Las buenas noticias suelen contarse de sopetón. Con las malas, sin embargo, no ocurre lo mismo. Hace falta tiempo para digerirlas, encontrar las palabras y decidir cuándo es el momento adecuado para compartirlas. Y cuando quien las recibe forma parte de la Familia Real británica, ese tiempo queda aún más condicionado por la discreción y el protocolo. La reina Camilla, de 79 años, lo sabe bien. Acababa de conocer que su marido, el rey Carlos III, tenía cáncer cuando tuvo que afrontar uno de los compromisos en los que más difícil debió de resultarle separar lo personal de lo institucional. Inaugurar un centro de apoyo a pacientes oncológicos y conversar con personas que estaban atravesando aquello que, de repente, también había entrado en su propia casa.
Ocurrió el 31 de enero de 2024, cinco días antes de que el Palacio de Buckingham hiciera público el diagnóstico del monarca. Camilla acudió al nuevo centro Maggie's del Royal Free Hospital de Londres como presidenta de la organización, cargo que ocupa desde 2008. Sonrió, escuchó y cumplió con su agenda mientras guardaba un secreto que le quemaba por dentro y que ahora, más de dos años después, reconoce que estuvo a punto de revelar.
"Recuerdo haber ido a Maggie's justo después de que le diagnosticaran la enfermedad al Rey. Nadie podía decir nada en ese momento. Fue bastante difícil", ha confesado por primera vez.
Un secreto difícil de guardar
Camilla ha recuperado aquel momento en un cortometraje realizado por el Palacio de Buckingham y Maggie's con motivo del 30 aniversario de la organización. En conversación con su directora ejecutiva, Dame Laura Lee, reconoce hasta qué punto aquel acto adquirió un significado completamente diferente.
"Estuve a punto de decir algo, pero sentí que no era el momento", recuerda. Delante tenía a enfermos de cáncer y a sus familiares hablando de sus miedos y experiencias mientras ella todavía trataba de asimilar los suyos. "Tenía muchísimas ganas de desahogarme, pero obviamente no podía".
La paradoja era especialmente dolorosa. Durante años había acudido a los centros Maggie's para escuchar a quienes convivían con el cáncer. Aquella mañana seguía siendo la misma reina, pero ahora sentía esa enfermedad aún más cerca, si cabe.
Ella misma admite que sus conversaciones fueron diferentes. "Casi los estaba interrogando", explica, aunque aclara que intentaba no indagar demasiado. "Normalmente, al entrar, simplemente hablaría con ellos. Pero fue mucho más profundo".
De la empatía al diagnóstico familiar
El diagnóstico de Carlos III hizo que Camilla comprendiera desde una perspectiva mucho más íntima una realidad que llevaba casi dos décadas conociendo a través de otras familias.
"Nunca había tenido repercusiones en casa, y de repente a tu marido le diagnostican la enfermedad y piensas: 'Dios mío, he estado hablando con toda esta gente, y ahora soy yo la que tiene que ayudar a cuidar a mi pobre marido e intentar comprenderlo todo'", reconoce.
Cinco días después de aquella visita, el 5 de febrero de 2024, Buckingham anunció públicamente que el Rey padecía cáncer. La enfermedad había sido detectada después de que Carlos se sometiera a un procedimiento hospitalario por un agrandamiento benigno de próstata. El Palacio aclaró que no se trataba de un cáncer de próstata, pero nunca ha revelado qué tipo de tumor padece.
Comenzaba así una etapa complicada para el matrimonio, con el monarca sometiéndose a tratamiento y Camilla asumiendo una mayor carga institucional mientras trataba de acompañarle en privado.
La firmeza del monarca ante la enfermedad
Si Camilla recuerda la angustia con la que recibió la noticia, también habla con orgullo de la forma en la que su marido decidió afrontarla. "Miren a mi esposo. Nada lo detuvo. Simplemente dijo: 'Esta es mi manera. Voy a afrontarlo'", cuenta.
El Rey comenzó su tratamiento a principios de 2024 y retomó sus compromisos públicos en abril de aquel año, menos de tres meses después. Su empeño por mantener el ritmo incluso llegó a preocupar a Camilla, que ha comentado en otras ocasiones que su marido no siempre hace caso cuando le piden que reduzca la marcha.
Su evolución ha sido positiva. A finales de 2025 se anunció que había respondido "excepcionalmente bien" al tratamiento y que este podía pasar a una fase de precaución con una reducción de la frecuencia. El propio Carlos calificó la noticia como una "gran bendición personal", aunque su salud continúa bajo seguimiento médico.








