De varear olivos en el campo a encabezar las listas de ventas en Amazon España: la historia de Custodio Pérez es el fenómeno editorial más inesperado del momento. Nacido en Huétor Tájar (Granada) en 1983, este escritor autodidacta ha conquistado al público con una narrativa directa y visceral que brota de su vida y sus raíces andaluzas. Con apenas formación académica en literatura, Pérez dio el salto a la fama tras escribir Granada oscura —un thriller oscuro inspirado en su tierra— y ver cómo esa primera novela se disparaba en ventas tras una aparición televisiva que emocionó al público.
Esa obra inicial dio origen a la aclamada trilogía Andalucía Negra —compuesta por Granada oscura, Mitos y leyendas del mar de olivos y El triángulo del sur—, que ha sido celebrada por su atmósfera intensa, su realismo social y su habilidad para atrapar al lector desde la primera página. En menos de dos años, Pérez ha publicado además varios otros títulos, consolidándose como una de las voces más originales y sorprendentes de la narrativa contemporánea en España.
Lo que comenzó siendo un proyecto personal, escrito en su móvil tras largas jornadas laborales y motivado por un profundo amor por la lectura, se ha convertido en un ejemplo de superación y éxito literario imprevisto. Con un estilo auténtico y cercano, Custodio ha demostrado que la pasión, la determinación y una historia honesta pueden resonar más allá de los circuitos tradicionales del mundo editorial y conectar con miles de lectores en todo el país.
Te has convertido en el fenómeno editorial más inesperado del momento. ¿Cómo estás viviendo personalmente este éxito tan repentino?
Ahora lo vivo con mucha más calma. Los primeros meses fueron bastante caóticos, todo sucedía muy deprisa y casi no tenía tiempo de procesarlo. Pero en cuanto firmé con la editorial y el proyecto empezó a tomar forma y dirección, todo se encauzó. Desde entonces disfruto mucho más el momento, con tranquilidad… y con la sensación de que, por fin, todo está donde tiene que estar.
Has contado que hubo días en los que no sabías ni en qué mundo vivías. ¿Qué fue lo más difícil de asimilar?
Casi todo empezó porque ya no era solo que me escribiera gente; de repente, me llegaban mensajes de todo el mundo por Instagram, una red que yo había abandonado. Y ahí estaba yo, a las tres o cuatro de la mañana, contestando sin descanso, sin parar. Al mismo tiempo, veía mi libro en el número uno de ventas en Amazon, y costaba asimilarlo: todo eso era gracias a mí, a mi esfuerzo. Como si fuera poco, empezaron a aparecer solicitudes para fotos, invitaciones a eventos. Todo se movía tan rápido que, a veces, simplemente no podía creérmelo.
Pasar del anonimato a encabezar listas de ventas suele ser un shock. ¿Cuál fue tu primer pensamiento al verte ahí arriba?
Mi primer pensamiento era que, quizá, no me quería aceptar donde estaba. Todos los días me levantaba, miraba que mi libro estaba en el número uno, y no podía creérmelo. Era mi libro, escrito por mí, y más aún teniendo en cuenta cómo surgió: como he contado muchas veces, la idea me vino trabajando en la aceituna y lo escribí con el móvil.
¿El éxito impresiona, abruma… o motiva?
Es una sensación abrumadora, porque cuesta creerse que estés ahí. Te impresiona, te desborda y a la vez no sabes si con el siguiente libro podrás cumplir las expectativas. Pero también tiene su lado positivo: te empuja y te motiva a seguir y a superarte a ti mismo.
¿Te abruma más la repercusión pública o la responsabilidad ante los lectores?
Las dos cosas. Al tener más repercusión pública, te conviertes en creador de temas que son visibles para los lectores, tanto para los que les gusta tu trabajo como para los que no. Porque está claro que no puedes escribir algo que guste a todo el mundo.
Con todo lo que está pasando, ¿cómo haces para mantener los pies en la tierra?
Mi mujer, Ana, y mi familia fueron quienes me ayudaron a sobrellevarlo todo. Me apoyaban en el día a día, estaban muy orgullosos de mí y su respaldo constante ha sido fundamental.
¿Qué ha cambiado más en ti desde que tus libros empezaron a triunfar: tu rutina, tu confianza o tu mirada sobre la vida?
Más que nada, mi rutina. Antes, mi día a día era distinto: mi mujer trabajaba, yo me encargaba de las cosas de la casa y, en los ratos libres, escribía. Ahora, todo es diferente: tienes que forzarte a escribir más, a buscar horas donde parece que no las hay.
Antes de escribir, tu vida era completamente distinta. ¿Qué parte de aquella etapa echas de menos?
Sobre todo, lo que más echo de menos es estar con la familia. Ahora, con todo esto, casi todos los fines de semana tienes que estar en algún sitio, presentaciones o firmas de libros. Y aunque vaya con mi mujer, siento la falta de mi suegra, de mi nieta, de mi hija… se echa de menos estar con la familia.
Empezaste a trabajar con 17 años. ¿Qué aprendiste del mundo laboral que hoy aplicas a la literatura?
Pues aprendí muchas cosas. Aprendí lo que es la vida, lo que significa ganarse las cosas, trabajar duro y madrugar para poder seguir adelante. Esa fue la lección que más caló en mí.
¿Y aplicas eso también a la hora de escribir?
Sí, totalmente, claro. Ahora mismo estoy en una etapa en la que necesito terminar mi libro para poder seguir adelante, al menos mientras pueda vivir de esto.
Has sido jardinero, carpintero, agricultor y antenista. ¿Qué oficio te marcó más como persona?
Quizás el de antenista, porque es un oficio que me gustó mucho y que siempre me apasionó. Pero ahora, con todo el tema de los vértigos, me sería imposible dedicarme a ello
Has contado que la lectura fue refugio en momentos difíciles. ¿Recuerdas el instante exacto en que descubriste que los libros podían salvarte?
Recuerdo que de muy pequeño ya estaba con los libros: los del Barco de Vapor, e incluso antes, los típicos que había en la biblioteca de mi tío. Esos libros son mis primeros recuerdos.
Porque sufriste 'bullying'.
Sí, desde muy pequeño. Los libros eran, digamos, mi refugio.
La novela Carrie encendió tu vocación. ¿Qué sentiste al leerla por primera vez?
La verdad es que sentí una reacción muy fuerte; me sentí completamente identificado con la historia, y por eso me marcó tanto. Me reconocía en ella de una manera muy intensa.
La idea de tu primera novela surgió tras una jornada vareando olivos. ¿Cómo fue ese momento creativo tan inesperado?
Por eso surgió la novela. En su momento, la idea pasó por mi cabeza como si fuera una película, como suele pasarle a muchos escritores: una idea que simplemente aparece. Pero en aquel momento la deseché, sobre todo porque no me veía a mí mismo escribiéndola. Con el tiempo, cuando se lo comenté a mi mujer, ella me animó a hacerlo y eso cambió todo.
Empezaste escribiendo por las noches desde el móvil. ¿Qué tenían esas madrugadas que no tiene ningún despacho de escritor?
Pues esas madrugadas eran clave. Era el único momento del día en que estaba tranquilo y podía, digamos, dedicarme a escribir; ese instante de paz era mi espacio para concentrarme y crear.
¿Qué papel jugó tu mujer al animarte a empezar a escribir?
Ella es quien siempre me apoya. Es la primera en leer mis libros, la que está siempre a mi lado. Y ahora, con los viajes, sigue siendo ella quien me acompaña en todo momento.
Has escrito nueve libros en menos de dos años.
Sí, bueno, ya llevo algunos más. Ya llevo diez y ahora estoy con el undécimo.
No sé de dónde sale esa velocidad creativa, porque no es nada fácil escribir tantos libros en tan poco tiempo.
Claro, es que la mayoría, ocho de ellos, forman una saga. La historia va siguiendo un hilo de uno a otro, y además son historias cortas. Ahora, por ejemplo, la que estoy escribiendo es más larga, me requiere más tiempo y la documentación también me lleva más horas. Ya me tengo que esforzar un poquito más.
¿Cómo es una mañana normal en tu rutina actual de escritor?
Bastante normal. Me levanto temprano y preparo el desayuno. La mayoría de los días ayudo a mi suegra a caminar un ratito como parte de su rehabilitación y, después, me pongo a escribir hasta la hora de comer.
Pero ya no madrugas tanto.
No, ya no madrugo tanto. Ahora lo que hago es aprovechar mejor el día. Un poco antes de la hora de la comida paro, preparo la comida y, después de comer, vuelvo a ponerme un rato por la tarde.
Sufres vértigos. ¿Cómo condiciona eso tu día a día creativo?
Depende. Porque, claro, cuando tienes muchas presentaciones muy seguidas, sobre todo con el estrés, es cuando aparecen. Y la verdad es que condiciona un poquito. No mucho, pero condiciona un poquito.
"Mi primer pensamiento era que, quizá, no me quería aceptar donde estaba. Todos los días me levantaba, miraba que mi libro estaba en el número uno, y no podía creérmelo. Era mi libro, escrito por mí, y más aún teniendo en cuenta cómo surgió: como he contado muchas veces, la idea me vino trabajando en la aceituna y lo escribí con el móvil"
Has dicho que la enfermedad te quitó cosas pero te regaló tiempo. ¿Qué significa esa frase para ti hoy?
Significa todo. Claro, porque si no hubiera sido por ella, yo no me habría decidido a ponerme a escribir. Yo iba al campo con mi mujer y, a raíz de la enfermedad, lo tuve que dejar. Como me quedaba en casa con las faenas y con las cosas, empecé a escribir, digamos, para desahogarme, por esa cosilla… Y al final, mire por dónde, salió la cosa.
Tu mujer es tu primera lectora. ¿Cómo es someter tus textos a su veredicto?
La verdad es que es difícil, porque además de ser mi mujer, es la más crítica con ellos. Y eso está muy bien, digamos, porque me ayuda mucho y es mi punto de apoyo. Cuando a lo mejor me arranco en algún sitio escribiendo, me ayuda, contrastando mi idea.
¿Alguna vez te ha dicho algo sobre un manuscrito que no querías oír pero tenía razón?
Sí, muchas veces. El segundo libro, por ejemplo, le cambié ya el título por ella.
¿A cuál de ellos?
Al de Mitos y leyendas del Mar de Olivo. Se iba a llamar Crímenes Patrimonio de la Humanidad, pero ella le cambió el título, más bonito.
¿Cómo ha cambiado tu relación con el dinero desde que empezaste a vender libros?
La relación es la misma, porque yo, en verdad, nunca he sido una persona de muchos lujos ni de nada. Simplemente ahí está. Lo único es que antes, a lo mejor, llegaba a final de mes más justo. Ahora la cosa va un poco más tranquila.
Sí, pero escribiendo uno no se hace millonario, ¿eh?
No, no, para nada. No te hace millonario, en absoluto. Lo que pasa con todo esto es que a lo mejor recibes el dinero de una vez, pero ya sabes que son adelantos, que te lo tienes que guardar para todo el año y que, si no, no llega.
¿Te ves algún día aspirando a grandes galardones literarios o prefieres metas cortas y concretas?
No… Yo prefiero seguir a lo mío, a mi ritmo, y ya está. Y si algún día llega, pues llega. Pero no, no me veo yo…
¿Un Premio Planeta, por ejemplo?
No, no me veo.
Nunca se sabe…
Nunca se sabe. Pero tampoco tengo aspiraciones. Mis aspiraciones, como siempre, han sido las mismas: que la gente me lea, llegar al máximo número de personas y ya está.
Estás preparando una novela ambientada en un Japón ficticio con estética manga. ¿Qué te atrae de ese universo?
Es que desde muy pequeño también me gustaba mucho Dragon Ball y me sigue gustando, y quise hacerle un poco honor a esta serie.
Si tu vida fuese una novela, ¿en qué capítulo dirías que estás ahora mismo?
¿Ahora mismo? Digamos que estoy en la parte central de la novela. El principio ya ha pasado y lo fuerte, lo urgente, está en el medio, donde van sucediendo las cosas bonitas, donde va pasando todo. Y ahora, a ver por dónde llega después.
¿Qué final te gustaría?
A mí me gustaría un final feliz, en mi casa, con mi mujer, con mi familia. Tranquilo.









