El regreso de la reina Sofía al Palacio de Marivent este verano está marcado por las ausencias, pero también por los reencuentros y el cariño de los suyos. Por primera vez en décadas, afronta una estancia estival sin dos de las personas más importantes de su vida: su hermana, la princesa Irene de Grecia, y su prima, la princesa Tatiana Radziwill, fallecidas con apenas unos meses de diferencia. Dos pérdidas que han dejado un vacío difícil de llenar en el entorno más íntimo de doña Sofía.
La reina Sofía siempre está para su familia
Sin embargo, lo que podía haber sido el verano más triste de su vida terminará convirtiéndose también en uno de los más emotivos y especiales porque estará más acompañada que nunca en muchos años. A lo largo de la semana han ido llegando algunos de sus seres queridos, aunque será este fin de semana cuando conseguirá reunirlos a casi todos: a sus hijas, a sus nietos, a las novias de Juan, Pablo y Miguel, e incluso a algunos de sus sobrinos griegos.
Siempre está ahí para ellos y siempre encuentra la manera de verlos o hacer planes de familia, que es lo que más feliz la hace. Lo dice a menudo: quiere a sus tres hijos por igual y se muere por sus ocho nietos. Pero el amor no va solo en una dirección y ellos le corresponden cuidándola y dándole mucho cariño. Especialmente ahora, tras las muertes de su hermana y su prima, sus hijos y sus nietos son para la reina Sofía su gran pilar; y todos han querido acompañarla y hacerle sentir que no está sola en un momento especialmente delicado.
Marivent, el refugio familiar
Durante más de 40 años y con una presencia discreta, Irene de Grecia fue mucho más que una hermana. Compartieron residencia en Madrid, viajes oficiales y los veranos en Mallorca. También la figura de Tatiana Radziwill contribuía a ese círculo afectivo que hoy ya no está.
Los cambios de Marivent a lo largo de los años
Pero este no ha sido el único cambio que ha vivido Marivent en los últimos tiempos. Previamente, la infanta Cristina dejó de acudir durante los años más complejos de su situación judicial. Y, después, la infanta Elena redujo también su presencia estival. Más tarde, fue el rey Juan Carlos quien renunció a pasar allí sus vacaciones tras su salida de España. A pesar de todo, muchos de sus nietos han mantenido, en mayor o menor medida, el vínculo con Mallorca, convirtiendo la residencia en un punto de encuentro intergeneracional, aunque cada vez más fragmentado. Incluso en los últimos veranos, tras el divorcio de la infanta Cristina, la normalidad se había sostenido con cierta discreción.
Acompañar a la reina es una prioridad
Pero este año es diferente. Acompañar a la reina Sofía, a sus 87 años, es una prioridad familiar... Y hasta que no desembarquen los Reyes, casi a finales de mes, la princesa Leonor y la infanta Sofía, no estará sola. Será un ir y venir entre sus hijas y sus nietos, que viajarán con sus novias: Sophia Khan, Johanna Zott y Olympia Beracasa, además de Irene Urdangarin y de los hijos de doña Elena, Victoria y Felipe. De esta manera, Mallorca recupera su sentido más íntimo: el de refugio, en uno de los veranos más difíciles de la vida de doña Sofía.
El fin de semana marca la cumbre familiar
El fin de semana marca la cumbre familiar: en Marivent, todos juntos, saliendo a navegar o a pasear antes de continuar las vacaciones en otros destinos. Para entonces, doña Sofía contará con el apoyo de su hijo, el Rey, que siempre está pendiente de ella. Cuando su agenda se lo permite, procura acercarse a verla, aunque solo sea para darle un beso, y no son pocas las ocasiones en las que comparten un almuerzo. Esa cercanía se ha hecho aún más evidente desde que don Juan Carlos fijó su residencia en Abu Dabi.
La llegada de Leonor y Sofía
Y, por supuesto, también están a su lado doña Letizia y especialmente sus nietas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, que querrán compartir tiempo con su abuela en un momento especialmente delicado para ella. En los últimos años, entre la formación de la heredera y los estudios de la infanta Sofía en el extranjero, las oportunidades de estar juntas han sido escasas. A ello se suman una agenda institucional cada vez más exigente y la necesidad de preservar también espacios para su vida privada y sus planes con amigos. Por eso, los días en Marivent tendrán un valor especial: será una oportunidad para recuperar la convivencia y hacer planes juntas.








