La Reina doña Sofía cumplió 88 años el 2 de noviembre. Lo celebró como le gusta, en familia, aunque no con la misma alegría. La acompañaron sus hijas, doña Elena y doña Cristina (que viajó desde Barcelona), y uno de sus nietos, y no faltó la tarta de chocolate, una de sus grandes debilidades. Pero no hubo fiesta. La muerte de la princesa Irene fue un mazazo del que no se ha recuperado. Era su querida hermana pequeña y sigue llorándola en silencio y aprendiendo a vivir sin ella. No tiene aún ánimo para grandes celebraciones y, además, la tragedia ferroviaria que ha conmocionado a España también vistió de luto la Zarzuela.
Excepcional en su papel y cada vez más querida, doña Sofía se va acercando a los 90, mientras sigue escribiendo un capítulo brillante de su vida al servicio de su hijo, el Rey; la Corona, y la familia. No quiere quedarse sentada esperando el final ni dejar que la tristeza se apodere de su vida. Es una mujer con una enorme capacidad de superación que, después de todo lo que ha visto y vivido, sigue mirando hacia delante con la determinación de ir al encuentro de nuevas ilusiones.
Con la ayuda de su entorno, nos acercamos a la mujer y a la reina para descubrir cómo ha cambiado su vida, qué la ayuda a seguir adelante y cuáles son los desafíos que la esperan.
Soledad y lágrimas, pero muchas ganas de vivir
Doña Sofía ve cómo, con el paso de los años, su mundo se va haciendo más pequeño. Ya no están sus hermanos ni su querida prima Tatiana Radziwill; han fallecido muchos familiares y muchos buenos amigos con los que compartió una vida. Tampoco puede contar con la compañía del Rey Juan Carlos. De su círculo más íntimo solo queda la princesa Aga Khan, pero vive en Ginebra.
En mayo tiene previsto regresar al palacio de Tatoi, la casa de su infancia, cuyos salones y habitaciones han sido restaurados con la ayuda de sus propios recuerdos
Ha atravesado momentos muy difíciles a lo largo de su vida —también ha sacrificado mucho—, pero son las ausencias las que le han dejado un dolor más profundo. Nunca había estado tan sola y, sin embargo, o quizá por ello, cada vez tiene más ganas de salir, viajar y conocer gente. Le encanta hablar y, cuando está a gusto, no para. Organiza almuerzos, acepta invitaciones y disfruta de las reuniones con amigos y de las salidas a restaurantes.
No es una mujer que se recree en el pasado ni que se deje vencer por la tristeza, aunque llore en silencio. Fiel a uno de sus lemas, "Uno nunca se jubila de la actitud", ha hecho una elección: llenar su agenda de compromisos, hacer planes y disfrutar de cuanto la vida todavía puede ofrecerle. Es su manera de llenar, en parte, el vacío, aunque no le falta el cariño de sus hijos y nietos, siempre muy pendientes de ella.
La reina incansable
La Reina saca fuerza de flaqueza de todo. Educada para servir y afrontar adversidades, sigue entendiendo su papel como una misión que termina con el último aliento. Tiene una determinación extraordinaria, cuenta con el apoyo de toda la familia y también encuentra una fuerza enorme en el respaldo que le brindan los españoles.
Doce años después de haber dejado el trono, doña Sofía sigue emocionándose con los aplausos y las muestras de afecto que recibe. Y lo que más le conmueve es comprobar que ese cariño, lejos de disminuir con el paso del tiempo, ha ido creciendo. Sentirse querida, respetada y valorada por su entrega a España es uno de los mayores regalos. "Es como el agua que le da vida a una planta", explica una amiga suya. Y también le produce una enorme satisfacción saber que, más allá de su compromiso con la Corona, los españoles reconocen a la persona que siempre quiso hacer el bien y ayudar a su país.
A sus 88 años, doña Sofía es imparable. Sigue recorriendo España y viajando por el mundo con una agenda que combina compromisos institucionales, cultura, música, cooperación internacional y solidaridad. Desde su anterior cumpleaños, ha vivido doce meses extraordinariamente intensos, marcados por la muerte de su hermana, el pasado enero, y algunos de los reconocimientos más importantes de su vida. Recibió de manos de su hijo, Felipe VI, el Toisón de Oro, la máxima distinción de la Corona; fue una de las invitadas más elegantes en las celebraciones del cumpleaños del Rey Carlos Gustavo de Suecia; despidió, entre lágrimas, a su buen amigo el Rey Harald de Noruega, y ha cruzado tres veces el Atlántico. Dos de ellas, para encabezar, en Miami y Nueva Orleans, los actos conmemorativos del 250.º aniversario de la Independencia de Estados Unidos y reivindicar el papel de España en aquel acontecimiento histórico.
Y, ahora, mira ya ilusionada hacia 2027, un año que promete ser especialmente importante en su vida, con grandes celebraciones, decisiones sobre el futuro de su fundación y un regreso muy especial al palacio de su infancia, en Grecia.
2027: Dos aniversarios y una gran decisión
Doña Sofía tiene por delante dos aniversarios muy importantes: los 50 años de la Fundación Reina Sofía, creada el 17 de mayo de 1977, y los 20 del Centro Alzhéimer de Vallecas, uno de los proyectos de los que más orgullosa se siente.
Las celebraciones abrazarán las grandes causas por las que lleva décadas trabajando: la investigación científica, los bancos de alimentos —de los 54 existentes en España, ya ha visitado 51 y tiene previsto completar el recorrido—, la protección del medioambiente y los animales, la cultura y la atención al mundo rural. Y, según nos cuentan desde su entorno, prepara alguna sorpresa que quiere enmarcar en el Año Santo Compostelano de 2027.
El cincuentenario abrirá también la puerta a nuevas y grandes decisiones, especialmente la renovación del patronato y la definición del futuro de una fundación con la que ha impulsado cerca de 400 proyectos. Doña Sofía, que sigue al frente ejerciendo una presidencia ejecutiva que se toma muy en serio, quiere dejar su obra en buenas manos, en las de personas que la quieren, conocen sus valores y comparten su manera de entender la vida y la solidaridad. Y tiene un deseo especial: que algún miembro de su familia tome algún día el relevo y garantice su continuidad.
Tatoi: El emocionante regreso al palacio restaurado de su infancia
Doña Sofía tiene una cita muy especial con su pasado. Según ha podido saber ¡HOLA!, el próximo mes de mayo tiene previsto regresar a Grecia para visitar Tatoi, la antigua residencia de la Familia Real griega.
Después de décadas de abandono y de los graves daños causados por los incendios de 2021, el palacio está recuperando su antiguo esplendor. El Ministerio de Cultura griego impulsa un ambicioso proyecto de más de 70 millones de euros, financiado con fondos públicos, europeos y aportaciones privadas, al que también se ha sumado la fundación creada por Carlos III de Inglaterra, quien, abrazando su sangre griega, se ha interesado personalmente por la recuperación de Tatoi. El proyecto incluye tres museos, la restauración de jardines y edificios históricos y la conservación de más de cien mil objetos. Entre ellos, vestidos de juventud de doña Sofía, sus zapatos de novia de Roger Vivier y el carruaje de su boda. También una pequeña piedra blanca que regaló a su madre con una flor dibujada y una dedicatoria: "Para mamá, de Sofía".
En 1998, al contemplar el deterioro del palacio, doña Sofía confesó: "Volver a Tatoi fue un golpe a todos mis recuerdos. Como si me hubieran acuchillado un sueño". Pero la próxima primavera, casi 30 años después, podrá reencontrarse con la casa de su infancia tal y como era. Sus propios recuerdos han ayudado a devolverle la vida. Junto a su hermana, Irene, y su cuñada, Ana María, recorrió el palacio vacío para ayudarles a reconstruir las habitaciones, los salones y los rincones donde hacían su vida familiar. El regreso coincidirá, además, con el 80.º aniversario de la llegada al trono de sus padres, Pablo y Federica, el 1 de abril de 1947. Una fecha que hará aún más especial la visita, aunque con ausencias especialmente dolorosas.
El último gran proyecto: un homenaje a su hermana
Doña Sofía quiere rendir un homenaje muy especial a su hermana, Irene, a través de una de las grandes pasiones que compartieron desde niñas: el amor por los animales. Su deseo es que el nuevo centro de acogida que impulsa la Fundación Reina Sofía en Arganda del Rey lleve el nombre de la princesa. El proyecto arquitectónico está prácticamente terminado y comienzan los trámites con el Ayuntamiento para solicitar las licencias de construcción. La protección de los animales es uno de los compromisos más personales de doña Sofía. Vive rodeada de sus diez perros 'schnauzer', sus gatos y sus burros, por los que siente una debilidad especial desde su infancia en Grecia. También apoya proyectos para proteger a los orangutanes de Borneo, recuperar las tortugas marinas y conservar especies amenazadas. Y este es su último gran proyecto: la Reina ha dado su nombre al Centro de Bienestar Animal de Torrelodones, pendiente de inaugurar, y el nuevo centro llevará el de su hermana Irene.
Armenia y la curiosidad sin límites
Doña Sofía conserva una curiosidad insaciable. Es una auténtica máquina de hacer preguntas. Le interesa todo, quiere saberlo todo y se prepara a conciencia antes de cada viaje. El último ejemplo ha sido su reciente viaje a Armenia, uno de los pocos países que le quedaban por conocer y cuya historia, cultura y tradiciones estudió con verdadero entusiasmo. Allí pudo disfrutar de algunas de sus grandes pasiones y descubrir sus profundas raíces cristianas, sus vínculos con la civilización griega y un patrimonio extraordinario. Visitó el templo helenístico de Garni, el monasterio de Geghard, donde escuchó música religiosa armenia, y la espectacular Sinfonía de las Piedras.
El viaje puso de manifiesto que los años no han podido con sus ganas de descubrir el mundo. Las imágenes de doña Sofía fotografiando paisajes y gatos con el móvil, mirando por un telescopio e interesándose por cuanto encontraba a su paso son el mejor reflejo de esa curiosidad y de su extraordinaria energía. Asimismo, también quedó demostrado, una vez más, que su experiencia, sus conocimientos y sus aportaciones siguen siendo muy valorados internacionalmente. Desde 2013 forma parte del Comité Internacional del Premio Príncipe Talal para el Desarrollo Humano, dedicado a ayudar a las poblaciones más vulnerables, y todos la animan a continuar. Entre ellos, el príncipe Abdulaziz bin Talal, quien destacó su dedicación a las causas humanitarias y el importante vínculo que representa entre el legado de su padre, fundador del premio, y el futuro de esta iniciativa.
De la ilusión de descubrir Armenia al luto por la tragedia de Urda
Doña Sofía llegó a Armenia ilusionada por descubrir un nuevo país, conocer su historia y su cultura y fotografiar cuanto encontraba a su paso. Pero, el 28 de octubre, la tragedia ferroviaria de Urda cambió por completo el final de su viaje. Vestida de riguroso luto, asistió en Ereván a la ceremonia del Premio Príncipe Talal para el Desarrollo Humano, cuyo Comité Internacional integra desde 2013. Allí recibió las condolencias del príncipe saudí Abdulaziz bin Talal y del primer ministro armenio, Nikol Pashinián, y participó en un minuto de silencio por las víctimas. La Reina Sofía, que siente un inmenso amor por España y sufre profundamente con cada tragedia, recibió la noticia con enorme impacto. Ya no se quedó a la cena y emprendió el regreso a España en un vuelo de madrugada.
























