El Baile de la Rosa ha celebrado este 21 de marzo su 70.ª edición, una cifra redonda que reafirma la vigencia de uno de los acontecimientos más emblemáticos y esperados del Principado de Mónaco. Coincidiendo este año con la llegada de la primavera, la gala ha vuelto a reunir a la familia Grimaldi junto a miembros de la alta sociedad, invitados internacionales y figuras destacadas del arte, la moda y el entretenimiento. La noche ha estado marcada por una estética futurista y por un homenaje muy especial al legado de la inolvidable princesa Grace Kelly, cuya huella sigue siendo el alma de esta cita benéfica.
Al frente del evento ha estado, un año más, la princesa Carolina, presidenta de la Fundación Princesa Grace. Bajo su dirección, el Baile de la Rosa volvió a demostrar por qué es, junto a la Gala de la Cruz Roja, el acontecimiento social más importante del calendario monegasco. Este año, la organización ha apostado por una temática futurista bajo el título Galaxy Rose Ball, transformando la velada en un espectáculo vibrante donde tradición y vanguardia se han dado la mano.
Una vez más, la princesa de Hannover ha confiado la dirección artística a Christian Louboutin, responsable de las escenografías desde 2022, que ha estado preparando el evento meticulosamente durante varias semanas. En todo este proceso ha contado con la inestimable colaboración del creador Benoît Miniou, conocido por su enfoque experimental entre la investigación y la imaginación. Ambos han diseñado la propuesta más ambiciosa hasta la fecha: un viaje al espacio exterior para celebrar las siete décadas del baile. El diseñador francés, a quien conocemos principalmente por su tacones de suela roja, ha posado en la alfombra roja junto a Carolina de Mónaco, y también junto a los príncipes Alberto II y Charlene, que han entrado al recinto conversando con él. Finalmente, apareció en la estampa de los Grimaldi 'casi' al completo.
Para la ocasión, el Sporting Monte‑Carlo se ha transformado en una nave espacial monocromática, con una Salle des Étoiles completamente rediseñada. La sala ha incorporado ojos de buey luminosos que cambiaban de color según los 'planetas' visitados durante la velada, efectos de sonido envolventes, juegos de láser inmersivos y una iluminación cinética que simulaba un desplazamiento constante por el cosmos. La escenografía, de gran complejidad técnica, ha sido uno de los elementos más comentados de la noche, ya que transportaba a los invitados a una gran aventura espacial. Algunos de los invitados más notorios han sido Lady Kitty Spencer, Carlos de Borbón Dos-Sicilias junto a Camila de Borbón Dos-Sicilias, la cantante Shirley Bassey o una de las parejas del momento: Charles Leclerc, piloto de Fórmula 1, junto a su (ya) mujer, Alexandra, con quien contrajo matrimonio hace apenas unos días.
Para la ocasión, el vestíbulo se convirtió en el corredor de embarque hacia una nueva misión espacial, una antesala que preparaba a los invitados para una experienci inmersiva única e irrpetible. Al cruzar al Salón de las Estrellas, los asistentes abordaban una sofisticada nave espacial monocromática, lista para iniciar un viaje simbólico más allá de la atmósfera. La magnitud del despliegue técnico y artístico habla por sí sola: 950 metros de manteles espejados que multiplican la luz, 250 lámparas que recrean un firmamento propio y 78 artistas que dan vida a esta travesía sensorial diseñada para sorprender y celebrar a los generosos donantes en una noche verdaderamente excepcional.
Como parte del compromiso continuo de Monte‑Carlo Société des Bains de Mer con la responsabilidad ambiental, casi toda la decoración será reutilizada: los elementos recuperados por la Fundación Princesa Grace —como manteles y lámparas— se transformarán, distribuirán o revenderán en beneficio de la propia Fundación. El resto del material se destinará a canales de reutilización, incluyendo asociaciones locales y pequeñas compañías de teatro, prolongando así la vida de cada pieza y reforzando el espíritu sostenible de la velada.
Cada edición es única e irrepetible y, en los últimos años, siempre ha contado con representación española. En 2023, cuando la temática estuvo dedicada a Bollywood, la invitada estrella fue Isabel Pantoja; mientras que en 2024, con un homenaje a la música disco de los años 70 y 80, la presencia española recayó en Ágatha Ruiz de la Prada. La coreógrafa y bailarina Blanca LI estuvo en la del año pasado, dedicada al Caribe. Una tradición que demuestra la proyección internacional del evento y su capacidad para atraer a personalidades de distintos ámbitos y procedencias.
El espectáculo de este sábado 21 de marzo ha reunido a siete artistas y compañías internacionales, ofreciendo una programación variada y de alto nivel. Rondò Veneziano ha abierto la gala con una actuación que fusionaba música barroca y arreglos contemporáneos. Después ha llegado el turno del cabaré parisino Crazy Horse, cuyas bailarinas han actuado entre luces caleidoscópicas y proyecciones gráficas. El Ballet Kalinka ha rendido homenaje a la tradición rusa de la danza de carácter, mientras que la compañía berlinesa Dulce Compania ha sorprendido con una actuación sobre zancos y vestuario futurista. Los coreógrafos Céline y Cain Kitsaïs han presentado un número que combinaba danza y efectos escénicos, y Leee John junto a su grupo Imagination ha puesto en pie a toda la sala con un repaso a los grandes éxitos del soul, jazz y el funk británico. El DJ Josh Quinton ha cerrado la noche, manteniendo la pista de baile llena hasta la madrugada.
Los Grimaldi, los grandes protagonistas
Como cada año, la familia Grimaldi ha sido el centro de atención. La princesa Carolina, madrina del evento y responsable de su organización, ha presidido la gala con un estilismo que denota el interés por ir acorde a la temática: una blazer y una sandalia plateada que ha acompañado de un vestido con appliqués del mismo tono. A su lado, el príncipe Alberto II de Mónaco ha asistido acompañado por la princesa Charlene, que ha apostado por un look de corte clásico, pero haciéndole un guiño a la velada al emplear un tejido de lentejuela plateada. También han estado presentes Alexandra de Hannover junto a su pareja, el deportista alemán Ben Sylvester Strautmann; y Pierre Casiraghi junto a Beatrice Borromeo, que ha optado por un vestido negro que ha acompañado de joyas españolas. La princesa Estefanía no ha asistido este año, igual que en la edición anterior, y tampoco lo han hecho sus hijos.
En esta edición, además, el Baile de la Rosa ha contado con una invitada muy especial: la princesa Akiko de Japón, que inauguró el sábado por la mañana el evento Japón en Mónaco en la explanada del Grimaldi Forum, en compañía del Alberto y Charlene de Mónaco. Su presencia, por invitación expresa del príncipe monegasco, ha despertado gran interés mediático. En el salón de Salle des Étoiles se ha movido entre el lujo y la sofisticación propios de la gala, compartiendo velada con algunos de los nombres más destacados de la alta sociedad internacional.
Como no podía ser de otra forma, el Baile de la Rosa mantiene su carácter exclusivo. La etiqueta exige vestido de noche para ellas y esmoquin para ellos, y el precio por persona es de 1.800 euros, una cifra que no impide que las entradas se agoten cada año. La gala es, junto a la de la Cruz Roja, la cita social más importante del Principado, y una de las pocas ocasiones en las que gran parte de los Grimaldi se reúne en público, posando para una instantánea de lo más buscada.
Origen del baile de la rosa
El origen del baile se remonta a 1954, cuando Grace Kelly decidió organizar una gala benéfica para recaudar fondos para la fundación que llevaba su nombre. Con el tiempo, el evento se convirtió también en una herramienta para proyectar Mónaco como destino de referencia para las élites internacionales, apoyado por las conexiones de la princesa con Hollywood. Tras su fallecimiento, la princesa Carolina asumió la organización y ha trabajado con figuras como Karl Lagerfeld, quien hasta su fallecimiento en 2019 se encargó en varias ocasiones de la escenografía, y Christian Louboutin para mantener viva la esencia del baile y adaptarlo a cada época.
Más allá del glamour, el Baile de la Rosa tiene un fin solidario. Desde 1964, los fondos recaudados -incluida la rifa, presentada habitualmente por Stéphane Bern, y otros premios excepcionales que tienen lugar durante la velada- se destinan íntegramente a la Fundación Princesa Grace, dedicada a ayudar a personas en dificultades y a niños desfavorecidos mediante iniciativas humanitarias y filantrópicas.
Esta 70ª edición ha confirmado que el Baile de la Rosa sigue siendo un pilar de la identidad monegasca













































