Son malos tiempos para ser un Windsor, pero sobre todo si ocupas el presente o el futuro de la monarquía británica, y esos son el rey Carlos III y el príncipe de Gales. La reciente detención de Andrés Mountbatten-Windsor es la mayor crisis que ha afrontado la casa y ha reducido el resto de escándalos a la categoría de anécdota. Los descubrimientos en torno a las aficiones, amistades y el uso de información privilegiada que hacía el hijo favorito de Isabel II son imparables; mientras tanto, el gobierno británico como la propia realeza buscan el cortafuegos perfecto. En este escenario, no todos los miembros de la familia real reaccionan por igual: mientras los príncipes de Gales aprovechan los Bafta para una aparición estrella, el príncipe Eduardo ha tirado de su deporte favorito para pasar el temporal.
El hermano del rey Carlos III ha sido visto esquiando este fin de semana, una afición que tiene desde hace años y que comparte con su mujer, la duquesa Sofía, y también con su hijo pequeño, el vizconde James de Wessex. Mientras Lady Louise es, como sus bisabuelos, amante de todos los deportes que tengan que ver con el mundo del caballo y está centrada en sus estudios en la Universidad de San Andrews, en Escocia, las escapadas de su familia a estaciones de esquí son frecuentes. Unos planes que no han cambiado con los últimos acontecimientos que se han dado en torno a la familia real británica, con la detención de su hermano Andrés y todas las informaciones que están saliendo en la prensa británica sobre hasta qué punto la institución —en este reinado o en el anterior— no sabía el uso que hacía Andrés de su papel, su estatus, la información privilegiada y su pertenencia a la realeza.
El duque de Edimburgo, el cuarto hijo de Isabel II y el príncipe Felipe, siempre fue el más libre de todos y en todos los sentidos. El peso de la institución recaía de lleno en sus hermanos mayores, los príncipes Carlos y Ana, y, a diferencia de Andrés, él nunca quiso un papel importante ni un protagonismo excesivo. Es más, al príncipe Eduardo y a su mujer durante un tiempo se les dejó hacer lo que luego fue negado a Harry y Meghan, que fue continuar con su carrera profesional de forma privada (él como productor y ella como relaciones públicas) y cumpliendo de forma puntual con compromisos de representación para la monarquía o la jefatura del Estado.
El príncipe Eduardo, hasta la fecha, cumple con los compromisos que su hermano acuerda y ha asumido, en gran parte, muchos de los patronazgos que se quedaron huérfanos con el fallecimiento de Isabel II y el duque de Edimburgo. Por otro lado, en los últimos tiempos ha tenido que asumir un importante volumen de labores de representación en el exterior, unos compromisos que posiblemente habrían quedado en manos del príncipe Harry, como segundo hijo del rey, de haber abandonado la realeza británica en el año 2020.
En cierto modo, el príncipe Eduardo, al que el rey Carlos III otorgó el título de duque de Edimburgo tras la muerte de su padre, ha sido una de las figuras que más ha tenido que reinventar su papel en los últimos años. La salida del príncipe Harry -que ocupa un lugar mucho más destacado que él en la línea sucesoria-, las enfermedades que han atravesado tanto el rey Carlos III como Kate Middleton, sumado al escándalo en torno a su hermano Andrés, le han convertido en una figura recurrente que es capaz de conectar por igual con las nuevas generaciones -al menos así lo ven dentro de la institución- como con la vieja guardia, ya que fue criado al estilo de Isabel II y eso le capacita para asumir labores tradicionales de la realeza con las que Guillermo y Kate, como príncipes de Gales, ya no se ven identificados y que no parece que formarán parte de su futuro reinado.
Por otro lado, como miembro en activo y teniendo que sostener el reinado de Carlos III, posiblemente el más complicado y expuesto de la monarquía moderna, el príncipe Eduardo ha tenido que afrontar preguntas incómodas e imprevistas en el trascurso de actos oficiales, algo que también le ha pasado al jefe del Estado a cuenta de la vinculación de Andrés Mountbatten-Windsor con Jeffrey Epstein.









