Mónaco vivió el pasado sábado un día para la historia con la visita del Papa León XIV, al tratarse de la primera que hace en cinco siglos un jefe supremo de la Iglesia Católica. Fue una jornada para los anales que nos dejó momentos inolvidables tanto para los Grimaldi como para su pueblo, quienes agasajaron a su invitado de honor con una bienvenida por todo lo alto. Un acontecimiento donde los príncipes Jacques y Gabriella, como era de esperar, acapararon buena parte de las miradas y robaron el protagonismo a los adultos.
Ese día pudimos comprobar, a través de las innumerables imágenes que captaron los fotógrafos de la prensa internacional, cómo fue la recepción al pontífice y los diferentes actos que había programados durante la estancia de este en el pequeño y acaudalado estado. Ahora, ha sido la Casa Principesca la que ha querido compartir el retrato oficial de los hijos de Alberto y Charlene, donde se aprecia un curioso detalle que nos ha llamado la atención. Se trata del gesto corporal que tienen ambos hermanos frente a la cámara, más idénticos y mimetizados que nunca.
Es evidente que los dos pequeños de 11 años guardan un gran parecido físico, puesto que son mellizos, pero en este caso son un calco el uno del otro. La fotografía ha sido tomada en Palacio, con los rayos de sol entrando por su amplios ventanales e iluminando por completo la sala. En ese majestuoso escenario, los niños están de pie y rectos, en paralelo, cruzan sus manos y las apoyan de igual manera, luciendo a su vez la misma media sonrisa en el rostro. Parecen clonados, mientras que en anteriores posados que hemos visto de ellos según ha ido creciendo, no se había dado esa exactitud tan palpable y casi milimétrica.
El look de Gabriella a juego con su madre
La nieta de los recordados Rainiero III y Grace Kelly llevó para esa fecha tan trascendente un estilismo completamente a juego con el de Charlene de Mónaco, adaptado a su edad pero igual de cuidado y simbólico. Llevaba un abrigo blanco de inspiración clásica, con cierre frontal de botones y una silueta ligeramente entallada que se abría en un bajo con volumen, evocando ese aire de cuento tan propio de la realeza europea. En cuanto al vestido, era de manga larga con cuello bebé (Peter Pan) adornado con encaje floral, y lo completaba con bailarinas blancas y un peinado sencillo, logrando una imagen dulce y elegante.
Compartía Gabriella con su madre el llamado 'Privilegio del blanco', una de las normas más exclusivas del protocolo vaticano en deferencia y respeto a aquellas monarquías que son católicas. Tradicionalmente, las mujeres deben ir de negro y cubrirse la cabeza (con una mantilla) durante el encuentro con el Santo Padre. Sin embargo, un reducido grupo de reinas y princesas que profesan esta religión -entre ellas, la de Mónaco- tienen el derecho excepcional de vestir con el color más claro de todos. Simbolizando pureza, inocencia y paz, actualmente disfrutan de esta consideración doña Letizia y Sofía de España, Matilde y Paola de Bélgica, así como María Teresa y Stéphanie de Luxemburgo.
La hija de Alberto II también nos dejó una secuencia muy comentada durante la visita papal, que fue la reverencia que esta le hizo a León XIV nada más verlo, imitando así lo que había hecho segundos antes su progenitora. Por su parte, Jacques se inclinó respetuosamente ante el pontífice, en esta cita tan importante donde vestía de impecable traje y corbata como su padre. Además, los dos jovencitos tuvieron la oportunidad de saludar a la ciudadanía desde el balcón junto al líder religioso. No faltaron otros miembros de la familia monegasca, caso de las princesas Carolina y Estefanía, Charlotte y Pierre Casiraghi, Beatrice Borromeo o Louis y Marie Ducruet.







