La presión digital por la estética y la sobreexposición constante se han convertido en una de las mayores inquietudes de la crianza actual. En una reciente entrevista concedida a ¡HOLA!, la modelo Vanesa Lorenzo, madre de dos niñas, ponía el foco sobre este problema "Creo que las niñas y las adolescentes están especialmente expuestas a la comparación y a la mirada externa y por eso en casa intentamos cuidar mucho el lenguaje".
Así lo explicaba la propia Vanesa Lorenzo durante la conversación, narrando su experiencia en casa: "Evitamos la crítica hacia el propio cuerpo y hacia el de los demás, y procuramos que la apariencia no ocupe un lugar que no le corresponde. Además, trabajo con profesionales de la psicología en contenidos relacionados con la crianza y eso me permite conocer mejor algunos de los riesgos asociados a las redes sociales. Intento trasladar ese conocimiento a casa, no solo poniendo límites, sino dándoles herramientas: enseñarles a cuestionar lo que ven, hablar sobre cómo les hace sentir y ayudarles a construir una mirada propia. No creo que podamos aislarlas de la realidad en la que están creciendo, pero sí acompañarlas para que aprendan a relacionarse con ella con más criterio y seguridad".
A raíz de sus declaraciones, hablamos con Yolanda Gutiérrez, psicóloga clínica en el Hospital Universitario Vithas Madrid Arturo Soria, y con la doctora Ana Laura Fernández Perrone, neuropediatra en el Hospital Universitario Vithas Madrid La Milagrosa. Ambas expertas desgranan las claves de la neurociencia y la psicología infantil para detectar las primeras señales de alarma, desactivar la trampa de los filtros y enseñar a nuestras hijas que su valor personal va mucho más allá de un like.
Así nos lo aclara Yolanda Gutiérrez, psicóloga clínica del Hospital Universitario Vithas Madrid Arturo Soria.
¿Cuáles son los primeros cambios conductuales o verbales que indican que una niña podría estar empezando a desarrollar una mala relación con su cuerpo debido a la presión digital?
Los primeros cambios se ven tanto conductuales como verbales. Conductas como evitar verse en un espejo o, por el contrario, estudiar su cuerpo en busca de defectos irreales, eso lleva a intentar ocultarlos con ropa holgada que no deja ver la silueta, obsesión con el ejercicio, dietas... Por otro lado, tienden a compararse con personajes de redes sociales a las que admiran por su delgadez, se autocritican de manera constante y negativa, preguntas frecuentes sobre su aspecto.
Una adolescente ve a chicas en redes que le parecen "perfectas" ¿qué puedo decirle cuando dice "ojalá tuviera la cara o el pelo o el cuerpo de tal persona" para ayudarle a bajar esa expectativa a la realidad?
Todo pasa por la aceptación de su cuerpo y de creer en sí mismas, ese es el objetivo, pero para llegar a ello se puede bajar a tierra, a la realidad lo que está viendo. Una frase que suelo decir es que las personas que están en RRSS solo exponen lo que ellas desean que los demás vean. Cuando nos hacemos una foto, sonreímos, parecemos felices, elegimos ropa que nos favorezca, cuidamos el peinado, esas personas pueden pasar horas para reflejar ese aspecto pero la realidad puede ser otra muy distinta.
Si en casa se evita la crítica corporal, pero las hijas vuelven del colegio o de las redes haciendo comentarios despectivos sobre su propio físico, ¿cuál es la forma más efectiva de reconducir la conversación sin invalidar lo que sienten?
Ante todo, hay que validar esa emoción, preguntar el origen de ese comentario, si en casa se evita la crítica corporal, ese pensamiento viene de alguien externo, no es propio. Intentar rebatir esa percepción, hacer el ejercicio de averiguar juntas los motivos reales que llevan a alguien a realizar esos comentarios.
¿Cómo se puede afrontar en la infancia y adolescencia la cultura de la constante evaluación estética?
Educación y valores más allá de la estética. El hogar debe ser el refugio de los hijos, para ello hay que hacerles sentir seguros como son, incidir en sus valías académicas, simpatía, inteligencia... Cuidar el lenguaje no premiando la delgadez, o la estética. Deben sentir que son estupendos y valiosos independientemente de su estado físico. Hacer crítica de las RRSS, como he dicho antes, reflejan lo que ellos desean que se vea, no la realidad.
Cuando nos hacemos una foto, sonreímos, parecemos felices, elegimos ropa que nos favorezca, cuidamos el peinado, esas personas pueden pasar horas para reflejar ese aspecto pero la realidad puede ser otra muy distinta
Una adolescente llega a casa diciendo que todas sus amigas son más delgadas, más altas o visten mejor que ella. ¿Cómo tienen que responder los padres para no caer en el típico "tú eres la más bonita" que suena poco convincente para ella?
Validar sus emociones, tiene derecho a sentirse así, pero a partir de ahí intentemos cuestionar el "todas" las amigas son ideales. Cuestionar por qué son amigas, por su estética o por otros valores más importantes como personalidad, lealtad... Normalizar la diversidad de cuerpos, de gustos y preguntarse ¿qué pasa porque tus amigas son tan "ideales"? ¿qué valor tiene la estética en su amistad?
También hemos podido contar con las opiniones de la doctora Ana Laura Fernández Perrone, neuropediatra del Hospital Universitario Vithas Madrid La Milagrosa y del Instituto de Neurociencias Vithas en Madrid.
¿Qué preguntas o dinámicas concretas podemos utilizar con niñas y adolescentes para que aprendan a detectar la manipulación, los filtros y la falta de realidad en las publicaciones de las redes sociales?
Una estrategia que me gusta es enseñarles a cambiar la pregunta. En lugar de preguntar “¿es guapa?” o “¿te gusta?”, podemos preguntar: ¿Qué crees que hay detrás de esta imagen? ¿Cuántas fotos se habrán hecho antes de elegir esta? ¿Hay una pose determinada, maquillaje, iluminación, un filtro? ¿Qué parte de la realidad estamos viendo y cuál ha quedado fuera?
Desde la neurociencia, esto tiene sentido porque estamos intentando introducir pensamiento crítico allí donde la imagen provoca una respuesta mucho más inmediata. El cerebro adolescente está todavía madurando, especialmente los sistemas implicados en el control cognitivo y la regulación de la conducta, mientras que la sensibilidad a la recompensa y a la valoración social tiene un peso importante durante esta etapa. Por eso no basta con decirles “eso es falso”. Es mucho más útil enseñarles a descubrir cómo está construida la imagen.
Podemos hacer incluso un pequeño juego: mirar juntas varias publicaciones y buscar las “pistas de producción”: encuadre, luz, pose, edición, selección de la mejor fotografía, publicidad o contenido patrocinado. El objetivo no es enseñarles a desconfiar de todo, sino recordarles algo muy sencillo: una publicación es una selección de la realidad, no la realidad completa.
¿De qué manera se ayuda a una adolescente a despegar su sentido de valía personal del número de likes, comentarios o interacciones que recibe en red?
Primero tenemos que entender por qué esos likes importan. Para un adolescente, la aceptación de sus iguales no es algo superficial. La adolescencia es una etapa en la que aumenta especialmente la importancia de la valoración social. Y las redes han conseguido algo novedoso: convertir esa aprobación social en un número visible, inmediato y comparable.
Por eso, decir “no hagas caso a los likes” suele servir de poco. Es más útil ayudarla a ampliar los lugares de los que obtiene reconocimiento y satisfacción: aquello que sabe hacer, lo que aprende, sus amistades reales, el deporte, el humor, la música, la creatividad, el esfuerzo, su capacidad para cuidar a otras personas… La identidad necesita construirse sobre muchas columnas.
También podemos hacer preguntas muy sencillas: “Si esta foto tuviera diez likes en lugar de cien, ¿habría cambiado algo de ti?”. O: “¿Qué cosas importantes de ti no pueden recibir un like?”. Parece una pregunta simple, pero desplaza la atención desde cómo me ven hacia quién soy.
Y los adultos debemos procurar no reforzar continuamente la apariencia como principal fuente de reconocimiento. Una niña que escucha elogios por muchas dimensiones de sí misma aprende que su cuerpo es una parte de su identidad, no el centro de ella.
El objetivo no es enseñarles a desconfiar de todo, sino recordarles algo muy sencillo: una publicación es una selección de la realidad, no la realidad completa
Cuando la adolescente expresa tristeza o frustración por “no encajar” en los estándares de belleza predominantes en su entorno digital, ¿cuál es la mejor respuesta emocional por parte de los padres?
Probablemente el primer error sea intentar convencerla inmediatamente de lo contrario: “Pero si eres guapísima”, “no digas tonterías” o “esas chicas son todas artificiales”. Lo hacemos con buena intención, pero podemos estar respondiendo a una emoción que todavía no hemos escuchado.
Primero hay que validar el malestar sin validar la conclusión. Podemos decir: “Entiendo que compararte constantemente con esas imágenes pueda hacerte sentir así”. Después podemos ayudarla a analizar de dónde viene esa sensación.
La comparación social relacionada con la apariencia es precisamente uno de los mecanismos que más consistentemente se asocia con insatisfacción corporal en los estudios sobre redes sociales. Y, además, puede funcionar en ambas direcciones: quien se siente peor con su cuerpo puede tender a compararse más, y esa comparación puede alimentar a su vez la insatisfacción.
La conversación, por tanto, no debería quedarse en discutir si nuestra hija es o no suficientemente guapa. El mensaje más profundo es otro: “Entiendo que esto te duela, pero tu cuerpo no tiene que competir con las imágenes que aparecen en tu pantalla”.
¿Qué conductas o dinámicas invisibles de los propios padres —uso personal de pantallas, comentarios sobre la ropa o el peso de terceros— suelen pasar desapercibidas pero impactan directamente en la autoestima de las hijas?
Los niños aprenden muchísimo de lo que hacemos cuando creemos que no estamos enseñando nada. Una madre que se mira al espejo y dice constantemente “estoy horrible”, un padre que comenta que alguien “ha engordado muchísimo”, adultos que valoran positivamente a una persona porque está más delgada o que pasan la comida familiar pendientes del teléfono están transmitiendo información, aunque nunca se sienten a hablar de autoestima.
Incluso cuando el comentario se refiere a otra persona, el mensaje puede aprenderse como una regla: el cuerpo de los demás se observa, se juzga y determina parte de su valor social.
Lo mismo sucede con nuestra relación con las pantallas. Es difícil explicar que el móvil no debe ocupar todos los espacios si nosotros consultamos notificaciones durante la cena o interrumpimos continuamente una conversación para mirar la pantalla. La investigación sobre familias y redes sociales identifica precisamente el modelado parental, la comunicación y el establecimiento de límites como dimensiones relacionadas con la forma en que los adolescentes utilizan las redes.
Por eso quizá una de las intervenciones más potentes no sea controlar solamente lo que hacen nuestras hijas, sino preguntarnos qué relación con el cuerpo, la imagen y la tecnología estamos modelando nosotros.
¿Cómo le explico a una adolescente que cuidar la imagen personal no está mal, pero que no define quién es ni su valor como persona?
No creo que debamos demonizar la estética. Vestirse de una determinada manera, maquillarse, peinarse o disfrutar de la moda puede ser una forma de creatividad, pertenencia y expresión de la identidad, especialmente durante la adolescencia. El problema aparece cuando la imagen deja de ser una forma de expresarse y se convierte en una forma de medirse.
Yo se lo explicaría de una manera muy sencilla: “Tu imagen habla de ti, pero no cuenta toda tu historia”. Podemos disfrutar de estar guapos igual que disfrutamos de decorar nuestra habitación o elegir una ropa que nos representa. Pero ninguna de esas cosas determina nuestra inteligencia, nuestra capacidad para querer, nuestro sentido del humor, nuestros valores, nuestros talentos ni lo que aportamos a otras personas.
Desde pequeños deberíamos ayudarles a construir una identidad suficientemente amplia para que ninguna característica aislada pueda sostener todo su valor personal. Porque el cuerpo además cambia, y mucho, especialmente durante la adolescencia.








