La noruega es una monarquía joven y acostumbrada a hombres solos: tanto la abuela del rey Harald (la reina Maud) como su madre (la princesa Martha) fallecieron de forma prematura. Así que su abuelo, Haakon VII, reinó casi veinte años en solitario y su hijo Olaf directamente ascendió al trono como un rey viudo. Esto no les llevó a forjarse un reinado personalista basado en la soledad institucional, todo lo contrario, ellos, descendientes de la realeza danesa y británica, siguieron el modelo que funcionaba: una familia coral, en la que hijos y nietos tenían un papel constante y visible. Ese pasado ha vuelto a recordarse en los últimos meses de crisis institucional en torno a la princesa Mette-Marit, ya que sumó a sus problemas de salud una crisis de confianza generada por el juicio contra su hijo, Marius Borg, y su amistad con Jeffrey Esptein. De algún modo, en Noruega se barajaba la opción de que Haakon también fuera un rey solo, como ya sucedió en el pasado ó con éxito. Sin embargo, los movimientos del Palacio Real de Oslo de la última semana desmotan esa hipótesis. El príncipe Haakon no solo presume de solvencia institucional, sino que ha recuperado los apoyos sin renunciar a nada y así lo demuestra en la visita de Estado de Felipe y Matilde de Bélgica a Noruega.
Si algo dejan claro las últimas encuestas -realizadas por la consultora Netavisen y publicadas por Aftenposten- Haakon convence y vence desde su propio modelo, no desde el de sus antecesores. La entrevista del pasado jueves 19 de marzo le ha devuelto unos apoyos que alcanzan el 80%, una cifra que no está nada mal teniendo en cuenta la complejidad de su papel. En los últimos meses y a diferencia de Mette-Marit, el no se ha retirado de la agenda oficial y se ha visto interpelado en actos oficiales tanto con cuestiones relativas al caso Marius Borg, que ya está visto para sentencia, como del caso Epstein, que sacó a la luz una "falta de criterio" por parte de Mette-Marit que ella misma admitió, ya que efectivamente mantuvo una amistad con una persona que ya había sido condenada por prostitución infantil.
Estos argumentos, los que dio la princesa en un primer momento, se volvieron en su contra: "¿Puede una persona que ha demostrado "falta de criterio" ser la futura reina de Noruega?". Esta pregunta recorrió encuestas, medios de comunicación y artículos de opinión. Fue entonces cuando, ante un silencio institucional prolongado, ya que durante ocho semanas prepararon la respuesta y solo concedieron una entrevista cuando había terminado el juicio contra Marius Borg, los propios medios se vieron obligados a arrojar respuestas. Como suele ocurrir en estos casos, ya sucedió durante la salida de la princesa Marta Luisa, se barajaron tres escenarios: que fuera la propia Mette-Marit la que se retirara de la vida oficial, que la Corte Real le dejara un papel limitado en el futuro, o, la más drástica y altamente improbable, que tuviera lugar un divorcio.
En menos de una semana y con una visita de Estado como escenario, la Corte Real de Noruega ha desactivado cualquier hipótesis
En menos de una semana, la Corte Real de Noruega ha desactivado cualquier hipótesis. Haakon y Mette-Marit de Noruega concedieron una histórica entrevista en la cadena pública, NRK, en la que dejan claro que nada ha cambiado. "Es en los momentos difíciles, cuando hay que luchar contra viento y marea, cuando es tan importante tener esa base sólida sobre la que apoyarnos juntos. Este es nuestro proyecto, que estamos llevando a cabo juntos. Y además, Mette es cariñosa, sabia y muy fuerte. Por eso siempre la tenemos en el equipo si surge algún problema", dijo el príncipe heredero sentando las bases de su futuro reinado. Mette-Marit está en el equipo y ella añadió que estará en el "proyecto" si su salud se lo permite.
Esa entrevista elevó los apoyos del príncipe Haakon y abrió la puerta al regreso de Mette-Marit a la vida institucional después de 56 días de retirada. La princesa heredera se sumó a la visita de Estado de los reyes de Bélgica en Noruega, estando presente en la audiencia que se celebró en el Palacio Real de Oslo y, esa misma noche, el rey Harald remató en plena cena de gala el mensaje de su hijo. "Sé que nuestra querida princesa heredera hubiera deseado estar con nosotros esta noche. Lamentablemente, no podrá asistir debido a su estado de salud", dijo el soberano avalando por completo el papel de Mette-Marit en el presente y el futuro de la institución.
Con este escenario, teniendo en cuenta que el rey Harald tiene 89 años, constantes achaques de salud y ya verbalizó en el 2024 su deseo de aminorar su agenda, el príncipe Haakon ha sido el absoluto protagonista de la visita de Estado de Felipe y Matilde de Bélgica al reino escandinavo. El futuro rey de Noruega llevó el peso de la ceremonia de bienvenida y ha ejercido de anfitrión acompañando a los belgas en un programa centrado en la cooperación militar, energética y cultural.
Esta visita de Estado puede ser el preludio de lo que será su reinado, con Haakon llevando el peso de la jefatura del Estado y Mette-Marit reservando su agenda para actos puntuales o de la máxima relevancia institucional. Todo ello sin olvidar que lIngrid Alexandra, todavía en periodo de formación, ya ha dado importantes pasos para asumir cada vez un papel más importante y ser el apoyo principal de su padre como soberano. Igual que sucedió en el pasado, ya que tanto Haakon VII como Olaf V depositaron las máximas responsabilidades en la figura del heredero.
Este escenario, en buena medida, reordenaría la historia reciente de la dinastía: la reina Sonia pasaría a ser recordada como una anomalía, una consorte con un papel excepcionalmente activo y determinante en un país acostumbrado a reyes solos. Su presencia se convertiría e una excepción en una tradición que, con Haakon y Mette-Marit, podría volver a su cauce natural.













