La sorpresa ha sido máxima cuando, en plena cuenta atrás para el inicio del viaje de Estado de los reyes de Bélgica a Noruega, el Palacio Real de Oslo ha modificado la agenda oficial para incluir la presencia de la princesa Mette‑Marit en la primera audiencia celebrada tras la ceremonia de bienvenida. Su regreso a la vida institucional se produce después de ocho semanas retirada, tras quedar visto para sentencia el caso de su hijo Marius Borg y después de conceder una histórica entrevista en la que explicó su relación con Jeffrey Epstein. La princesa ha vuelto de la mano del príncipe Haakon y lo ha hecho luciendo una joya que perteneció a la única princesa que se atrevió a oponerse públicamente a que ella fuera reina.
Ragnhild de Noruega es una princesa a la que no muchos recuerdan. Es la única de la realeza que se atrevió a criticar en una entrevista que su hermano, el rey Harald, hubiera aceptado los dos matrimonios de sus hijos: el de la princesa Marta Luisa con Ari Behn y el de el príncipe Haakon con Mette-Marit. Corría el año 2004 cuando la princesa, que ya vivía en Brasil alejada de toda representación oficial, atendió a una de las principales cadenas de televisión noruegas y soltó la lapidaria frase: "Espero morirme antes del día en que la princesa heredera Mette-Marit se convierta en reina de Noruega. De verdad espero que eso no pase."
La princesa Ragnhild se murió en el año 2012, sin ver a Mette-Marit sentada en el trono, sin embargo, esa entrevista ha sido muy recordada en los últimos meses, ya que en ella la tía de Haakon no dudo en vaticinar que el encaje de Marius Borg era tan complicado dentro de una familia real que traería problemas. "Pobre Marius… aunque ahora tenga 6 o 7 años, comprenderá que hay una diferencia con sus hermanos y eso les dará problemas a Haakon y Mette-Marit, espero que lo hayan pensado", dijo la mujer que entonces tenía 74 años. La hermana mayor del rey Harald valoró lo mucho que había cambiado la Casa Real de Noruega en la que ella se crío y lo mal asesorados que debían estar para aceptar unos matrimonios que no dudó en calificar de negativos para la monarquía.
A Ragnhild de Noruega se le ha citado mucho en los últimos meses de crisis
Antes de continuar con la historia de Ragnhild: el broche de diamantes y perlas que lució Mette-Marit de Noruega para recibir a Felipe y Matilde de Bélgica en su regreso a la vida oficial era suyo. Nunca se ha sabido bien la procedencia de la joya, se baraja que fuera de la reina Maud, pero la única certeza que se tiene es que era el broche favorito de Ragnhild y ella lo llevó en retratos oficiales y citas de la máxima relevancia institucional. No hay que olvidar que Ragnhild fue la heredera -previa reforma constitucional- antes del nacimiento de su hermano varón, el rey Harald, y que durante años tuvo un peso muy importante dentro de la realeza, ya que fue la hija mayor de un rey viudo.
A Ragnhild se le ha recordado mucho en los últimos meses de crisis como la princesa que vaticinó el peor momento de la monarquía noruega, sin embargo, no se ha comentado en qué contexto tuvieron lugar esas declaraciones que formaron parte de un documental sobre su vida como princesa en el exilio. Aunque nunca se confirmó, en ese momento se barajó que su enfado evidente venía por otro lado: la princesa podría estaba disgustada con el trato que el rey Harald le brindó durante la visita de Estado que realizó a Brasil. Entonces se comentó que el jefe del Estado noruego no extendió para ella ninguna invitación oficial ni trato especial, por lo que ella acudió a citas puntuales y como la mujer de uno de los empresarios noruegos afincados en el país.
Ragnhild de Noruega era una princesa de las de antes, de las que había vivido la Segunda Guerra Mundial en el exilio y había visto a su abuelo, Haakon VII, a su padre, Olaf V, ganarse a pulso la monarquía en la Noruega independiente. En un principio, como nieta e hija de rey estaba dispuesta, igual que su hermana Astrid, a abrazar todas las normas de la realeza y servir a su dinastía. El amor lo cambió todo, Ragnhild se enamoró de su guardaespaldas, Erling Sven Lorentzen, hijo de un magnate naviero y que había servido en la unidad de élite creada por el Ejército británico para operaciones especiales en la Noruega ocupada.
Ni la posición de su familia ni el servicio que prestó contra la invasión nazi evitaron que fuera rechazado como cónyuge de una princesa y se les impuso un año de alejamiento que no sirvió para nada, ya que al final lograron casarse, sin embargo, el rechazo de la sociedad noruega fue tan grande que terminaron por marcharse a Brasil, donde él tenía negocios. Tuvieron tres hijos, sin título real, y seis nietos que se criaron entre Río de Janeiro y California. La hermana del rey falleció en su casa de Río de Janeiro el año 2012 después de un cáncer del pulmón. Harald y Astrid de Noruega trasladaron su cuerpo a Oslo y -junto a su viudo, que vivió hasta el 2021, y sus hijos- le brindaron un funeral de princesa en la capilla del Palacio Real de Oslo y depositaron sus restos en la iglesia de Asker, la misma en la que se casó.













