EN UN NÚMERO ESPECIAL DE ¡HOLA! DEDICADO AL PAPA, DESCUBRIMOS SU LADO MÁS DESCONOCIDO

'Gamer', fan de Jannik Sinner y libretas Moleskine: así es el Papa León XIV en la intimidad


Nuestro número especial de colección desgrana las aficiones más sorprendentes del Sumo Pontífice, un hombre moderno que aprende alemán con el móvil y le encantan los ceviches


El papa León XIV desde la ventana del Palacio Apostólico © Getty Images
Luis NemolatoDirector especiales ¡HOLA!
24 de mayo de 2026 a las 6:00 CEST

Es el 267º sucesor de San Pedro, el líder espiritual de más de 1.400 millones de almas y un Jefe de Estado capaz de callar a Donald Trump y de paralizar España entera con su inminente visita y poner el contador a 0 en la velocidad de cómo el mundo va a afrontar ahora el desastre de la inmigración y la guerra. Pero debajo de la impecable sotana blanca de Robert Francis Prevost late el corazón de un hombre de carne y hueso, como el de cualquier otro ser humano. Un hombre que sufre de insomnio, que bromea sobre su afición al tenis, que es un fanático del béisbol y que no le hace ascos ni a un buen ceviche peruano, obviamente, pero tampoco a un plato de escarabajos fritos. 

Para calentar motores de cara a este viaje histórico —y como aperitivo de todo lo que van a descubrir en la edición de coleccionista de ¡HOLA!—, hemos rastreado las anécdotas más fascinantes y los placeres más mundanos del Papa León XIV. Prepárate para descubrir al hombre detrás del santo Padre.

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Si alguien imaginaba al actual Pontífice rodeado únicamente de pergaminos antiguos, legajos con borrones de tinta y velas titilantes a la luz de la luna, se equivoca por completo. León XIV es un enamorado de las nuevas tecnologías, un matemático de mente ágil que entiende perfectamente el mundo hiperconectado en el que vivimos. De hecho, la víspera de aquel cónclave histórico que cambiaría su destino para siempre, el entonces cardenal Prevost no se encerró a meditar en soledad; pasó un buen rato jugando online con su hermano. Y es que el Papa es un asiduo a retos virales como el Wordle o el Words With Friends —una suerte de Scrabble digital—, con los que compite a diario. 

Esa inquietud mental no descansa ni de noche. Cuando el insomnio asoma por las ventanas del Palacio Apostólico, el Santo Padre coge su teléfono móvil y… estudia alemán. Su apego a las nuevas formas de comunicación es, de hecho, como el de cualquiera con un nuevo trabajo y linkedin. Apenas cuarenta y ocho horas después de asomarse al balcón de San Pedro para dar su primera bendición urbi et orbi, ya había ordenado rediseñar la página web del Vaticano y tomar las riendas de su perfil de Instagram, comprendiendo a la perfección que el nombre de su cuenta, Pontifex, significa literalmente “puente”.

El papa León XIV montado en el papamóvil© Getty Images
El papa León XIV llega en el papamóvil a la audiencia general semanal en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano

Esa misma agilidad que despliega en las pantallas la traslada al terreno físico. O sea, que le chifla el deporte. Los martes, que es su día con más claros en la agenda, suele nadar y jugar al tenis. Antes de su entronización, se le veía jugar en una pista cercana a la plaza de San Pedro y acudía a un gimnasio convencional como cualquier ciudadano anónimo. Era tan discreto que su entrenador personal, casi se cae de espaldas al encender la televisión y ver a su pupilo vestido de Papa saludando al mundo. 

Su afición a la raqueta es tan grande que durante el Jubileo de las familias, no dudó en encender el televisor para seguir el partido entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. Así que al propio Sinner no le quedó otra que regalarle una raqueta en una audiencia reciente e, incluso, le emplazó a echar un partido.

El papa León XIV desde la ventana del Palacio Apostólico © Getty Images
El papa León XIV se dirige a la multitud desde la ventana del Palacio Apostólico durante el rezo del Regina Caeli

El Papa es de buen comer. Tras doce años viajando por el mundo como General de los Agustinos, tampoco su paladar entiende de fronteras. Su etapa como misionero lo dejó enamorado de la gastronomía criolla peruana y es cero melindres. Lo mismo devora unos escarabajos fritos en África que se pirra por el babá al rhum napolitano. 

Eso sí, la nostalgia a veces llama a su puerta, y es entonces cuando echa de menos su Chicago natal y suspira por una pizza de masa fina, un pastel de chocolate o un buen perrito caliente que, por exigencias innegociables de su paladar, jamás debe llevar kétchup. Esta profunda empatía por el placer de sentarse a la mesa la traslada también a los más necesitados, organizando comidas para miles de personas vulnerables en el Aula Pablo VI donde él mismo degusta el menú a base de lasaña y filetes empanados.

El papa León XIV eleva la hostia durante la misa funeral del cardenal Emil Paul Tscherrig en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro© Getty Images
El papa León XIV eleva la hostia durante la misa funeral del cardenal Emil Paul Tscherrig en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro

Pero no solo de pan vive el hombre. El perfil intelectual de León XIV asoma en cada uno de sus pequeños gestos. Si uno se fija detenidamente durante sus retransmisiones, descubrirá a un hombre que marca los silencios de sus discursos quitándose y poniéndose las gafas de ver, y que inclina sutilmente la cabeza hacia el hombro izquierdo cuando practica la escucha activa. Para no perder detalle de la vida, siempre lleva consigo una clásica libreta Moleskinede tapa negra donde toma notas. Es en esos momentos de reflexión donde aflora su vena melómana. 

De niño cantaba en el coro de la parroquia, y hoy, aunque defiende la música sacra para elevar el alma, se le van los pies con los valses criollos, hasta el punto de que en 2014 se hizo viral un entrañable vídeo suyo cantando Feliz Navidad en Perú. Y si la tarde invita a sofá y palomitas, sus gustos cinematográficos son toda una declaración de intenciones: clásicos como ¡Qué bello es vivir!, Sonrisas y lágrimas o La vida es bella.

El papa León XIV aparece durante la misa funeral del cardenal Emil Paul Tscherrig en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro© Getty Images
Otra imagen del papa León XIV durante la misa funeral del cardenal Emil Paul Tscherrig en la Basílica de San Pedro

Toda esta asombrosa humanidad se envuelve en una estética que huye del boato. León XIV se negó en rotundo a usar los zapatos rojos de algunos de sus predecesores, prefiriendo el cuero negro en señal de humildad, la misma que le lleva a lucir en la muñeca un sencillo reloj suizo de los años noventa con correa de silicona que no llega a los cien euros. 

Una vida sencilla, plagada de detalles entrañables, tics espontáneos y aficiones mundanas que, lejos de restarle misterio, nos descubren al Papa León XIV en su faceta más auténtica: la de un hombre extraordinario con un corazón deliciosamente terrenal.