éxito absoluto y perfección, ha optado finalmente por la vulnerabilidad pública, reconociendo con el corazón en la mano que el dolor y el desamor se gestionan mucho mejor desde la aceptación. Es así como el hombre acostumbrado a diseñar estructuras inquebrantables de hormigón nos admite que su propia arquitectura emocional necesitaba una reforma urgente; un proceso sanador en el cual el desamor y el duelo ya no se camuflan bajo las apariencias, sino que se aceptan de frente como el único punto de partida real para reconstruirse de verdad: "Toqué fondo. La pérdida de mi madre me llevó al abismo, y durante un tiempo preferí olvidarla antes que recordarla. Cuando, finalmente, acepté su ausencia física y empecé a convivir con su recuerdo, todo cambió. De algún modo, ella me llevó al abismo, pero también me ayudó a salir de él. Hoy siento que soy la mejor versión de mí mismo, porque su presencia, de una forma u otra, sigue siempre cerca de mí".

EL FAMOSO ARQUITECTO JOAQUÍN TORRES NOS ABRE POR PRIMERA VEZ LAS PUERTAS DE SU NUEVA Y FABULOSA CASA EN MADRID© Fernanda & Paloma
Joaquín Torres en el comedor

En muy poco tiempo vivió de golpe la pérdida de sus padres, un accidente de moto gravísimo y una separación sentimental muy dura. Cualquiera se preguntaría cómo se sobrevive emocionalmente a algo así y además en tan poco tiempo, y él nos explica que lo hace "aceptando la realidad y centrándome en todo lo bueno que tiene la vida. Cambiando el punto de vista, el ángulo desde el que miras las cosas. Me centré en las presencias y no en las ausencias, en las fortalezas y no en las debilidades, y decidí centrarme en mí mismo. Decidí ponerme el primero en mi lista. Más allá del arquitecto mediático, intento cada día ser el ser humano que quiero ser: un Joaquín compasivo, bondadoso y humilde. Busco acercarme, poco a poco, a la mejor versión de mí mismo, a la persona que sueño llegar a ser".

En esa etapa tan oscura en la que sintió que había tocado fondo, aprendió una lección de vida que nos sirve a todos: “ todo depende de uno mismo y que el equilibrio y la serenidad vienen del interior. Hay que quererse primero a uno mismo antes de intentar, desesperadamente, que te quieran. No hay que mendigar amor; hay que amarse por encima de todo. Cuando uno se sabe suficiente, se acepta, se quiere y se perdona, todo fluye de una manera muy diferente. Hoy ya no quiero gustar a nadie, solo quiero gustarme a mí mismo". Y hoy, mirando atrás con serenidad, asegura convencido que "el pasado ya pasó. He aprendido a no juzgarme por mis errores, porque forman parte del proceso de aprendizaje. Lo que de verdad importa es lo que soy hoy".

Las claves y los fantasmas del pasado

Toda esta profunda transformación se articula a través de tres claves fundamentales que explican su mantra actual y los fantasmas de su pasado. En primer lugar, Torres ha entendido que el sufrimiento en las relaciones es el único que sí se puede elegir evitar, por lo que apuesta firmemente por soltar aquello que no es mutuo, priorizando su salud mental. Es un aprendizaje que cobra sentido al recordar una infancia y juventud complejas con “muchos errores y con carencias afectivas. Mi homosexualidad no aceptada me generó mucho sufrimiento. Pero el pasado, pisado. Me perdono y no voy a fustigarme ni un segundo más".

En segundo lugar, este año tan duro de rupturas y duelos, marcado por la distancia física y emocional con su pareja y el doloroso luto familiar, lo ha obligado a aprender a sostenerse por sí mismo. Esto implica algo tan sano como dejar de forzar situaciones o dinámicas de pareja que simplemente ya no fluyen de forma natural, asumiendo la distancia con madurez. Y es que Joaquín fue un niño que, según sus propias palabras, "intentaba, desesperadamente, ganarse el amor de su padre y no sentirse un fracaso por su identidad. Con el tiempo he entendido que aquella generación también estaba atrapada en otra cultura y con el rechazo propio de una época profundamente homófoba, que hoy entiendo mejor desde la distancia, pero entonces yo era demasiado vulnerable para poder gestionarlo. Para mí, mi padre fue mi padre, y como ocurre en casi todas las personas, su figura me marcó profundamente. Con el tiempo entendí que uno no puede cambiar a los demás, solo puede aprender a aceptarse a sí mismo. Durante años fui mi principal enemigo: el rechazo no venía solo de fuera, también venía de mí. Me costó aceptar mi identidad y, en ese proceso, viví momentos de gran conflicto interno. Hoy comprendo que aquello fue mi responsabilidad y parte de mi propio recorrido personal".

Joaquín Torres con su sobrina Catalina Zannetty Torres. En la página anterior, una vista del salón principal de la vivienda. Todo el interiorismo ha sido concebido por el arquitecto junto a su estudio, A-cero. Las mesas de centro, realizadas en madera de ébano, y el sofá, tapizado en seda color champán, forman parte de sus propios diseños. En la pared cuelgan dos obras horizontales del artista Sicilia. Debajo, la sala de estar© Fernanda & Paloma
Tras años protegiendo una fachada de éxito absoluto y perfección, ha optado finalmente por la vulnerabilidad pública, reconociendo con el corazón en la mano que el dolor y el desamor se gestionan mucho mejor desde la aceptación

Su padre ya no está, y Joaquín lo afronta afirmando de forma tajante: "Mi padre ya no está, y no voy a volver a hablar mal de él. Él fue responsable de su vida, de sus aciertos y de sus errores, igual que yo lo soy de la mía. Hoy elijo quedarme solo con lo bueno. Si no lo hizo mejor, es porque no pudo o no supo; nadie elige equivocarse".

Finalmente, de todo este proceso emerge la madurez del "no" junto a la dignidad como el único refugio posible. Es un paso que, lejos de la soberbia que algunos puedan ver, su entorno más cercano destaca que nace de un profundo cansancio emocional y de la necesidad imperiosa de sanar sin depender de la validación ajena. 

Se trata de anteponer el respeto a su propia historia frente al miedo a la soledad que todos compartimos, porque, si el afecto no es recíproco, la retirada a tiempo es siempre la única victoria posible. En el recuerdo, cada segundo vivido con su madre fue de una cercanía inmensa : "Cada segundo vivido con ella fue luz y paz. Mi madre ha sido el mejor regalo que me ha dado la vida. Tenía una manera única de afrontarla, incluso en los momentos de mayor caos. Nunca la vi enfadada, aunque aún hoy pueda convivir con rabia de que ya no esté, la recuerdo como una inspiración constante. Ojalá algún día logre acercarme, aunque sea mínimamente, a su grandeza, a su humildad y a su sabiduría. Ojalá, Joaquín, pueda llegar a ser un poco más JOAQUINA, mi querida madre".