Nada cuenta mejor la historia que los objetos olvidados. Si de las paredes del palacio de Buckingham cuelga arte y memoria viva, sus suelos esconden auténticos recuerdos fósiles testigos del paso del tiempo en un edificio que es residencia de reyes desde el siglo XIX. Después de una década de obras en las que se invirtieron 480 millones de euros, el resultado no ha sido solo una modernización de las instalaciones, también el hallazgo de objetos de los reinados de Jorge VI, de Isabel II e incluso de la época victoriana que han sobrevivido incluso a la remodelación que se realizó tras la Segunda Guerra Mundial.
Bajo las tablillas de madera del palacio londinense se han encontrado, unas botas de trabajo de un obrero, un paquete de cigarrillos Silk Cut, la marca que en su momento fumaba la reina Camilla, una cartelera de los teatros del West End en un ejemplar del Standard de 1889, un boleto de apuestas de fútbol sin rellenar de 1957, un ticket para un torneo del popular juego de cartas inglés Whist organizado por el club social de la casa real de hace casi 80 años y un programa con los horarios y las directrices para acoger la recepción al cuerpo diplomático con motivo del Jubileo de Plata para celebrar los 25 años en el trono de Isabel II. El él se indicaban detalles como que la reina y la familia real avanzaría en el sentido de las agujas del reloj por el salón. Además, los ayudantes debían animar a los invitados a charlar con los diplomáticos.
Estos hallazgos, y muchos otros como vasijas, jarras o una botella de agua mineral Schweppes Malvern, revelan como era el día a día de las personas que trabajaban en el Palacio en la trastienda de la Corona. Sabemos qué utilizaban en su vida diaria y también cómo se divertían. Incrustado en una piedra ha aparecido un boleto para jugar uno de los torneos de Whist por un precio de 6 peniques y con fecha del 14 de abril de 1949, cuando aún reinaba Jorge VI.
También se ha hallado un ejemplar del Daily Express de 1966 que alude en su portada a un robo producido tres años antes en un tren de correos que iba de Glasgow a Londres. La información se centra en la vida en una prisión de seguridad de los hombres declarados culpables del asalto.
Otros objetos que también nos trasladan a un Buckingham de hace décadas son una caja desgastada con seis christmas de Navidad, una serie de azulejos de cerámica Minton que corresponden a una chimenea del siglo XIX, así como una caja de madera de conexiones eléctricas. Además, la nueva reforma que tenía entres sus objetivos sustituir el cableado dejó al descubierto el antiguo, que estaba cubierto de caucho vulcanizado, un material potencialmente inflamable.
Buckingham, de hogar a oficina de la monarquía
Buckingham ha sido la residencia oficial de la monarquía británica desde 1837, cuando la reina Victoria se instaló en este palacio construído un siglo antes para albergar la segunda residencia de Johan Sheffield, primer duque de Buckingham y Normanby. Cuando falleció su padre, el rey Jorge VI, la reina Isabel II prefería seguir en Clarence House —donde vive actualmente su hijo, el rey Carlos III—, pero accedió tras una conversación con Winston Churchill. No obstante, nunca fue su residencia favorita y desde el inicio de la pandemia hasta su muerte se instaló en el Castillo de Windsor. El actual monarca acabará de consagrar este palacio como sede de la actividad oficial ya que no tiene intención de trasladarse, tampoco cuando finalice la reforma el año que viene.
Aún así, los aposentos reales son solo una pequeña parte de la vida de Buckingham. Si algo nos cuentan los objetos recuperados en esta última puesta a punto es que la historia del palacio la escriben, sobre todo, sus trabajadores. Sus notas, su actividad, sus utilensios e incluso su ocio llevan siglos salvaguardando los pilares de la casa real británica.















