Acaba de estrenarse Berlín y la dama del armiño, la nueva entrega del universo de La casa de papel, e Inma Cuesta es una de sus protagonistas. En esta historia de delincuencia de guante blanco, que regresa con más acción y suspense, la actriz interpreta a Candela, una ladrona sevillana tan carismática e inteligente como impredecible que se cruza con Berlín (Pedro Alonso) y juega un papel clave tanto en la trama del robo —ya no son joyas ni lingotes los objetivos de la banda, sino una valiosa obra de arte de Leonardo da Vinci—, como en su relación con él.
Sevilla es el nuevo marco al que se mueve la banda para preparar su último golpe. Si hace meses, las calles, plazas y monumentos de la capital andaluza se convertían durante semanas en un inmenso plató para acoger el rodaje de una de las series más esperadas del año, hace solo unos días, era el río Guadalquivir el que albergaba la presentación mundial de la ficción de Netflix. Un gran evento celebrado en un escenario flotante que contó con la actuación de Rosalía, entre otros muchos artistas.
No es en Sevilla, sino en Jaén, donde están las raíces andaluzas —y, sobre todo, el corazón— de Inma Cuesta, que lleva años siendo uno de los rostros más queridos del cine y la televisión. "Soy de un pueblo muy pequeño, pero siempre soñé muy grande". El pueblo de 1500 habitantes al que se trasladó con sus padres desde Valencia, donde nació, cuando era solo una niña, y en el que transcurrió toda su infancia, está alejado de las rutas turísticas de la provincia. "Me fui hace años de Arquillos, pero este es el lugar al que siempre vuelvo buscando la raíz".
Arquillos no tiene la fama monumental de Úbeda y Baeza, las ciudades Patrimonio de la Humanidad, pero sí el encanto de los municipios que todavía conservan la esencia de la vida tranquila, donde se camina si prisas y hay tiempo para charlar con los vecinos. Situado al norte de la provincia, en la comarca del Condado, muy cerca de Despeñaperros y de la frontera natural con Castilla-La Mancha, el pueblo de la actriz tres veces nominada al Goya tiene un origen ilustrado, pues forma parte de aquellas Nuevas Poblaciones impulsadas en el siglo XVIII por Carlos III.
En el trazado ordenado de su entramado urbano, no hay grandes monumentos más allá de la iglesia de la Inmaculada Concepción y de la plaza de Carlos III, centro de la vida local. Sí hay casas encaladas y calles tranquilas por las que la actriz iba y venía de niña y que hoy forman parte de sus recuerdos. "Cuando uno se siente de un sitio es por las personas y por los momentos que te unen a la tierra", confesó en una ocasión. Por eso, regresar a Arquillos significa "volver a mis raíces, al sitio donde se forjaron mis sueños". Y vaya si lo hace.
Inma Cuesta, que lleva el nombre de su pueblo por bandera —pidió expresamente que su personaje en la serie Arde Madrid pudiera decir con orgullo que era arquillera— guarda recuerdos preciosos de su infancia: "Mi abuelo era capataz en una finca de olivar (...). Mis primos, mis hermanos y yo jugábamos a revolcarnos en la hojarasca y el barro mientras mi abuela hacía migas en la lumbre. Éramos como animalillos silvestres".
Precisamente por ese amor incondicional, el Ayuntamiento decidió que su mejor embajadora merecía que una calle del pueblo llevara su nombre. La misma "en la que nacieron y vivieron mis abuelos, donde mis padres construyeron su hogar, donde crecí y jugué con mis hermanos, donde en las noches de verano nos sentábamos a la 'fresca' con mi abuela y sus vecinas a hablar de la vida". En diciembre de 2022, huyendo de protocolos pomposos, Inma inauguró su placa en un acto íntimo y muy de andar por casa. Rodeada de los suyos y tirando ella misma de la bandera andaluza que cubría el rótulo, celebró este emotivo tributo en el lugar que la vio crecer; un pueblo que la quiere tanto que también ha bautizado a la Escuela de Música local con su nombre.
Qué ver en el entorno de Arquillos
En la comarca de El Condado, a la que pertenece Arquillos, tiene numerosos atractivos, pero estos son los cuatro lugares imprescindibles:
Castellar y el santuario de la Cueva de la Lobera
A poco más de 10 minutos de Arquillos se encuentra Castellar, recientemente incluido en la red de Pueblos Mágicos de España, cuyo monumento más destacado es la impresionante colegiata de Santiago. A las afueras está su otro gran tesoro: el santuario íbero de la Cueva de la Lobera, un lugar místico en la montaña donde los antiguos íberos hacían sus ofrendas. El Museo de Arte Ibérico es el complemento a la visita.
Santisteban del Puerto y sus huellas de dinosaurio
A unos 25 minutos, este pueblo ofrece una mezcla loquísima de historia. Por un lado, tiene un patrimonio medieval precioso con los restos del castillo de San Esteban y la iglesia de Santa María del Collado. Pero lo que de verdad deja con la boca abierta a quienes lo visitan es su yacimiento paleontológico, un conjunto de icnitas (huellas de dinosaurios) fosilizadas en la roca roja que tienen millones de años de antigüedad.
Vilches y los mares del Condado
A solo 15 minutos de Arnillos, Vilches destaca por dos cosas. Primero, por su cerro coronado por la ermita de la Virgen del Castillo, desde donde se ve un atardecer precioso. Segundo, por el agua, pues el pueblo está rodeado por tres grandes embalses (La Fernandina, Guadalén y Giribaile), lo que le ha valido el apodo del “mar de interior” de la comarca. Y tercero, por sus dehesas donde se cría el toro bravo.
Chiclana de Segura
A este pueblo a media hora de Arquillos se le conoce como el “Nido de Águila”, pues está literalmente incrustado y colgado sobre un enorme peñón de roca. Sus calles están adaptadas al relieve de la montaña y muchas de sus casas son antiguas cuevas. Desde lo alto de los restos de su castillo se tiene la mejor panorámica de toda la comarca y de las sierras cercanas.











