Quién es Daniel, el hermano de David Broncano que creó un festival único tras la muerte de su mujer


"Falleció de forma trágica antes de que pudiéramos comenzar el proyecto"


"Desde el principio todo tuvo una carga emocional enorme. De alguna manera, el festival también se convirtió en una forma de rendirle homenaje, porque ella fue fundamental en esos primeros pasos", explica Broncano refiriéndose a su mujer que murió
15 de mayo de 2026 a las 14:09 CEST

En Segura de la Sierra, un pequeño municipio de Jaén suspendido entre montañas y silencio, la música ha dejado de ser un visitante ocasional para convertirse en identidad. Detrás de esa transformación está Daniel Broncano, clarinetista de formación —instrumento con el que inició su trayectoria en la música clásica— y gestor cultural, hermano del presentador David Broncano, impulsor del festival Música en Segura que se encuentra en décimo tercera edición... Su historia profesional arranca lejos del despacho y cerca del atril: como intérprete de clarinete, antes de dar el salto a la gestión cultural en instituciones como la Orquesta de Córdoba y la Sinfónica de Tenerife.

Desde esa doble mirada —la del músico y la del organizador— fue dando forma a un proyecto que nació casi como una intuición adolescente: llevar la música a su tierra y demostrar que un entorno rural podía convertirse en escenario de referencia. El impulso inicial, compartido con su mujer, la mezzosoprano Felicity Smith, fallecida antes de la primera edición del festival, acabó cristalizando en un encuentro entre naturaleza, patrimonio y creación musical. Hoy, mientras consolida una nueva etapa centrada en Segura, defiende una idea clara: sacar la música clásica de los auditorios para devolverla a espacios vivos —una aldea al amanecer, una cooperativa o un paisaje abierto— donde el público deja de ser espectador para formar parte de la experiencia. Segura de la Sierra.

Daniel Broncano, hermano del periodista David Broncano de 'La Revuelta'© @danielbroncano
Daniel Broncano, creador y fundador de 'Musica en Segura'

“Música en Segura” ha convertido un pequeño pueblo de Jaén en un escenario cultural de referencia. ¿En qué momento sentiste que el festival dejaba de ser un proyecto local para convertirse en algo mucho más grande?

La verdad es que todo comenzó casi como un sueño de adolescencia, incluso de niño. Tenía esa fantasía de pensar que algún día alguna gran figura de la música clásica descubriría el pueblo y vendría aquí a ofrecer conciertos. Después, ya desde un lugar mucho más realista y práctico, en 2013, cuando yo era un joven músico que estudiaba en Londres, empecé a organizar recitales en Segura. Lo hice sin demasiadas pretensiones, simplemente con la ilusión de llevar música a la tierra donde había nacido y de conseguir que también vinieran visitantes de fuera. Hay proyectos que nacen desde la pasión, sin pensar demasiado hasta dónde pueden llegar, y, sinceramente, trece años después seguimos sintiendo que esto todavía tiene muchísimo camino por recorrer y que aún puede evolucionar mucho más.

Cuando empezaste el festival, ¿qué era más fuerte: la intuición artística o la sensación de estar asumiendo un riesgo personal enorme?

Ambas cosas. El festival nació de la mano de mi mujer, Felicity Smith, una mezzosoprano neozelandesa que falleció de forma trágica antes de que pudiéramos empezar el proyecto. Así que desde el principio todo tuvo una carga emocional enorme. De alguna manera, el festival también se convirtió en una forma de rendirle homenaje, porque ella fue fundamental en esos primeros pasos. Y claro que era arriesgado. Lo sigue siendo hoy en muchos sentidos. Aunque ahora contamos con el apoyo de instituciones y administraciones, continúa siendo un festival independiente. Además, la propia propuesta es arriesgada: los conciertos, la manera de presentar la música, los formatos en mitad de la naturaleza. Todo tiene algo de desafío. Lo artístico, lo financiero, lo conceptual. Hacer música clásica en un pequeño pueblo ya implica una apuesta en sí misma. Pero precisamente ahí está también la parte más emocionante y maravillosa.

¿Recuerdas el instante en el que imaginaste por primera vez que Segura de la Sierra podía dialogar con el mundo a través de la música?

Sí, perfectamente. Recuerdo una tarde tórrida de agosto de 2013 diseñando el logo en un cuaderno. Dibujé aquella “M” con la silueta del castillo detrás y debajo. Se la mandé a un diseñador y, curiosamente, el logo sigue siendo prácticamente igual. Ahí empezó realmente la idea del festival. Al principio había mucho más idealismo que realidad, claro, pero ya desde la primera edición vimos llegar público de Inglaterra y de distintos puntos de España. Entonces empezamos a entender que el potencial de atraer visitantes a través dela música clásica era muy real.

Hoy el festival está plenamente consolidado. ¿Cuál ha sido el momento en el que sentiste que ya no dependía solo de ti?

Diría que a partir del tercer año, cuando el equipo empezó a profesionalizarse. Y hubo algo muy bonito: darme cuenta de que el escenario había crecido tanto que ya no podía ocuparlo yo, porque actuaban artistas de un nivel muchísimo más alto. Ahí entendí que me estaba convirtiendo más en un gestor cultural que en un intérprete. Ha sido una transición muy bonita, porque la música me ha llevado también a trabajar en otros lugares. Todo lo que aprendí en “Música en Segura”, primero de manera autodidacta y después ya con una visión mucho más profesional, me abrió nuevos caminos. Siempre intentando alcanzar el estándar de producción y gestión más alto posible.

Daniel Broncano fundó un festival para homenajear a su difunta mujer © @danielbroncano
"Desde el principio todo tuvo una carga emocional enorme. De alguna manera, el festival también se convirtió en una forma de rendirle homenaje, porque ella fue fundamental en esos primeros pasos", explica Broncano refiriéndose a su mujer, Felicity Smith, una mezzosoprano neozelandesa que falleció de forma trágica

La idea me parece maravillosa. ¿Qué aporta un lugar así que una sala de conciertos no puede ofrecer?

La música clásica ha vivido, desde finales del siglo XIX, un proceso de “musealización”, trasladándose a auditorios cada vez más grandes y alejándose de los espacios donde originalmente se interpretaba. Y aunque esos auditorios son necesarios e importantes, sacar la música de ahí y llevarla a un entorno natural o a una fábrica de aceite transforma completamente la experiencia. La gente activa mucho más los sentidos y, sobre todo, desaparece esa percepción de que la música clásica requiere una formación previa o que está reservada solo para unos pocos. Cambiar el contexto hace que la belleza y la fuerza de la música resalten todavía más.

Si cierras los ojos, Daniel, ¿qué instante del festival recuerdas de forma irrepetible?

Uno de los momentos más especiales fue el concierto del amanecer del año pasado. Es un formato que llevamos haciendo desde hace nueve años, pero por primera vez sentimos que todo había salido exactamente como soñábamos. Fue en la aldea de La Huerta, un lugar absolutamente idílico, donde ya no vive población durante todo el año. A las siete y media de la mañana había trescientas personas sentadas, con las entradas agotadas. Olía a hierbabuena, las chimeneas de los cortijos cercanos seguían humeando, se escuchaban las ovejas y los gallos… Y entonces, a las cinco y media, comenzó a sonar la llamada de las trompas anunciando el inicio del concierto, que después continuaba con un desayuno gourmet. Son momentos de una belleza verdaderamente sobrecogedora.

En todo este proceso, ¿cuándo dejaste de verte solamente como músico para empezar a sentirte constructor de experiencias culturales?

Creo que el gran cambio llegó con la pandemia. Fue un momento de transformación para muchísima gente y también para mí. Aunque ya antes, alrededor de 2015 o 2016, empecé a darme cuenta de que disfrutaba muchísimo organizando conciertos y viendo cómo se llenaban de público. Al principio da vértigo, porque cuando eres músico dedicas tu juventud a perfeccionar tu instrumento y cambiar de identidad profesional no es sencillo. Pero al final se trata de apostar por aquello en lo que crees que puedes aportar más.

Has tenido además un recorrido muy importante en gestión cultural: gerente de la Orquesta de Córdoba, director gerente de laSinfónica de Tenerife… ¿Qué te han aportado esas experiencias?

Son trabajos puramente de gestión cultural y artística. En una orquesta pública el principal activo son las personas: cincuenta, noventa músicos trabajando juntos para ofrecer conciertos y desarrollar proyectos. Es otra vertiente maravillosa de la música clásica. Supone dirigir la actividad artística, pensar estratégicamente y crear las mejores condiciones posibles para que exista excelencia musical.

Daniel Broncano durante una íntima entrevista para la revista HOLA© @danielbroncano
"Uno de los momentos más especiales fue el concierto del amanecer del año pasado. Es un formato que llevamos haciendo desde hace nueve años, pero por primera vez sentimos que todo había salido exactamente como soñábamos", cuenta para HOLA

¿Hay mucha diferencia entre liderar una orquesta y dirigir un festival como este?

Son desafíos completamente distintos. Un festival tiene la intensidad de algo que sucede en un periodo muy concreto y te permite experimentar libremente con formatos y experiencias. Una orquesta, en cambio, requiere cuidar durante todo el año a un equipo enorme y crear un estado de ánimo que favorezca la excelencia artística. Al final, el objetivo es siempre el mismo: conseguir hacer la mejor música posible.

He leído que vas a dejar la dirección de la Orquesta Sinfónica deTenerife.

Sí. Ha sido una etapa maravillosa y la Sinfónica de Tenerife es una de las mejores de España. He disfrutado muchísimo, pero ahora necesito volver a centrarme más en “Música en Segura” y encontrar también un mayor equilibrio en lo personal y lo familiar.

¿Ese deseo de cambio responde también a una necesidad de replantearte el rumbo?

Sí, sobre todo tiene que ver con buscar equilibrio en la vida personal y familiar. En eso estamos.

¿Qué te ha enseñado trabajar dentro de grandes instituciones culturales a la hora de tomar decisiones?

Te obliga a pensar siempre en clave de interés colectivo. Cuando gestionas una institución pública tienes que buscar lo mejor para el proyecto y para la sociedad por encima de cualquier interés individual. A veces eso puede ir incluso en contra de alguna de las partes, pero el objetivo es que una orquesta pública, que cuenta con un importante presupuesto público, tenga el mayor impacto posible y llegue al máximo número de personas.

Broncano junto a la comitiva que respalda su festival en Segura© @musicasegura
"Segura tiene algo épico, tanto visto desde abajo como desde arriba. Y luego sucede algo muy curioso: cuando algunos llegan a ciertos espacios, como la cooperativa en mitad del polígono industrial, piensan que se han equivocado de sitio. Dudaban de que pudiera acudir público allí. Pero después se encuentran con seiscientas personas y ni una sola butaca vacía, y no se lo creen", revela

¿Y qué parte de ti sigue siendo, ante todo, músico?

Toda. Porque, al final, desde resolver cómo mover unos remolques para montar un escenario hasta gestionar un contrato administrativo, todo tiene un mismo propósito: conseguir que la música llegue a las personas, les emocione y mejore sus vidas. Hay muchísimos retos, algunos muy prosaicos, pero detrás de todos está esa motivación profunda de hacer que la música ocupe un lugar central en la vida de la gente.

Una curiosidad: ¿qué crees que les ocurre a los músicos cuando llegan por primera vez a Segura de la Sierra?

Se quedan fascinados por el entorno. Segura tiene algo épico, tanto visto desde abajo como desde arriba. Y luego sucede algo muy curioso: cuando algunos llegan a ciertos espacios, como la cooperativa en mitad del polígono industrial, piensan que se han equivocado de sitio. Dudaban de que pudiera acudir público allí. Pero después se encuentran con seiscientas personas y ni una sola butaca vacía, y no se lo creen.

En casa compartes apellido con el presentador David Broncano, una figura muy conocida en España. ¿Cómo se vive desde dentro una exposición pública tan distinta dentro de la misma familia?

Con absoluta normalidad. Él es una persona muy conocida y creo que hace muy bien su trabajo. Yo intento hacer igual de bien el mío y nos apoyamos mutuamente.

¿Os consultáis cosas profesionales?

Sí, claro, como hacen muchos hermanos. Además, él siempre ha estado muy pendiente del festival, viene cada año y tiene una mirada muy interesante sobre este tipo de proyectos y espectáculos. Lo comentamos todo de una manera muy natural.

La presentación oficial del festival en el Colegio de arquitectos en Jaén© @musicasegura
La presentación oficial del festival en el Colegio de arquitectos en Jaén

Y ya para terminar, después de todo lo vivido, ¿qué momento te ha hecho sentir más orgulloso lejos de los focos?

Creo que algunos de los momentos más emocionantes han sido los proyectos sociales. Recuerdo especialmente conciertos en hospital es con la Orquesta de Córdoba, viendo cómo personas que atravesaban momentos muy difíciles se abrazaban o incluso bailaban con la música. Y también actuaciones en el centro penitenciario con la Sinfónica de Tenerife. Ahí entiendes realmente la fuerza transformadora de la música.

¿Qué sigue emocionándote hoy, después de tantos años trabajando en cultura y música?

La música en sí misma. El día que un concierto deje de conmoverme profundamente, dejaré de dedicarme a esto. Porque la música clásica no es un lugar donde uno vaya a hacerse rico. Todos los que trabajamos en ella lo hacemos porque todavía hay momentos en los que la música sigue quemándonos la piel.