El futuro legal de Marius Borg Høiby, cuyo juicio se repetirá el próximo mes de febrero, se encuentra en un limbo jurídico tras la última decisión del Tribunal de Distrito de Oslo. Aunque este lunes se dio luz verde a su liberación del regimen de detención preventiva bajo vigilancia electrónica, una apelación de última hora por parte de la fiscalía ha bloqueado su salida inmediata y lo ha hecho porque, al parecer, el hijo de la reina Mette-Marit de Noruega no ha cumplido con la prohibición de consumo de alcohol, por lo que valoran que los riesgos de reincidencia son mayores.
El hijo de la reina lleva 16 semanas cumpliendo una medida de detención preventiva con control electrónico en la residencia real de Skaugum. Marius Borg lleva una pulsera electrónica en el tobillo y solo puede salir de casa bajo ciertas condiciones: citas médicas, comparecencias ante el tribunal o para ir a trabajar. También recibió un permiso especial para acudir al funeral de Estado del rey Harald. Durante la última audiencia, su abogado defensor, Daniel Storrvik, argumentó ante el tribunal que la situación en la finca se había vuelto "insoportable" para el joven de 29 años, solicitando formalmente que se le retirara el dispositivo. "Está intentando encontrar trabajo, pero le está resultando difícil debido a su reputación y a ciertos obstáculos logísticos , sobre todo porque no tiene carné de conducir y no puede usar el transporte público", explicó el abogado al medio noruego Nettavisen.
El Tribunal del Distrito de Oslo, el mismo que le condenó el pasado junio a cuatro años de prisión por dos delitos de violación, aceptó la solicitud de la defensa, considerando que las estrictas medidas restrictivas podían ser sustituidas por un régimen de libertad condicional que incluye la obligación de presentarse periódicamente ante la policía y la realización continua de pruebas de detección de drogas y alcohol. Sin embargo, horas después, la fiscalía se opuso a esa liberación, tal cy omo informó el medio noruego VG a última hora del lunes. El núcleo de la disputa radica en los resultados de los controles rutinarios a los que es sometido Marius Borg Høiby: la policía reveló que una de las pruebas semanales dio un resultado positivo por consumo de alcohol.
Aunque de forma oficial no se ha emitido un informe sobre este resultado, el tribunal determinó que lo más probable es que el acusado consumiera alcohol el día previo al test. Para la fiscalía, este desliz representa una violación directa de las condiciones impuestas, argumentando que existe un fuerte riesgo de recaída en el abuso de sustancias y, en consecuencia, un peligro inminente de reincidencia en conductas delictivas si es puesto en libertad.
El abogado de Marius ha reaccionado con sorpresa ante la postura de las autoridades y asegura que su cliente niega haber consumido alcohol de forma voluntaria y destacó que los agentes que realizaron el control no detectaron ningún signo de embriaguez o alteración. Asimismo, la defensa subrayó que, fuera de este incidente aislado, Marius Borg Høiby ha cumplido estrictamente con todas las normas impuestas durante los 140 días que lleva bajo arresto domiciliario, incluyendo la prohibición absoluta de contactar a las víctimas.
Debido a la apelación de la fiscalía, que se presentó incluso antes de que se publicara el auto del tribunal, se ha aplicado el principio de "efecto suspensivo". Esto significa que la orden de liberación queda congelada y que el hijo que Mette-Marit tuvo antes de su boda con el rey Haakon no podrá abandonar el régimen de tobillera electrónica en Skaugum hasta que el Tribunal de Apelación evalúe el recurso de la policía y dicte una resolución definitiva. Algo que podría darse con relativa rapidez viendo la capacidad que tiene la defensa de Marius.
Este nuevo episodio legal se produce en la antesala del juicio de apelación programado para el 9 de febrero, para el cual se han reservado 16 días de audiencias. Cabe recordar que el hijo de la reina fue condenado en primera instancia a cuatro años de prisión por delitos de violación contra dos mujeres y violencia doméstica hacia su expareja Nora Haukland. La sentencia no es firme debido a que Høiby apeló los cargos principales, mientras que la fiscalía también impugnó el fallo al considerar que la pena de cárcel impuesta era demasiado baja.








