El hermano del rey Carlos III vuelve a enfrentarse a la justicia, atravesando una nueva crisis que afecta de forma directa a la monarquía. Un momento de especial delicadeza en el que ha sido llamado a declarar en calidad de testigo tras haber pasado un periodo de tiempo sumergido en problemas judiciales, tras desvelarse detalles de su amistad con el delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein, y que, incluso, le llevaron a estar arrestado por la policía del Thames Valley bajo la sospecha de "mala conducta en el ejercicio de un cargo público". Ahora, todo ese periodo vuelve a subrayarse tras verse involucrado en una operación financiera que guarda relación con una millonaria turca y el pago de algunos miles de euros a la familia de quien un día fue príncipe del Reino Unido. Ahora deberá presentarse ante la justicia.
La nueva polémica del ex-príncipe
Andrés Mountbatten-Windsor deberá enfrentarse, una vez más, a la justicia británica, aunque esta vez en calidad de testigo. Un asunto clave dentro del transcurso de este proceso judicial encabezado por una millonaria turca, por lo que la voz del hermano de Carlos III será una de las grandes bazas de este caso. Y es que el que un día fue príncipe no está acusado ni tampoco se le reclama como sospechoso de delito alguno, pues tendrá que presentarse como testigo de uno de los casos más destacados del año, en el que una millonaria turca cuya fortuna radica en su negocio relacionado con el jabón y los productos de cuidado personal reclama su dinero. Esta mujer es Nebahat Isbilen, cuya vida comienza en Turquía, aunque vive en el Reino Unido desde que su marido fuese condenado a cadena perpetua por terrorismo. Una millonaria de 81 años que comenzó a mover parte de su dinero a través del gestor financiero Selman Turk, donde llegó a realizar grandes transferencias de dinero aunque sin conocer el destino final de estas inversiones.
Según indica, Selman Turk habría entregado la suma de 420.000 euros a Andrés Mountbatten-Windsor, aunque él no fue el único que parece haber recibido dinero de Nebahat Isbilen, pues la exesposa del expríncipe, Sarah Ferguson, habría recibido cerca de 270.000 euros, un regalo de bodas para la princesa que rozaba el millón de euros, así como 30.000 destinados a la princesa Eugenia, al parecer, para entregar a Nebahat un pasaporte. Una cuestión más que delicada en la que el asesor ha negado la existencia de estas transferencias al propio Andrés y a su familia, por lo que se ha solicitado la presencia del expríncipe en el juicio que debería comenzar el próximo 16 de noviembre en el Tribunal Superior de Justicia de Londres, donde se espera su presencia de forma presencial o telemática a mediados de diciembre, para dar respuesta a una incógnita que aún sigue sin resolverse.
Una solicitud que se enmarca en un proceso personal bastante complejo para el propio Andrés, quien tras descubrirse los lazos que mantenía con Jeffrey Epstein durante el reinado de Isabel II vio cómo salían a la luz cuestiones que llevaron al rey Carlos III a despojarle de sus títulos, a erradicar su presencia pública junto a la familia real, así como a exigir el abandono de su mansión en Windsor, el Royal Lodge. Una residencia de 30 habitaciones en la que vivía desde 2003 prácticamente sin pagar alquiler, lo que generó un fuerte rechazo ciudadano por el coste y los privilegios que mantenía a pesar de estar apartado de la familia real. Un momento delicado que reabre todo lo comentado, aunque la implicación del notificado sea únicamente en calidad de testigo.







