Para rendir honores a una vida de leyenda y de tragedia, recorremos a través de 50 imágenes el camino de rosas y espinas que arrastra tras de sí
Pinche sobre la imagen para ver las ampliaciones
La Princesa de Hannover cumple medio siglo de existencia y lo hace abriéndose paso con una imagen mucho más próxima a la que siempre ofreció su madre, la de Alteza Real
22 ENERO 2007
La Princesa de Hannover cumple medio siglo de existencia y lo hace abriéndose paso con una imagen mucho más próxima a la que siempre ofreció su madre, la de Alteza Real.
Carolina —quizá ya más de Hannover que de Mónaco—ha cambiado y no parece haber una vuelta atrás. Por ello, y para rendir honores a una vida de leyenda y de tragedia, recorremos a través de 50 imágenes el camino de rosas y espinas que arrastra tras de sí: su llegada al mundo en un cuento de hadas, su apasionada adolescencia en París, las imágenes mil veces publicadas abrazada a Philippe Junot sobre la cubierta de un barco; Carolina, ya divorciada y huérfana de madre, dejándose querer por Roberto Rossellini; la Princesa rota de dolor por la muerte de Stefano Casiraghi... La “campesina” que cría sola a sus tres hijos (Andrea, carlota y Pierre) y viste vestidos provenzales cuando se refugia en los brazos del actor Vincent Lindon… Y, finalmente, la nueva Carolina. La Princesa a la que el príncipe Ernesto Hannover rescata de su duelo –se casaron en 1999 y tienen una hija en común- para coronarla con los títulos y las joyas de los Hannover.