Ha sido la otra boda real del año en el Reino Unido. Lady Marina Windsor, nieta de los duques de Kent —y prima del Rey Carlos III y los príncipes Guillermo y Harry—, ha dado el "sí, quiero" a Nico Macauley. Primero, en una íntima ceremonia católica —Marina renunció a su puesto en la línea de sucesión tras confirmarse en la fe católica— en la abadía de Ampleforth —el monasterio benedictino en North Yorkshire (Inglaterra) donde Nico fue bautizado—.
Tres días más tarde, llegaba la celebración en la iglesia All Saints, un templo situado en el pueblo de Hovingham donde creció su abuela, la recordada duquesa de Kent (que falleció hace casi un año). "Es muy especial, también porque Nico es de Yorkshire, así que todo se siente como una serendipia". "Cada momento se ha sentido como si estuviéramos en la boda de nuestros sueños".
Entre los 279 invitados no faltaban su abuelo, el príncipe Eduardo, duque de Kent; sus padres George y Sylvana Palma Windsor, condes de St. Andrews; sus hermanos, Lady Amelia y Edward Windsor, Lord Downpatrick. Tampoco Lord Frederick Windsor y su mujer, Lady Sophie Windsor (también conocida como la actriz Sophie Winkleman); su tía, Lady Helen Taylor con su marido, Timothy Taylor, y sus hijos Columbus, Cassius, Eloise y Estella; o la historiadora del arte Flora Vesterberg.
Una tiara con historia
Todo comenzó por la mañana, a unos pasos de la iglesia. En Hovingham Hall, una espectacular casa del siglo XVIII que se asienta sobre un terreno histórico —ocupado desde el siglo XVI por los Worsley, la rama materna de la familia de su padre—, la novia se preparaba y celebraba un brunch con sus trece damas y sus tres damas de honor —incluida su hermana Amelia—.
Su amiga Laura Hattrell se encargó del maquillaje; su peluquera, Hannah Worman, le hizo un sofisticado recogido; y Larissa von Planta —quien tiene un atelier sostenible en Londres— creó su soñado vestido de novia, que combinó con un velo de encaje antiguo de los Habsburgo, y unos zapatos de tacón —estilo "Mary Jane" en terciopelo marfil—, creados a medida por Penelope Chilvers. Pero el accesorio más especial era su tiara, que perteneció a su bisabuela, la princesa Marina de Grecia y Dinamarca.
Para Lady Marina, fue "emocionante" ponerse la espectacular tiara que perteneció a su bisabuela, la princesa Marina de Grecia y Dinamarca
Una pieza que, en su origen, fue un "bandeau" de diamantes creado por Garrard & Co., a mediados de los años 20, para la Reina María, quien se lo dejó a su nuera, la princesa Marina. Ella, después, se lo daría como regalo de bodas a Katharine Worsley, cuando se casó con su hijo, el duque de Kent, en 1961; y en los años 70 la ya duquesa de Kent transformó el original, combinándolo con la tiara de perlas y diamantes de la princesa Luisa, para crear la tiara de perlas y diamantes actual —que también llevó Lady Helen, tía de Marina, en su enlace con Timothy en 1992—.
"Todo es muy personal", decía Marina sobre su look. "Es una conexión familiar muy bonita". De hecho, colocarse la tiara fue, para ella, "muy sentimental por todo el legado familiar que tiene detrás, y bueno, uno no se pone una tiara todos los días", aseguraba con una sonrisa. "Fue emocionante, y además combinaba muy bien con todo el conjunto".
La novia caminó hacia el altar del brazo de su padre, George Windsor, conde de St. Andrews, y su hermana Amelia fue una de sus damas de honor
Una divertida equivocación
El novio también hizo un pequeño guiño a su familia, llevando un chaqué que era de su padre, que falleció hace siete años. Marina no tardó nada en llegar al templo, y su padre ya estaba listo para acompañarla hasta el altar. "Fue un momento muy especial", explica Nico al recordar la primera vez que vio a la novia.
Después, la reverenda Jane Brown ofició una ceremonia de handfasting (unión de manos) —una tradición celta—, en la que la pareja se envolvió las muñecas con cintas mientras intercambiaban sus votos, pero hubo un pequeño error.
Lady Marina quería una boda sostenible y llena de animales, así que llevaron a tres perros de la familia, que formaron un divertido cortejo nupcial
"Nos pusimos las cintas en las manos equivocadas", comenta Nico. "Se suponía que debíamos hacerlo en manos distintas para poder sentarnos uno al lado del otro, pero como lo hicimos al revés, tuvimos que desatarlo antes de lo previsto. Provocó un montón de risas".
"Al final, siempre son las imperfecciones las que humanizan la experiencia y la hacen mucho más divertida", añade Marina, quien también nos confiesa que sus votos "fueron preciosos. Hacer cosas así siempre te pone de los nervios, pero no pudo haber salido mejor. La gente se rio y le parecieron muy dulces, y a nosotros nos encantó decírnoslos el uno al otro".
Del cortejo nupcial perruno a un burro por sorpresa
Durante la ceremonia hicieron las tradicionales lecturas Mary y Lady Helen, tías de Nico y Marina, respectivamente. Bean Foster, amigo de la novia, leyó la letra de la canción All I Want Is You, de Barry Louis Polisar; y Lady Minna Kerr y Ollie Clarke interpretaron una versión acústica del tema Fade Into You, de Mazzy Star.
Sin embargo, el instante más divertido llegó con el cortejo nupcial perruno que desfiló hacia el altar y que estaba formado por Ronnie, el labrador negro de los Macauley; Bramble, el labrador dorado del duque de Kent; y Gyda, la Parson Jack Russell de Edward, hermano de Marina. Y todavía quedaba la gran sorpresa: un burro —llamado Ellie—, que cargaba el confeti para que los invitados se lo lanzasen a los recién casados.
"Me conmovió muchísimo porque Nicky, la madre de Nico, organizó esta sorpresa", comenta Marina. "Yo quería tener la mayor cantidad de animales posible, pero como que nos habíamos olvidado de eso, así que me hizo muy feliz. Fue el elemento más maravilloso y absolutamente celestial".
Como una noche (sostenible) de San Juan
Dado que su boda se celebraba antes del solsticio de verano, la pareja pasó un año planificando una celebración inspirada en la noche de San Juan, que se reflejó en las invitaciones y carteles —ilustrados por la artista Sasha Compton, la mejor amiga de la infancia de Marina y Nico— y en la decoración floral, a cargo de la florista Fran Smith, de Limewood Flowers.
Como mánager de eventos para la organización benéfica de conservación Blue Marine Foundation —de la que la princesa Eugenia es embajadora—, Marina —que llevó un original ramo con fresas silvestres y guisantes perfumados—, quería que todo su enlace fuese sostenible, así que todas las flores —peonías, pensamientos, rosas…— eran propias de la estación y de origen local. Tampoco se usaron plásticos.
Después de liberarse del confeti, los recién casados se unieron a sus invitados —que se encontraron con mesas que llevaban el nombre de las películas favoritas de la pareja—.
Tres amigos del colegio de Nico sorprendieron a la multitud tocando la gaita, antes de que la banda S.O.L. Collective tomara el relevo, interpretando una vibrante mezcla de soul y jazz; y Marina cogiese el micrófono para dar un discurso. Otro instante para el recuerdo como los emocionantes discursos que incluyeron varios homenajes al padre de Nico.
El baile nupcial 'interrumpido'
Para que todo saliese perfecto, Marina contó con el apoyo de su amiga Harriet Webber-Jamieson y su equipo de Party Planners, quienes "hicieron que la fiesta cobrara vida por completo". Otra elección con un profundo significado para la familia, puesto que la firma fue fundada por Lady Elizabeth Anson, prima de la Reina Isabel II.
Yorkshire Party Company organizó el cátering. Para la cena, la pareja eligió una versión sofisticada de pollo con patatas fritas, uno de los platos favoritos de la familia de Nico, y la opción preferida de Marina para los vegetarianos: filete de coliflor a la cúrcuma. Siguiendo la tradición, la pareja utilizó un histórico sable familiar de mariscal de campo para cortar su tarta nupcial de vainilla, elaborada por la pastelera local Sophie Smith y decorada con delicados detalles florales.
Marina y Nico cortaron su tarta nupcial con un sable y abrieron su baile al ritmo de 'Jailhouse Rock', el clásico de Elvis Presley, y contagiaron a sus invitados, que no pudieron evitar tomar la pista
También hubo cócteles, de la mano de Cock & Tail y vino rosado de Pink Diesel —fundada por la dama de honor Amy Gatehouse—.
Marina —que cambió su look por un conjunto de estilo disco de Grace Fitzalan Howard— y Nico abrieron el baile al ritmo de Jailhouse Rock, de Elvis Presley; y sus invitados no pudieron evitar tomar la pista de baile con ellos. Tres "DJ", Pablo Wansbrough, Henry Chandler y el primo de Marina, Cassius Taylor, pusieron ritmo a la fiesta, que se alargó hasta la 01:30 de la madrugada.
El 'secreto' del anillo
El anillo de compromiso de Marina es otro guiño a la historia familiar; esta vez, a la herencia de Nico. Perteneció a su abuela, Elizabeth, a quien su abuelo, el piloto de carreras británico Eric Thompson, le regaló esta joya de platino con un zafiro y diamantes de talla baguette en 1952. Elizabeth la llevó todos los días de su vida hasta que falleció a finales de 2024, momento en que pasó a manos de la madre de Nico, quien, al saber que su hijo iba a pedirle matrimonio a Marina, se lo entregó en secreto.
Después, los dos recurrieron a una amiga cercana de la familia, la diseñadora de joyas Annoushka Ducas, con quien crearon una nueva versión de la reliquia. "Las piedras coincidían perfectamente con los meses de nacimiento de cada uno: un zafiro de septiembre para Marina y un diamante de abril para Nico", revela Marina.
Su hermano Edward —quien le regaló a la novia un vestido como el "algo azul" para la ocasión—, les ha ayudado con su luna de miel —con su empresa Aristeia Travel—, un inolvidable viaje a Cerdeña y Córcega. "Vamos a estar en el mar y sintiéndonos muy mimados".























