Se supone que Andrés Mountbatten-Windsor ni puede usar el título que le sigue perteneciendo, el de príncipe, ni tiene presencia en la vida pública. Pero si algo ha demostrado el hermano del rey Carlos III es que siempre hay una puerta lateral por la que colarse. Medios británicos se han hecho eco de cómo el hijo favorito de Isabel II, no condenado judicialmente pero sí sancionado de forma oficiosa por su vinculación con Jeffrey Epstein, y retirado en teoría del todo, ha regresado este fin de semana a un evento celebrado en una finca real y en compañía de dos miembros de alto rango de la realeza británica: los duques de Edimburgo.
Ha sido The Sun quien ha publicado las fotos y ha relatado lo que sucedió el domingo en las pruebas de enganche de caballos de la finca real Sandringham, un evento tradicional y de perfil bajo que reúne a aficionados, vecinos y algún miembro de la familia real. Hay que recordar que el fallecido príncipe Felipe, marido de Isabel II, era toda una celebridad en este deporte que popularizó y cuyo legado quedó en manos de su nieta, Lady Louise.
"Entraba y salía sigilosamente, definitivamente no quería que lo vieran"
Según el citado medio, Andrés, que vive actualmente en Marsh Farm, una propiedad ubicada en los terrenos de la finca real de Sandringham, en Norfolk, al este de Inglaterra, llegó temprano, conduciendo su Land Rover Defender negro, y se movió por el recinto con discreción. Testigos presenciales aseguran que "entraba y salía sigilosamente, definitivamente no quería que lo vieran", una descripción que encaja con ese estilo de reaparición mínima pero calculada que ha adoptado en los últimos años.
Mientras la duquesa Sophie competía por la mañana, el príncipe Andrés se mantuvo a distancia del recinto principal, refugiado bajo los árboles y lejos de cualquier cámara indiscreta. Aun así, su presencia no pasó desapercibida: fue visto marchándose justo después de que la duquesa terminara su recorrido, y poco después el príncipe Eduardo abandonó también el lugar, una imagen que captaron los fotógrafos.
La reaparición de Andrés en Sandringham llega, además, en un momento complejo. Hace apenas unas semanas, sus hijas Beatriz y Eugenia de York acudieron a la boda de su primo Peter Phillips, un evento familiar al que acudieron los reyes Carlos y Camilla y los príncipes de Gales. Según Daily Mail, fue el propio Andrés quien animó a sus hijas a asistir y a "mantener la cabeza bien alta", en un intento de reafirmar el estatus de la Casa York en un momento en el que él mismo y su exmujer, Sarah Ferguson, están fuera de juego y el apellido en caída libre. Sobre todo desde que se dio a conocer que es Carlos III el que paga el alquiler londinense de sus sobrinas, un asunto que acaparó portadas en el Reino Unido.
Ese episodio se produjo en medio de un clima de tensión creciente entre Andrés y el rey Carlos III. El exduque de York considera que ha sido castigado en exceso, se siente un chivo expiatorio y mantiene una batalla soterrada para recuperar parte de lo perdido: desde reclamar compensaciones por su salida de Royal Lodge hasta exigir una indemnización para Sarah Ferguson, también desalojada. El regreso, aparentemente fugaz e inofensivo al no tratarde de un evento institucional, tiene una lectura inevitable: Andrés sigue buscando espacios donde asomar sin romper las reglas no escritas de su retiro. No aparece en actos oficiales, no representa a la Corona y no utiliza su título, pero su presencia en una finca real, rodeado de familia y en un evento público, demuestra que su desaparición nunca es completa.








