4 MARZO 2004
Vino al mundo, según tradición familiar, a la hora de comer y esta casualidad, dicen, dio lugar, a la aparición de un insaciable apetito. Le apadrinó su abuelo, don Juan de Borbón, le amadrinó su bisabuela, la reina Victoria Eugenia que, desde hacía 37 años, no pisaba tierra española, y trajeron agua del Jordán para bautizarle con el nombre de Felipe de Borbón
Nombre: Felipe de Borbón y Grecia
Nacimiento: 30 de enero de 1968
Lugar: Madrid, España
Estudios: Licenciado en Derecho. Carrera Militar. Máster en Relaciones Internacionales
Títulos: Príncipe de Asturias, Su Alteza Real
Acunado por los Beatles
Acunado por los Beatles, el Príncipe llegó al mundo en los días revolucionarios del 68. En el año en el que medio planeta contemplaba estupefacto el desarrollo de la Guerra del Vietnam y, el otro medio, celebraba la primavera de Praga y el Mayo francés. Forma parte, por lo tanto, de una generación de españoles que ha crecido en democracia y que se ha visto obligada a vivir un momento de cambios y desafíos históricos.
Viéndole, nada parece indicar que, sobre sus hombros lleve el peso histórico de veinticuatro reinos, cinco principados, quince ducados, seis marquesados, veintidós condados y doce señoríos... Que sobre su pecho tuvo, nada más nacer, tres condecoraciones: El Toisón, la real de Carlos III, y la de Isabel la Católica... Que sobre su conciencia pese la responsabilidad de ser, en el futuro, un Rey digno sucesor de su padre, don Juan Carlos de Borbón... Él sabe, porque vive en un país democrático, que el Rey legitima, cada momento, su existencia con el trabajo, que la Corona hay que ganársela cada día como si se tratara de un oficio, y que la existencia de la Monarquía sólo quedará justificada por su eficiencia. Tendrá que ser, por lo tanto, un líder de Estado, transmitir serenidad y credibilidad, encarnar y proyectar la imagen de una España preparada y moderna. Ser, en definitiva, lo que, según sus palabras, a él le da miedo ser: "Un príncipe perfecto".
Quizá por ello, con sus grandes amigos, don Felipe es Felipe a secas, aunque para éstos mismos vuelve a ser don en el momento que la intimidad ha dejado paso a lo público. De puertas para adentro todo es posible pero, en cuanto salen a la calle, el protocolo es lo primero. don Felipe no exige, pero todos aquellos que se mueven en el círculo saben que estar en esa posición implica asumir que la fidelidad es la primera condición. Por lo demás, a las personas con la que se encuentra a gusto, se lo pone todo muy sencillo, porque es de fácil acomodo. Que sus amigos optan por el cine, pues al cine; que quieren salir a cenar, pues a buscar un restaurante...
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