Clément Vandenkerckhove era un completo desconocido hasta el pasado otoño, cuando decidió revelar que era el hijo secreto de Laurent de Bélgica, algo que él mismo no supo hasta los 17 años. El parecido físico es evidente y el drama, en realidad, menor: el prícipe Laurent lo tuvo antes de casarse con la princesa Claire, fruto de una relación verdadera y conocida en su entorno. En un país donde incluso el rey Alberto I tuvo que reconocer por orden judicial a la princesa Delphine, la existencia de un hijo secreto que ni siquiera está en la línea sucesoria no supuso un terremoto institucional. Lo que quedaba por descubrir era quién era él, qué historia había detrás de ese joven y, ahora da a un paso más: presenta a Guadalupe, la mujer de origen venezolano que lo ha salvado de todo.
Una entrevista desde Italia: de vacaciones en la casa de Puglia del periodista belga Thomas Siffer
La historia es algo rocambolesca, ya que Clément habla desde Puglia, donde ha sido invitado por el periodista Thomas Siffer, colaborador de Het Nieuwsblad, que cada verano reúne en su casa italiana a distintas personalidades belgas para conocerlas lejos del ruido mediático. En ese escenario, una villa en el sur de Italia, el hijo secreto de Laurent de Bélgica recordó el momento en que descubrió quién era su padre. "Mi madre (la cantante y modelo Wendy Van Wanten) me lo contó cuando tenía dieciséis", explica, "y durante años llevé ese secreto como una piedra en el pecho".
Clément cuenta que no se atrevió a llamar a Laurent hasta los veinte, en una noche de lluvia que él describe como una liberación: "Le llame y no me lo cogió. Después leí su nombre en la pantalla y me sentí libre". Desde entonces, la relación es cercana y sorprendentemente natural: "Si le digo '¿Mañana hacemos algo?', siempre hace tiempo para mí". Para Clément, la revelación no fue un escándalo, sino un alivio: "Mi padre es Laurent. Mi papá es Frans", resume haciendo referencia al marido de su madre, el hombre con el que se crio.
Ansiedad, miedo y misofonía: el joven que decide salir a la luz en plena vulnerabilidad
Lo más llamativo es que Clément, un joven que podría haber seguido en el anonimato, ha elegido salir a la luz precisamente cuando confiesa que vive atrapado entre la ansiedad, el miedo y una sensibilidad extrema al ruido. "Llegó un momento en que no podía salir de casa", admite, y recuerda noches en las que despertaba "temblando, sudando, totalmente bloqueado". Habla de misofonía, un trastorno neurológico en el que sonidos cotidianos desencadenan una reacción emocional e intensa: "las cigarras me vuelven loco". Además explica como los episodios de pánico lo paralizan en público: "En un restaurante me bloqueé y no podía llevarme la comida a la boca". Tras esta revelación, Clément presenta a Guadalupe Borrero Ferreira, la mujer que según cuenta lo ha salvado de todo.
Clémente presenta a la joven venezolana que llegó a Europa empujada por la crisis de su país y que terminó en Bélgica casi por azar. Pasó por Portugal, vivió con familiares y trabajó en una panadería de supermercado en Aalter, mientras reconstruía su vida lejos de Caracas. Su historia familiar está marcada por una resiliencia feroz. "Mi padre era camionero. Mi madre era una mujer de carácter fuerte. Cuando no teníamos ni un céntimo para comprar comida, se atrevió a llegar a casa con una nevera nueva. Después de echar a mi padre de casa, mi madre se compró un camión y contrató a un conductor. Con las pocas ganancias que obtuvo, se compró un segundo. Ahora dirige una empresa de transporte especializada en el traslado de materiales de construcción. Mi padre vive en algunar lugar del interior de Venezuela, nunca volvió", cuenta ella. Nada en su trayectoria apuntaba a que acabaría vinculada al hijo secreto de Laurent de Bélgica. "Cuando nos enamoramos, ni siquiera sabía que su madre era una cantante famosa. Y mucho menos que Clément era hijo de un príncipe. Me enamoré de un apuesto joven flamenco con una personalidad encantadora", afirma Lupe.
La joven venezolana que llegó a Bélgica por azar
Se conocieron por azar, en una plataforma de chat. Guadalupe lo recuerda así: "¿Conocías Omegle? Era una página web donde podías hacer videollamadas a desconocidos de todo el mundo. Mi mejor amiga y yo estábamos conectadas por separado y queríamos ir saltándonos a todos hasta encontrarnos. Clic. Clic. Clic. Pero de repente vi a un chico rubio muy guapo. Me sobresalté. Él también". "Le dije a mi amiga: '¡Es tan guapo! ¡Y tan belga!'. Pero yo sabía que un chico tan guapo jamás se enamoraría de alguien como yo", confiesa Lupe, pero se equivocaba. Aquella conversación dio pie a años de confidencias, hasta que él condujo desde Bélgica a Luxemburgo, donde ella estaba de paso, para verla por primera vez. Él lo resume sin rodeos: "Ella me dio una perspectiva diferente de mi vida. Sin mi amor , me habría derrumbado".
El hijo secreto del príncipe explica entonces porque esa no es una frase hecha ni una exageración de su amor. "Una vez estaba en un restaurante de Barcelona. Había muchísima gente. Me quedé paralizado. No podía ni llevarme la comida a la boca. Lupe tuvo que darme de comer como a un niño. En ese momento supe dos cosas: quiero dejar atrás este estrés para siempre y esta es mi esposa para toda la vida".
El periodista le pregunta si Laurent sabe que está allí, en Puglia, contando su historia. Clément asiente y aprovecha para dibujar un retrato inesperadamente cálido de su padre: lo describe como un hombre "listo, sensible", muy distinto de la caricatura pública que a veces ha rodeado al más humano e impulsivo de los príncipes belgas. Y añade una frase que resume la relación entre ambos y la libertad con la que ha decidido hablar: "No puede frenar a un joven de 25 años a tomar sus decisiones".









