Verdeliss nos confiesa cómo ha logrado superar su reto más extremo (254 kilómetros en 24 horas): "Me merezco sentirme orgullosa"


Desafiando al cuerpo, a la mente y a sus propios límites


Verdeliss nos confiesa cómo ha logrado superar su reto más extremo (254 kilómetros en 24 horas): “Me merezco sentirme orgullosa”
6 de marzo de 2026 a las 17:37 CET

24 horas sin detenerse. 254 kilómetros desafiando al cuerpo, a la mente y a los propios límites. Lo que para muchos sería una locura, para Estefanía Unzu, más conocida como Verdeliss, atleta y empresaria de 40 años, era un asunto pendiente consigo misma. No se trataba solo de resistencia física, sino de cerrar una herida, de regresar al punto exacto donde un día dudó y demostrar que esta vez no habría abandono. El resultado fue mucho más que una cifra. Fue un hito personal, una victoria íntima y poderosa que ya forma parte de su propia historia de hazañas personales.

Media Image© GTRES

¡Felicidades, Verdeliss! 24 horas corriendo sin parar y más de 250 km… una locura. Queremos que nos cuentes cómo fue de verdad.

Es lo más duro que he hecho en mi vida.

¿Sí?

Sí. De verdad. Sí, sí. O sea, un nivel de esfuerzo físico y mental brutal. Necesito descansar.

¿Más que lo de siete maratones en siete días?

Sí, sí. La diferencia es abismal: en un maratón son tres horas y luego reseteas, reinicias… aquí fueron 24 horas seguidas, sin tregua, acumulativas, y eso pesa como una losa. No es solo el bucle mental; es el dolor de piernas que no cede. Me repetía una y otra vez: "No estás cansada, solo hay dolor. Tú eres más fuerte". El cansancio me llevó al límite absoluto.

La cinta no se mueve, pero tú corriste sin parar…¿cómo llevaste tanta monotonía?

Bueno, yo llevo muchas horas en la cinta de correr, porque al final mi vida no deja de ser la de una madre con ocho hijos, con trabajo, con una vorágine que a veces resulta muy estresante y el tiempo nunca alcanza. La cinta se ha convertido en mi refugio, en ese espacio intempestivo donde puedo dedicarme a correr, aunque sea por unos minutos. De hecho, entreno más que al aire libre, así que ya tengo mucha preparación acumulada allí. Cuando me propuse este reto de 24 horas, lo único que les dije fue: “Necesito distraer mi mente de alguna manera”. Así que me acompañé de series y vi el final de Stranger Things. Pero, siendo honesta, no me enteré de casi nada, porque mientras corres el cerebro entra en una especie de nubla mental. Miraba la pantalla, pero no prestaba atención. Al final, no sé si fue efectivo o no, pero sí fue un momento mío, un pequeño respiro en medio del caos cotidiano.

Verdeliss nos confiesa cómo ha logrado superar su reto más extremo (254 kilómetros en 24 horas): “Me merezco sentirme orgullosa”© Inma Fiuza

Hubo momentos en que tu cuerpo te decía “basta” y tu cabeza tenía que convencerlo para seguir, ¿cómo fue esa charla contigo misma?

Sí, esto me pasó muchísimo en la última hora. Porque, ¿qué sucede? Que hay pocas baterías que aguanten 24 horas. Hablo a nivel de dispositivos: tenía uno con las series que estaba viendo, unos cascos… no sé si perdía mucho el foco de lo que veía, pero al menos tenía algo de compañía. Pero cuando quedó solo una hora, se me quedaron sin batería los cascos, así que tuve que apagarlo todo. Necesitaba distraerme de alguna manera. Así que empecé a hablar conmigo misma en bucle, mandándome mensajes positivos: “¿Estás terminando todo esto? ¿Lo has conseguido? ¿Lo has luchado? Eres más fuerte que el dolor”. Y los repetía, una y otra vez, durante toda esa hora. Hablaba sola, sí, y estoy segura de que quien me veía desde fuera pensaba que estaba completamente loca, pero, en realidad, eran mis palabras las que me empujaban a seguir.

Cuando viste que habías logrado superar el reto, ¿te sentiste como una superwoman o, más bien, como alguien que descubrió que sus límites son más grandes de lo que imaginaba?

Pues mira, era como un asunto pendiente que tenía conmigo misma. En primer lugar, me propuse esto como un reto de fuerza mental, porque la ultra distancia es muy diferente. El año pasado intenté correr 12 horas en Venecia y abandoné a las 2:00 de la madrugada. Perdí la motivación. Ahí es fácil autocompadecerse: te has retirado, has abandonado, te has torcido un tobillo, tienes una lesión. Pero cuando se trata de fuerza y voluntad, yo misma me saboteo muchísimo. Y dije: "Necesito volver a intentarlo". Entonces surgió esta propuesta de 24 horas de Decathlon y pensé: "Esta vez no voy a abandonar. Esta vez voy a cerrar esa herida".

Verdeliss en su reto 24 horas corriendo © GTRES

¿Y qué te llevó a pensar así? Porque podían pasar muchas cosas.

Sí, podrían pasar muchas cosas. Pero al final, la vida va de retos, de superarse a una misma, de conocer tus límites. Supongo que, cuando al final de los días vea la historia de mi vida, habrá páginas que impacten más o menos, y esto quedará escrito como un súper hito. Me hace sentir muy poderosa.

En plena madrugada, con el cansancio a tope, ¿hubo algún momento en que pensaste «no puedo más»? 

La plena madrugada se me hizo entretenida, porque yo empecé a las siete y media de la tarde. En esas primeras horas todavía no llevaba mucha fatiga y fue bonito porque fueron 24 horas viendo la vida madrileña despertar. Vi a la gente yéndose a sus trabajos, cómo salía el sol, los camiones de basura pasando, los coches de policía patrullando que venían a saludarme, me mandaban ánimos, incluso me dejaron carteles. La noche se me hizo entretenida, más divertida de lo que esperaba. Creo que lo peor llegó  más o menos con el amanecer, porque ahí empezó a pesar más la fatiga muscular. Pero a partir de ese momento también empezó a juntarse más gente, que se ponía en los escaparates, me sonreía, me hacía gestos, algunos incluso escribían mensajes en el móvil y los colocaban en el cristal para que los leyera. Eso fue una gran motivación y, sin duda, me ayudó a llegar a esas 24 horas.

Verdeliss en hoodie y shorts, levantando una medalla con su mano derecha, sonriendo.© @verdeliss
Verdeliss al comenzar totro de sus grandes retos de running© @verdeliss

Vamos, que te sentiste muy querida.

¡Mogollón! Sí, sí. El final fue apoteósico: se juntó tantísima gente que incluso invadieron un poco la carretera, hicieron una cuenta atrás. Y esa última hora, aunque yo estaba consumida, la viví con un subidón interno, un chute de endorfinas que no se puede describir.

¿Y cómo te ayudó tu marido a mantenerte motivada mientras corrías sin parar?

Mi marido estuvo las 24 horas conmigo. Parece que solo se habla de mi desafío, pero él también estuvo todo ese tiempo sin dormir, porque habíamos acordado que cada hora me llevaría la comida y todo lo que yo le pidiese. Estuvo al pie del cañón durante todo el tiempo.

¿Cómo te alimentaste?

Pues probé de todo. Claro, me daba un poco de miedo. Yo soy maratoniana y, en las maratones, siempre me llevo geles, pero al estar tantas horas me preocupaba que el estómago empezase a tolerarlo mal. Por eso llené una mesa con un montón de cosas: cremas de arroz de bebé, frutitas tipo potito, pepinillos, bocadillos, geles, gominolas… y pensé: "Mira, seguro que me irá apeteciendo algo a lo largo del día". Porque a veces se te cierra el estómago, y eso es uno de los problemas que pueden pasar en un reto tan largo. Por eso tienes que ser muy disciplinada e ir comiendo algo cada 45 minutos o cada hora. Y lo curioso es que, a pesar de todo, lo que más me apetecía eran las gominolas. 

Verdeliss con camiseta gris, shorts blancos y calcetines rojos, sosteniendo una medalla.© @verdeliss

¿Y tus ocho hijos? Aunque no estuvieran contigo, ¿cómo te dieron fuerza desde la distancia?

Mis hijos estaban presentes de otra manera. Mis padres se quedaron con ellos en casa y continuamente nos enviaban vídeos. Aritz, cada vez que venía, me enseñaba uno. Para mí eran un recordatorio constante de ellos: mis padres, mi hermana, mis hijos. Todos estaban súper pendientes.

Cuando pensabas en tu familia mientras corrías, ¿qué te daba más energía?

La lección que aprenden de todo esto es que, al final, en el deporte, si quieres obtener resultados, hay un sacrificio de por medio. Y es algo que van a tener que aplicar en todo en esta vida: en las carreras, en los trabajos, en los desafíos que se les pongan por delante. Tengo muy presente que soy el mayor espejo en el que se pueden mirar. Eso, para mí, es una fuerza enorme y lo que me da la fortaleza para continuar.

Al llegar a la meta de los 254 kilómetros, ¿hubo alguna sensación inesperada, física o mental, que te sorprendiera y no habías imaginado antes?

Pensaba que la verdadera dificultad iba a ser la fuerza mental, para lo que me había estado preparando, porque me frustraba mucho no ser capaz de sobrellevarlo. Pero, en realidad, lo más desafiante fue el dolor de piernas. Correr 24 horas seguidas en una cinta sin parar, solo bajándote para ir al baño —porque, claro, no llevaba pañal—, es otra historia.Yo me propuse ir cada tres horas, así que hacía una pausa rápida y volvía a la cinta. Pero, a partir de la hora doce o quince, pararse se volvió muchísimo más duro. Cada vez que bajaba, volver a reiniciar, ponerme a correr, era un suplicio: las piernas dolían, pesaban más y costaba reactivar el ritmo. Ahí fue donde sentí mis momentos más vulnerables, esos en los que cada paso exigía un esfuerzo casi heroico.

Verdeliss en pleno reto extremo corriendo durante 24 horas © GTRES

¿Qué has aprendido sobre tus límites y tu capacidad de aguantar, más allá de la fuerza física?

Que debes  tener la capacidad de mirar hacia adelante y no rendirte. Porque, en esas 24 horas, la meta parece tan lejana que casi no tiene fin. Aquí me ayudó muchísimo el hecho de plantearme pequeños objetivos cada tres horas: como si fuera un embajador español marcando hitos, cada mini meta me acercaba un poco más al final. Yo lo viví como un entrenamiento dividido en bloques: ocho series de tres horas cada una. Saber organizarlo así, ser más lógica y paciente, ir cumpliendo estos pequeños hitos, fue lo que realmente me permitió avanzar y mantenerme firme.

Si tuvieras que resumir toda esta experiencia en una palabra o una sensación, ¿cuál sería?

Brutal. De verdad, es lo más duro que he hecho en mi vida, pero precisamente por eso también ha sido muy satisfactorio, muy bonito. Y mira, esta vez sí que voy a decir que me merezco sentirme orgullosa.

Si alguien piensa que esto fue más espectáculo que deporte, ¿qué le dirías sobre lo que se siente en el corazón mientras corres tanto tiempo seguido?

Que puede parecer un espectáculo, pero hay que ser una gran deportista para poder, primero, aguantar 24 horas seguidas y, segundo, recorrer 254 kilómetros.

Ahora que has superado este desafío extremo, ¿ya estás pensando en tu próximo reto? ¿Qué te gustaría intentar ahora que sabes de lo que eres capaz de lograr?

De cara al verano me gustaría plantearme otro reto, esta vez con un fin solidario, aunque todavía tengo que unir muchos cabos. Pero sí que me apetece, porque he visto cómo, a través del running y de las redes sociales —que son tan potentes— se puede crear un altavoz para lograr cosas muy bonitas. Es algo que quiero aprovechar mientras el cuerpo me lo permita.

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.