Beatriz y Eugenia de York han acudido hoy a la boda de su primo Peter Phillips, quien contraía matrimonio en segundas nupcias con su prometida Harriet Sperling en la Iglesia de Todos los Santos, de Kemble, Cirencester. La presencia de las dos princesas ha acaparado buena parte de las miradas, dado que se produce en medio de los escándalos que sacuden a su familia y a los que todavía están muy lejos de dar carpetazo. De hecho, sus padres no estaban invitados al considerarse que la presencia de Andrés Mountbatten-Windsor y Sarah Ferguson allí habría enturbiado el ambiente e, incluso, podría restar protagonismo a los novios. Las hermanas, por su parte, aparecían con rostro tranquilo y sonriente durante la celebración del enlace en los Cotswolds, bajo un contexto de turbulencias constantes durante los últimos meses que, lógicamente, no resulta nada fácil para ellas.
Las sobrinas del rey Carlos III han estado acompañadas por sus maridos, Edoardo Mapelli Mozzi y Jack Brooksbank respectivamente, siendo fotografiados los cuatro caminando juntos en su llegada al templo antes de comenzar la ceremonia religiosa. Eugenia, a quien después hemos visto saludar de forma muy cariñosa a las jovencitas Mia y Lena Tindall (nietas de Ana de Inglaterra), lucía embarazo del que será su tercer hijo tras los pequeños August (nacido en febrero de 2021) y Ernest (2023). En cuanto a sus estilismos, Beatriz apostaba por un vestido con estampados de corte muy floral en tonos verdes, mientras que su hermana pequeña iba con un abrigo azul oscuro abrochado, a juego con el tocado, que en ese instante no dejaba ver su traje para la ocasión.
Este mismo viernes, el expríncipe Andrés volvía a ser noticia tras conocerse la que, hasta hace muy poco, era una de sus principales fuentes de ingresos. Un informe de la Oficina Nacional de Auditoría, equivalente británico a nuestro Tribunal de Cuentas, detalló cómo este subarrendaba propiedades de la Corona, en concreto algunas casas de los terrenos del palacio de Royal Lodge donde él vivía. Además, también se ha podido comprobar hasta donde llegaba la protección de Isabel II a la princesas Beatriz y Eugenia y que continuó Carlos III. Ambos monarcas les sufragaban los simbólicos costes del alquiler de sus residencias en St. James e Ivy Cottage, rentas que se encuentran muy por debajo del precio de mercado.
Mucho se ha hablado del trato de favor que siempre han recibido por parte de su abuela, primero, y su tío, después, las hijas de Andrés Mountbatten-Windsor y Sarah Ferguson. Ellas, por su parte, siempre han respondido estando a disposición de la Corona para lo que fuese necesario y remando a favor siempre que viniesen mal dadas, a pesar de que no son miembro activos de la casa real y tienen trabajos remunerados dentro de su actividad privada. Esta situación no empezó a chirriar hasta que su nombre empezó a aparecer en los archivos filtrados de Jeffrey Epstein, que supusieron el 'destierro' de los exduques de York.
Nada de lo que aparece en dichos correos prueba que su implicación conlleve algo alguna responsabilidad, ya que siempre aparecían junto a sus padres o mencionadas por ellos. Sin embargo, la alargada sombra del fallecido magnate las alcanzó también a ellas. De hecho, al principio hubo ciertas dudas sobre si serían o no apartadas de los actos más emblemáticos de la Familia Real británica. Nada más lejos de la realidad, como quedó de manifiesto hace unos meses con su asistencia a la tradicional misa navideña de Sandringham. Al final, como muchos cree, con Beatriz y Eugenia estaríamos ante un caso donde los hijos no tienen por qué pagar los pecados de sus padres.






