No hace falta ser muy entendido en materia de Fórmula 1 para saber que el circuito de Mónaco es uno de los más prestigiosos. No solo por tratarse de un lujoso microestado soberano ubicado en la Riviera Francesa, sino porque allí se han vivido algunos de los momentos más memorables de este deporte. El instante en el que Leclerc rompió con la “maldición” que arrastraba durante años y ganó su Gran Premio de casa, mientras el príncipe Alberto de Mónaco lloraba al entregarle el trofeo; el “trance” casi divino en el que entró Ayrton Senna, logrando la pole position con una impresionante ventaja de 1,4 segundos sobre su compañero de equipo, Alain Prost; y la ocasión en la que, debido a una fuerte lluvia y múltiples accidentes, de los 22 coches que tomaron la salida solo 3 cruzaron la línea de meta, son solo algunos de los episodios más icónicos registrados.
Por eso, presenciar una de estas carreras en las que cualquier anécdota puede pasar a los registros de la historia otorga un estatus único. Además, colgarse la acreditación, pasear por el paddock y mezclarse con todo tipo de aristocracia o celebridades confiere una categoría difícil de igualar. Una de las casas reales más aficionadas a este “evento joya" son, para sorpresa de nadie, los Grimaldi. Este año, el príncipe Alberto de Mónaco acudió acompañado de su hijo, el príncipe heredero Jacques, de 11 años, y juntos pusieron rumbo a esta gran cita.
Los Grimaldi, fieles a una tradición familiar
Y aunque los que más destacaron fueron padre e hijo por algunos de los momentos más entrañables que protagonizaron (y que os contamos más adelante), lo cierto es que asistieron más miembros de los Grimaldi. La princesa Charlene, que también acompañó a su marido e hijo, junto con las nuevas generaciones del Principado (con los Casiraghi y los Ducruet aportando frescura y estilo), compartieron confidencias, saludaron a las escuderías (los equipos) y demostraron la vigencia de una tradición que mantiene su apellido ligado a la historia del motor.
Entre ellos destacó especialmente Carlota Casiraghi, nieta de Grace Kelly, que volvió a aprovechar el escaparate internacional que supone el Gran Premio para reforzar su papel como embajadora de Chanel. Habitualmente asociada a los códigos más clásicos de la maison francesa, sorprendió con un vestido diseñado por Matthieu Blazy para Chanel, una elección que se alejaba de los elementos más reconocibles de la firma y que no tardó en captar la atención de los aficionados a la moda presentes en Montecarlo.
Jacques de Mónaco, la nueva estrella del 'paddock'
Sin embargo, si hubo alguien capaz de eclipsar incluso a las figuras más consolidadas de la familia fue Jacques de Mónaco. No es la primera vez que el príncipe heredero acapara titulares, aunque sí una de las ocasiones en las que ha tenido mayor protagonismo individual. Ya en 2019, junto a su melliza, la princesa Gabriella, nacida apenas unos minutos antes que él, protagonizó una divertida fotografía posando con aires desenfadados junto al piloto de Ferrari Charles Leclerc.
Su vínculo con el Gran Premio tampoco es nuevo. El año pasado tuvo el honor de acompañar a su padre como copiloto en una experiencia única: a bordo de un BMW descapotable recorrió el circuito de Montecarlo antes del inicio oficial de la carrera, (un privilegio reservado a muy pocos).
Y es que Alberto jamás se pierde esta cita. Sin embargo, todo apunta a que ahora ya tiene a quien transmitirle esta pequeña (aunque para ellos enorme) afición y con quien compartir una pasión que forma parte de la identidad de la familia y de la propia historia de Mónaco.








