El 17 de mayo es, para cualquier noruego, mucho más que una fecha en el calendario. Es el día en que el país celebra la firma de su Constitución de 1814 y se vuelca en su Fiesta Nacional, una jornada que combina orgullo, tradición y un fuerte sentido de comunidad. Este año, sin embargo, la imagen habitual de los príncipes Haakon y Mette‑Marit y sus hijos —la princesa Ingrid Alexandra y el príncipe Sverre Magnus— saludando a la tradicional procesión escolar frente a su residencia de Skaugum ha sido distinta: la heredera no estaba presente.
Ingrid Alexandra ha celebrado el día a miles de kilómetros de los suyos. Lo ha hecho desde Australia, donde cursa sus estudios universitarios, y su saludo desde Sídney, difundido por la Casa Real noruega, se ha convertido en uno de los momentos más comentados. La princesa, de 22 años, envió un mensaje grabado desde Sídney que la Casa Real publicó en sus canales oficiales. Vestida con el bunad — traje tradicional noruego, cada región tiene su propio diseño, colores y bordados —, Ingrid Alexandra compartió unas palabras que han resonado especialmente entre los noruegos que viven en el extranjero: “Queridos todos: Hoy siento un poco de nostalgia. Es tan bonito poder vestirnos elegantes, tomar el tren y celebrar nuestra constitución. Hoy celebro el 17 de mayo en Sídney y espero que todos tengan una linda celebración, ya sea en casa o en el extranjero. ¡Feliz cumpleaños, Noruega!”.
Según la prensa noruega, la heredera ha participado en los actos organizados por la Cámara de Comercio Noruego‑Australiana, la Iglesia de los Marineros y ANSA, la asociación de estudiantes noruegos en el extranjero. De hecho, allí grabó un breve vídeo junto a otros jóvenes noruegos que también residen en Australia, una forma de mantener vivo el vínculo con su país en un día tan simbólico.
La celebración tuvo lugar en un parque de Sídney y reunió a decenas de estudiantes y compatriotas. Hubo waffles, salchichas, música tradicional y banderas, recreando el ambiente festivo que se vive en cualquier ciudad noruega el 17 de mayo. La heredera estuvo acompañada por su ayudante y por la embajadora de Noruega en Australia, Anne Grete Riise, en lo que la prensa local ha descrito como su primera aparición pública oficial en el país.
Caroline Vagle, experta en realeza de la revista Se og Hør, ya había anticipado hace unos días que la ausencia de la princesa heredera sería especialmente visible este año. Subrayó que, aunque resultaría extraño no verla en Skaugum ni en el balcón del Palacio Real, también sería un momento emocionante para la institución. "Es la primera vez que viaja al extranjero sin su familia. Siempre ha estado con su familia en Skaugum y en el balcón del Palacio. Este año su ausencia será notoria, pero afortunadamente la veremos en el Día Nacional, al otro lado del mundo", afirmó la especialista.
La presencia de Ingrid Alexandra en Sídney ha generado una notable expectación tanto entre la comunidad noruega asentada en Australia como en su propio país. Su participación en los actos del 17 de mayo se ha interpretado como un gesto significativo en esta nueva etapa de su vida, y ya hay quienes se preguntan si esta aparición podría repetirse en los próximos años.
Su vida en Australia: estudios, residencia y nueva etapa
Ingrid Alexandra se mudó a Australia en agosto de 2025 para iniciar una nueva etapa académica. Tal como informó ¡HOLA!, la princesa cursa una licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad de Sídney, con especialización en Relaciones Internacionales y Economía Política. Y desde allí ha celebrado la Fiesta Nacional de su país, rodeada de compañeros de estudios y otros compatriotas que viven en allí y, pese a la distancia, este 17 de mayo lo han celebrado por todo lo alto.
La heredera al trono vive en el campus de St Andrew’s College, como una estudiante más. Se trata de una de las residencias universitarias más exclusivas de la institución. Comparte habitación con otra estudiante y tiene acceso a gimnasio, bar, patio, estudio de yoga y actividades comunitarias. El coste del alojamiento supera los 20.000 euros por semestre, según la información publicada por la prensa australiana.
Mientras tanto, en Noruega: los Reyes y los príncipes mantienen la tradición
A más de 15.000 kilómetros de distancia, la familia real ha seguido el programa habitual del Día Nacional. Como cada año, antes del saludo de los reyes Harald y Sonia desde el balcón del Palacio Real de Oslo, la jornada arranca a escasos kilómetros de la capital noruega. Los príncipes Haakon y Mette‑Marit, este año solo con su hijo menor, el príncipe Sverre Magnus, y la mascota de la familia. Ellos han presidido el tradicional saludo al desfile infantil de Asker a las puertas de su residencia oficial de Skaugum, a primera hora de la mañana. En este acto, profundamente arraigado en la vida familiar, se ha echado de menos a la princesa Ingrid, habitual en este tipo de celebraciones.
Este año, la presencia de Mette‑Marit tenía un significado especial. Tras meses marcados por sus problemas de salud y por la atención mediática derivada del caso judicial de su hijo mayor, su participación en todos los actos era muy esperada. Y no defraudó, aunque se la vio un poco debilitada debido a su enfermedad pulmonar. La princesa recibió la procesión infantil pero sin el bunad —que suele lucir cada 17 de mayo— y acompañada del respirador artificial con el que convive desde hace meses.
Cuando las puertas de Skaugum se abrieron, se había preparado una silla para que pudiera descansar durante los saludos tradicionales en la entrada de su residencia. De hecho, tuvo que alternar momentos de pie con pausas sentadas. Al cabo de un rato, tuvo que interrumpir los saludos, algo que según TV 2, ya se había advertido que podría ocurrir.
Por su parte, Sverre Magnus, que en 2024 se ausentó por motivos académicos, ha recuperado su lugar en la celebración, reforzando la imagen de unidad familiar en un día clave para la monarquía.
El tradicional saludo desde el balcón del Palacio Real
La jornada ha terminado, como es tradición, en el Palacio Real de Oslo, donde los reyes Harald y Sonia, acompañados por los príncipes Haakon y Mette‑Marit y el príncipe Sverre Magnus, salieron al balcón para saludar el gran desfile infantil de la capital. Haakon y su hijo cambiaron el traje tradicional noruego que lucieron por la mañana por el chaqué y la chistera, al igual que el rey Harald. Mientras que Mette-Marit luicó una pamela y la reina Sonia un sombrero. Según han recogido el diario noruego NRK, más de 30.000 escolares participaron este año en la procesión, que avanza por Karl Johans gate entre música, banderas y vítores antes de llegar a la fachada del palacio, uno de los momentos más emblemáticos del 17 de mayo.
La presencia de la familia real en el balcón —un gesto que simboliza continuidad institucional y cercanía con la ciudadanía— fue recibida con aplausos prolongados. La prensa noruega subraya que, pese a la ausencia de Ingrid Alexandra, la imagen proyectada desde Oslo fue la de una familia unida en un día profundamente significativo para el país. El diario Aftenposten destacó especialmente la emoción del público al ver a Mette‑Marit completar la jornada tras su participación en Skaugum. La multitud respondió con entusiamo al saludo desde el balcón de los príncipes herederos.
Con este último acto, la Casa Real ha puesto fin a una celebración marcada por la distancia geográfica: mientras la heredera representaba a Noruega desde Australia, sus padres y su hermano mantenían viva la tradición en Oslo, cerrando el Día Nacional con la imagen que cada año reúne a miles de noruegos frente al palacio.




















