A los habitantes de la ciudad no les costó mucho encontrarle un nombre adecuado. La llamaron Spoorwegkathedraal, para nosotros la "Catedral del Ferrocarril”, y su título popular se corrobora con tan solo un vistazo a su gigantesca fachada de piedra clara. Este trozo de historia que se levanta sobre la Koningin Atridplein da la bienvenida al viajero como un decorado a nivel colosal que se convierte en todo un escenario al atravesar sus puertas. El vestíbulo principal se cubre de una cúpula de 75 metros inspirado en el Panteón de Roma, con sus columnas dóricas, toscanas, jónicas y corintias, una escalinata de mármol que parece pensada para un palacio y un reloj central enmarcado con el escudo de la ciudad.
Es justo que un lugar de esa belleza se pavonee ante los títulos que la colocan entre las estaciones más bellas del planeta. En los muros del vestíbulo se reconocen los símbolos de las cinco 'deidades' del siglo XIX: la minería, la industria, el transporte, el comercio y el capital, aquel que el novelista W.G.Sebald representó en su obra Austerlitz, donde retrató el edificio con total elegancia. Justamente en la sala de espera de la estación es donde el narrador conoce por azar a un historiador que decodifica la jerarquía simbólica del lugar. Desde entonces, la Centraal Station se reafirmó como escenario (literario), algo en lo que también tendría parte de culpa el afamado personaje belga que salió de la pluma de la reina del misterio, Ágatha Christie.
Doce años de obra y un rey ambicioso
La gran estación atestada de maletas, carros y viajeros de diario y esporádicos no es, en realidad, la primera, sino la tercera. El origen de esta fue apenas un cobertizo de madera levantado en 1836 fuera de las murallas y recibió el primer tren procedente de Bruselas. La segunda, también de madera, le siguió apenas unos años después, pero ninguna de las dos satisfizo a Leopoldo II, que presionó al gobierno para que dotara a Amberes de un edificio “a la altura de su puerto, su comercio y sus diamantes”.
El arquitecto que restauró el centro medieval de Brujas, Louis Delacenserie, fue el encargado de plasmar lo que vio en sus viajes por Italia y Grecia en aquella construcción. Su admiración por los palacios italianos del Renacimiento desembocó en las ocho torres ornamentales que rodean el cuerpo central de la estación. Pero no trabajó solo: el ingeniero Clément Van Bogaert se encargó del hangar de hierro y cristal sobre los andenes y el arquitecto local Jan Van Asperen firmó el viaducto monumental por el que los trenes acceden al edificio desde el sur.
La estación, con más de 20 tipos distintos de mármol y piedra procedentes de toda Europa, vidrieras emplomadas y una escalera central que sigue siendo la estrella, se inauguró oficialmente el 11 de agosto de 1905 en presencia de un orgulloso Leopoldo II. En una placa del muro norte todavía puede leerse el nombre Middenstatie (Estación el Medio), una expresión hoy en desuso que recuerda la época en la que nació el edificio.
Cuatro niveles y un truco bajo tierra
El gran problema de la Estación Central de Amberes nació con ella misma. Los trenes que llegaban el sur tenían que invertir la marcha y volver a salir por las mismas vías, con los retrasos y la congestión que eso suponía en un nudo internacional. A finales del siglo XX, con la llegada de la alta velocidad y los enlaces entre Ámsterdam, Bruselas y París, la situación se volvió insostenible.
La solución fue tan audaz como costosa, una de las obras de ingeniería ferroviaria más complejas de Europa que consistió en excavar un túnel bajo la ciudad y bajo el propio edificio para convertir la terminal en un edificio más práctico, conservando la cúpula y la fachada histórica. El resultado es una estructura de 4 niveles y 14 vías. En el nivel original, el +1, hay 6 vías de cabecera, mientras que el nivel 0 es el de la galería comercial y la Diamond Gallery.
En el nivel -1 existen cuatro vías terminales y en el nivel -2 se encuentra el túnel por el que circulan trenes de paso y no de término. Y un detalle más: las vigas de acero del hangar de Van Bogaert lucen un color burdeos que busca fijar la atención en ellas y en su historia, pues se restauraron tras la Segunda Guerra Mundial, cuando las bombas deformaron parte de la estructura de hierro y obligaron a reforzarla.
Entre diamantes y animales
A escasos 200 metros de la salida de la estación que da a la Pelikaanstraat empieza otro de los grandes encantos de Amberes, el Diamantkwartier, también conocido como la Square Mile, apelotonado en torno a cuatro calles blindadas hasta los cimientos por militares, cámaras y comisarías. No es un barrio peligroso, ni mucho menos, pero por aquí pasa alrededor del 84% de los diamantes en bruto del mundo y cerca del 50% de los diamantes tallados, lo que lo podría convertir en escenario de argumento cinematográfico de acción.
Centro mundial del comercio de diamantes desde el siglo XV, cuando las primeras gemas brutas llegaron desde la India a través de Brujas, la ciudad se hizo famosa por la invención del scaif. Esta rueda de pulido perfeccionada por el joyero flamenco Lodewyk van Berken permitió obtener el brillo más perfecto de las piedras flamencas que lucirían en las cortes europeas. Aunque el barrio fue moviéndose de ubicación, se fijó definitivamente junto a la estación a finales del siglo XIX por la facilidad y seguridad de comercio del género.
Si en lugar de la Pelikaanstraat el viajero elige salir por la puerta principal de la estación, en la Koningin Astridplein, se encontrará de frente con la entrada monumental del Zoo de Amberes, considerado uno de los más antiguos del mundo. Inaugurado en 1843, conserva edificios neoclásicos y orientalistas del siglo XIX, como la Casa Egipcia o el Templo de los Antílopes, que merecen una visita por sí solos, redondeando la opulencia que aquel siglo llevó a esta zona de Amberes.
CÓMO LLEGAR A LA CENTRAL STATION
En la Koningin Astridplein, en pleno centro de Amberes (Bélgica), con conexiones directas de alta velocidad desde Ámsterdam, Bruselas y París.
MEJOR ÉPOCA PARA VIAJAR
De mayo a septiembre, cuando la luz saca el máximo partido a la cúpula de cristal.
TRES IMPRESCINDIBLES
La escalinata de mármol y el reloj central del vestíbulo, el barrio del diamante y la entrada monumental del zoo.
QUÉ PROBAR EN AMBERES
Unas patatas fritas con mayonesa, un gofre belga recién hecho o una cerveza de abadía
DÓNDE ALOJARTE
El Radisson Blu Astrid Hotel, frente a la propia estación y junto al zoo, permite tener el monumento literalmente a la salida
IDEAL PARA...
Una escapada en pareja o en solitario para quienes disfrutar de la arquitectura y los rincones con historia
EL CONSEJO DEL EXPERTO VIAJERO
Visita el vestíbulo hacia el mediodía, sin tanto trasiego de viajeros, para fotografiar sin multitudes.










