De los muchos momentos a lo largo del año en los que se nos ocurre planificar una escapada a la isla de Mallorca, la primavera es, probablemente, el mejor para hacerlo con calma y sin las multitudes que acuden cada verano. La isla se llena de luz, el campo está en su momento más verde y el clima suave invita a recorrerla sin prisas. Es el momento perfecto para explorar el sur, más allá de Palma, siguiendo una ruta que combina algunas de sus playas más espectaculares —como Es Trenc— con pueblos marineros y paisajes de salinas. Desde la tranquilidad mediterránea de Colònia de Sant Jordi y los estanques rosados del Parque Natural de Ses Salines, hasta el encanto de Cala Figuera o el sofisticado ambiente del Port d’Andratx, este itinerario revela una Mallorca luminosa, tranquila y especialmente seductora antes de la llegada del verano.
Si no es tu primera vez en la isla, seguramente hayas visitado Palma y recorrido sus imprescindibles: la catedral de Santa María, el Palacio de la Almudaina, la Lonja, el casco histórico con sus preciosos patios de antiguas casas señoriales, los baños árabes o el castillo de Bellver, entre tantos otros. Una vez superado lo imprescindible, toca ir más allá, porque aún queda mucho por descubrir en este rincón del sur.
© ShutterstockANDRATX, LA MALLORCA MÁS COOL
Comenzamos la ruta por el suroeste de la isla, allá donde se encuentra el rincón más cool del litoral mallorquín, el elegido por una larga lista de famosos como su refugio de verano gracias a la privacidad que le dan sus espectaculares villas frente al Mediterráneo y escondidas entre la vegetación. Aquí encontrarás dos ambientes distintos: mientras el pueblo conserva su esencia tranquila, con casas de piedra y terrazas animadas alrededor de la plaza, el cercano Port d’Andratx despliega un ambiente sofisticado entre yates, galerías de arte y restaurantes frente al mar.
© ShutterstockUNA VISITA A LAS SALINAS Y LA PLAYA MÁS BELLA DE MALLORCA
Esta vez la ruta nos lleva a la otra cosa de Palma, en dirección a Es Tenc y Colonia Sant Jordi. En el kilómetro 8 de la carretera de Campos a la Colonia de Sant Jordi está el desvío a las salinas, formadas por un conjunto de 700 balsas cristalizadoras en las que se produce el condimento más antiguo del mundo. Las visitas guiadas por las salinas desvelan paso a paso todo el proceso de su obtención, desde que el agua entra por un canal procedente de la cercana playa de Es Trenc y llena los estanques que cambian de color, del blanco al rosa, hasta la cosecha o sus diferentes variedades.
A lo largo del recorrido (salinasdestrenc.com) también se aprende cómo, gracias a la actividad salinera, en este extenso humedal han encontrado su hábitat una diversidad de plantas y de aves. Sin prismáticos es fácil ver desde sus observatorios garzas, chorlitejos, fochas o flamencos en sus marismas. Y como recuerdo, nada mejor que adquirir en la tienda sal común o la más reputada flor de sal, ese producto gourmet tan demandado por los grandes chefs.
© ShutterstockDespués de tan didáctica parada, espera la playa de Es Trenc, que se disputa ser la más bella de Mallorca, algo nada fácil entre el extenso catálogo de arenales de la isla. Pero esta es única, virgen, 3 kilómetros de arena fina y blanca bordeando unas aguas cristalinas de color turquesa que parecen irreales, a los que se accede por diferentes caminos a pie. Sin construcciones a la vista, solo se ven a sus espaldas matorrales y bosques de pinos y los restos de varios búnkers que algunos aprovechan para descansar a su sombra.
© ShutterstockCOLONIA DE SANT JORDI
Un placer es caminar descalzo por la arena de Es Trenc y llegar hasta este antiguo pueblo de pescadores del municipio de Ses Salinas, donde reina la vida tranquila. Un sendero fácil y bien acondicionado de 10 kilómetros desde el que se observa Cabrera y que muchos disfrutan corriendo, recorre su costa y pasa por el emblemático faro de la Colonia Sant Jordi, inolvidable mirador a la hora de la puesta de sol y trampolín para algunos osados que se lanzan desde este punto al mar.
Muy cerca, está la Gelateria Colonial (gelateriacolonial.com), regentada por la tercera generación de una misma familia de heladeros que, desde hace 50 años, es toda una institución en Baleares. Hay de fresa de Mallorca, de limón de la huerta, de mandarina de Sóller…, aunque nuestra recomendación es probar el que lleva el nombre de la marca de la casa, con biscottino, flor de naranja y cobertura de chocolate 70%. Delicioso, lo hemos probado.
El restaurante más exquisito de la Colonia de Sant Jordi está frente al antiguo puerto pesquero. La cocina de Salicornia (salicorniarestaurant.com) no podía saber a otra cosa que a mar y se degusta en un agradable espacio de gusto mediterráneo con terraza abierta en el paseo marítimo. Las propuestas del chef varían según lo que haya en el mercado y en ellas encontramos desde cabrachos y bogavantes hasta gamba roja de Sóller, arroces, calderetas, huevos fritos con langosta o el pescado del día a la brasa presentado en un original cap-roig (pez de color anaranjado y aspecto feo pero de exquisito sabor) de grandes dimensiones que sorprende cuanto menos al entrar al comedor.
© ShutterstockCALAS Y MÁS CALAS Y EL MIRADOR DE ES PONTÀS
Siguiendo el perfil recortado de la costa desde la Colonia de Sant Jordi hasta el sureste, un paseo de 10 kilómetros entre pinos y rocas recorre las playas de Es Dolç, Es Dofí, Es Carbó, En Tugores y Es Cargol hasta llegar al cabo y faro de Ses Salines, el extremo más al sur de Mallorca. Más allá surgen otros desvíos hacia las calas Marmols, Caló des Moro y cala Llombards, más próximas ya al mirador de Es Pontàs, un arco de piedra natural dentro del mar que no puede ser más inspirador. Después de aparcar el coche, hay que caminar unos minutos a pie y asomarse a este singular roquedo que otros disfrutan observando a bordo de una moto acuática o de hidropedales.
© ShutterstockLA COSTA DE SANTANYÍ
La siguiente parada nos lleva a Santanyí, con un buen muestrario de edificios construidos con la piedra local trabajada a mano del cantero en su casco antiguo. En torno a su plaza Mayor y a las calles estrechas que parten de ella, acoge un mercado semanal –los miércoles o sábados– donde se puede comprar artesanía, sobrasada, quesos, cocas d’albercoc, cerámica, telas de lenguas, productos elaborados con esparto…
© ShutterstockCALA FIGUERA
Seis kilómetros separan Santanyí de este pequeño puerto natural en un entrante rocoso de la costa que no puede ser más de postal. Una ruta fotográfica recorre sus dos brazos en forma de ‘y’ mientras se ven los llaüts tradicionales, las casas de los pescadores, las redes secándose al sol, los varaderos artesanales…
© ShutterstockCALÓ DES MORO
Esta playa encajada en una pequeña bahía entre acantilados y pinares cerca de Santanyí es una de las más espectaculares de Mallorca. Rodeada de rocas y en un precioso entorno natural, conserva un carácter virgen que la hace aún más especial. Para acceder a ella hay que dar un pequeño paseo a pie desde el aparcamiento gratuito situado en el Camí de Cala Llombards, pero la recompensa es una postal inolvidable de aguas turquesas y calma absoluta.
© ShutterstockEXCURSIÓN A CABRERA
Antes de cerrar esta ruta descubriendo el sur mallorquín, hay que hacer una excursión para pasar unas horas en el Parque Nacional de Cabrera. Puedes hacer una navegación de alrededor de 2,5 horas alrededor de este archipiélago formado por 19 islas e islotes o, desembarcar en él para recorrer sin prisas la isla principal (marcabrera.com). Para entender este valioso territorio insular, antes hay que visitar el centro de interpretación de la Colonia de Sant Jordi. Si se desea pernoctar, la isla principal cuenta con un refugio.


CON ESTILO Y VISTAS AL MAR
Entre pinos y con el Mediterráneo extendiéndose frente a sus terrazas, el Hotel de Mar Gran Meliá (melia.com) –a veinte minutos en coche del centro de Palma– lleva más de medio siglo formando parte del paisaje de la costa mallorquina. El hotel se integra en el entorno con una arquitectura abierta al mar que invita a vivir el lugar con calma: amaneceres luminosos, el sonido de los pájaros y piscinas al aire libre donde el tiempo parece ralentizarse. Más que un refugio de lujo, funciona como un pequeño oasis donde la naturaleza y la serenidad marcan el ritmo de la estancia.
En los últimos años, el establecimiento ha reforzado su vínculo con el estilo de vida mediterráneo a través de colaboraciones con firmas internacionales vinculadas al diseño y la artesanía. Entre ellas destaca la alianza con la histórica marca italiana Riva Yacht, que aporta al hotel un guiño al imaginario náutico clásico, o la reinterpretación del Bombon Pool Club firmada por la diseñadora Alberta Ferretti, que envuelve el espacio de piscina en una estética veraniega sofisticada. Son iniciativas que refuerzan la identidad de un hotel históricamente ligado a la vida social de Mallorca y frecuentado durante décadas por la aristocracia local y la jet set internacional.
La experiencia se completa con una propuesta gastronómica diversa que recorre distintos matices del Mediterráneo. Desde la cocina mallorquina contemporánea que firma la chef Marga Coll en el restaurante Arrels hasta espacios más informales junto al mar o la piscina, el producto local y la estacionalidad marcan la pauta. A ello se suma un spa gestionado por Clarins, concebido como un espacio de calma frente al mar, donde tratamientos y circuitos de hidroterapia prolongan esa sensación de pausa que define la experiencia en este clásico de la hotelería mallorquina.

© Tomeu Canyellas MoraguesPocos kilómetros más allá, frente a la playa de Palmanova, el ZEL Mallorca (melia.com) p1ropone una forma de entender el alojamiento que se inspira directamente en el estilo de vida mediterráneo: abierto, luminoso y social. El proyecto nace de la alianza entre la cadena Meliá Hotels International y el tenista Rafael Nadal, y toma como punto de partida esa manera relajada de vivir al aire libre tan característica de las costas del sur de Europa. El resultado es un hotel concebido como una especie de casa mediterránea contemporánea, donde patios, terrazas y espacios compartidos invitan a pasar gran parte del día al exterior.
El establecimiento, primera apertura de la marca ZEL, puesta en la decoración por materiales naturales, tonos claros y una estética ligera que recuerda a las casas costeras de la isla. Algunas estancias incorporan pequeños guiños al concepto lifestyle de la marca —como tocadiscos o terrazas con vistas al Mediterráneo— pensados para reforzar esa atmósfera doméstica y relajada que busca el proyecto.
La vida del hotel gira en gran medida alrededor de sus espacios gastronómicos y sociales. Entre ellos destaca el restaurante de playa Beso Beach Mallorca, conocido por su cocina de inspiración vasco-mediterránea frente al mar, además de otros puntos más informales como el café del patio central o el chiringuito junto a la piscina. Con este planteamiento, ZEL Mallorca se posiciona como una reinterpretación contemporánea del hotel de vacaciones mediterráneo, donde la experiencia se construye tanto en las habitaciones como en los espacios comunes que animan a disfrutar del clima y del paisaje de la isla.




