A Alba Carrillo la unen a Nava del Barco sus raíces familiares, ya que su familia materna procede de este entorno, donde guarda algunos de los recuerdos más felices de sus veranos de infancia. Cumpliendo su sueño, se compró hace unos años una segunda residencia en el pueblo, que ha decorado con fotografías personales y muebles con mucha historia.
Alba Carrillo regresa siempre que puede a Nava del Barco para dedicar tiempo a su casa, a ver a su abuela, a sus amigos y desconectar de la ciudad. Nos han entrado ganas de conocer este pueblo al suroeste de la provincia, en el límite con Extremadura, y descubrir, sobre todo, su entorno de relieves abruptos, con extensos bosques de robles y pinos, gargantas de agua cristalinas y una laguna de origen glaciar que atraen a este paisaje de montaña.
En Nava del Barco, a unos 100 kilómetros de la capital abulense y más próximo a la comarca cacereña del Valle del Jerte, la vida transcurre a otro ritmo, como en Navalonguilla, Umbrías o Tormellas, otros pequeños pueblos serranos de la zona, con los que comparte una misma realidad demográfica: la baja densidad de población. En Nava, los vecinos que viven durante todo el año no llegan al centenar, así que la tranquilidad está asegurada.
El casco urbano, apenas un puñado de calles estrechas, mantiene la estética tradicional de los pueblos de montaña de Castilla y León, con viviendas construidas en mampostería de granito, con ventanas pequeñas y tejados inclinados que responden a una arquitectura adaptada al clima y al entorno. A 1143 metros de altitud, los inviernos son fríos y los veranos suaves, ideales para el descanso estival, como tantos veranos ha pasado aquí Alba Carrillo. En el centro, la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario, del siglo XV, es punto de encuentro de los vecinos; en el parque, una curiosa y enorme roca granítica con forma de pera; sobre la garganta de Galingómez, un puente románico apoyado sobre grandes canchales, y animando el paseo, la regadera que lleva el agua por el pueblo para regar los prados y las huertas que producen excelentes manzanas de la variedad reineta.
PEÑASCOS, GARGANTAS Y LA FLORACIÓN DEL PIORNO
Pero el principal atractivo del pueblo de la colaboradora televisiva es su entorno natural. Si en las inmediaciones, cerca de lo que llaman la “era de los moros” llaman la atención un conjunto de grandes peñascos de formas caprichosas que sirven para dar rienda suelta a la imaginación, llegar a la laguna de la Nava —en un circo glaciar en la vertiente norte del Cerro del Diablo— es una excursión que puede llevar unas cuatro horas ida y vuelta. El sendero desde donde se deja el coche asciende de forma progresiva al principio, entre praderas y zonas de matorral, y, a medida que gana altura, el terreno se vuelve más pedregoso y abierto, típico de alta montaña, para afrontar el último tramo con más desnivel.
En primavera, la floración del piorno en el Parque Regional de la Sierra de Gredos es uno de los espectáculos que regala la naturaleza, donde las 23 variedades de esta humilde retama tiñen de amarillo y perfuman el paisaje. Un festival lo celebra en el medio centenar de pueblos de la comarca, este año entre el 16 de mayo y el 24 de junio (festivalpiornoenflor.es).
Durante los meses de verano, el reclamo son las zonas de baño naturales. Las pequeñas pozas entre rocas graníticas de la garganta de la Nava, que atraviesa el propio término del pueblo, resultan perfectas para un baño rápido sin necesidad de desplazarse. A medida que se avanza hacia la sierra, el paisaje se vuelve más salvaje y el agua aún más cristalina.
Muy próxima se encuentra también la garganta de Galín Gómez, que ofrece un entorno algo más espectacular, con pequeñas cascadas y charcos naturales en un paisaje más abrupto, y es una buena opción para combinar ruta senderista con baño en plena naturaleza. A pocos minutos en coche, una de las joyas de la zona es la garganta de los Caballeros, en dirección a Navalguijo o Llanos del Tormes. Se trata de uno de los enclaves más valorados de Gredos por la cantidad y calidad de sus pozas, muchas de ellas amplias, profundas y rodeadas de vegetación, aunque requiere caminar un tramo para acceder a los mejores puntos. Otra alternativa más tranquila y desconocida es la garganta de la Vega, donde el agua discurre entre praderas y espacios abiertos y uno se baña sin aglomeraciones.
A LA MESA
En territorio serrano se comen platos contundentes: guisos, carnes de la zona, migas con huevo… como manda la tradición, pero en el restaurante del hotel rural La Galamperna (lagalamperna.com), amigos de Alba Carrillo, triunfan también las verduras cultivadas en la propia huerta, y las setas, que Julián Jiménez, el chef, y Montse recogen en el campo, y con las que elaboran todo el año ricos platos como el arroz con níscalos o el carpaccio de boletus. "La cocina es una delicia y los dulces caseros son un manjar de dioses", comenta la modelo. Un sitio recomendable también para pasar la noche en sus tranquilas habitaciones con excelentes vistas, la tónica de Nava del Barco.









