La Casa Real de Noruega ha lanzado una de las mayores sorpresas de los últimos tiempos, situando al príncipe Sverre Magnus como el salvamento de la Corona en plena controversia. La destacada ausencia de la princesa Mette-Marit —a consecuencia de su delicado estado de salud— ha provocado que sea el benjamín de la familia quien tome cartas en el asunto, llevándole a trasladarse a 400 km del Palacio Real de Oslo para cumplir con un nuevo e importante acto que le sitúa como el nuevo rostro de la Familia Real.
El traslado del príncipe
Será junto al príncipe Haakon cuando el pequeño príncipe —ya adolescente— asuma un importante papel, llevándole hasta Nordfjordeid, oeste de Noruega. Allí, se convertirá en el relevo más inesperado de su madre, la princesa Mette-Marit, para realizar una visita oficial el próximo sábado 25 de abril. Un nuevo acto que le sitúa como protagonista de una agenda modificada a consecuencia de los últimos hechos. Ha sido en los últimos días cuando el príncipe, en compañía del resto de miembros de la Familia Real, ha asumido un papel más intenso de lo habitual, conformando esta nueva reestructuración que sitúa a los miembros como el fiel apoyo de la futura reina del país, lo que confirma que la Familia Real ya ensaya una nueva arquitectura interna.
El nuevo acto del príncipe consistirá en visitar el mencionado municipio junto a su padre, un hecho que, en otros tiempos, habría sido la princesa Mette-Marit quien acompañara al futuro rey del país. Sin embargo, dadas las circunstancias, será el benjamín de la familia quien participe en la botadura del barco Myklebust, una celebración que pone de relieve el patrimonio cultural marítimo noruego, la artesanía tradicional y el camino hacia la declaración de Noruega como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Una actividad protocolaria, pero que también dará lugar a una cercanía inesperada entre padre e hijo, que les convertirá en tripulantes y remeros de un nuevo acto oficial, como vienen protagonizando padre e hijo desde las últimas semanas.
La ausencia de Mette-Marit
Enmarcados en un contexto —denominado por la prensa local como el mayor escándalo de la historia de la Corona—, la Casa Real de Noruega redefine los roles de cada uno de sus miembros. Del proceso judicial que sacude al hijo de la princesa, Marius Borg, hasta los vínculos de la princesa con el delincuente convicto Jeffrey Epstein, pasando por el empeoramiento de la enfermedad que la obliga a alejarse de la agenda oficial. Unos hechos que sitúan a la Familia Real de Noruega como el foco más inesperado del eje europeo, en el que la fibrosis pulmonar de la princesa toma un papel más relevante.
Fue en el año 2024 cuando la Corte Real anunciaba que la princesa retomaría su tratamiento contra la fibrosis pulmonar, una enfermedad crónica que le fue diagnosticada en 2018. No obstante, ha sido en las últimas semanas cuando se ha producido un empeoramiento, lo que llevó a los médicos a una recomendación: alejarse de la agenda pública era la opción más adecuada. En diciembre de 2025, su neumólogo, Are Martin Holm, emitió un comunicado en el que reveló que el estado de salud de la princesa había empeorado y que no se descartaba, en el futuro, un trasplante de pulmón.
No obstante, el alejamiento de la princesa no ha sido definitivo, ya que hemos podido verla acompañando a los miembros reales en alguno de los momentos más importantes de la agenda, siendo la última vez una recepción a los jugadores paralímpicos de los Juegos de Invierno, donde se dejó ver haciendo uso de un suministro de oxígeno, además de una cánula nasal. Ahora, con el apoyo de sus hijos —y también del príncipe Haakon de Noruega—, la princesa descansa en Palacio mientras su hijo Sverre asume su agenda.








