Luis, amigo de Pablo desde siempre, y Elisa, a quien Lucía conoció durante sus años de universidad, son pareja. Fueron ellos quienes pensaron que sus dos amigos podían encajar y decidieron presentarlos. No se equivocaron: cuatro años después, Pablo y Lucía se daban el 'sí, quiero'. Así que no sorprende que sus particulares celestinos tuvieran un papel especial en la boda y fueran los encargados de pronunciar un discurso durante la cena. El sacramento del matrimonio se celebró en la Basílica de Santa María de Alicante; después se trasladaron junto a sus invitados a la finca familiar, situada en la sierra de Alicante, un lugar donde los novios habían pasado horas y horas recorriendo sus caminos.
Un vestido de novia moldeado sobre su propio cuerpo
Lucía es una de las dos mitades de Deluem, una firma de moda, joyería y accesorios artesanales españoles fundada en Madrid en 2016 por ella y por su hermana María. Y cuando llegó el momento de plantear su vestido de novia, tuvo claro que quería que Sole Alonso se encargara de este diseño. "Siempre me había sentido identificada con su estilo. Sus diseños tienen una sensibilidad y una elegancia muy especiales, y además ella es una persona que me inspira muchísimo, tanto profesional como personalmente", nos cuenta.
El vestido, tal como la novia había imaginado, tenía una falda llena de movimiento, creada con muchas capas de tejido en las que se entremezclaban organza y lino. La parte superior, sin embargo, fue surgiendo poco a poco, a lo largo de las pruebas, en un proceso que Lucía define como más creativo y bonito. "En la segunda prueba, Sole me enseñó un tejido bordado del que me enamoré al instante. Era precioso, aunque se alejaba un poco de la idea inicial que llevaba en la cabeza, así que le pedí unos días para pensarlo. No tardé ni veinticuatro horas en tenerlo claro", recuerda.
Aquella pieza cambió el rumbo del vestido y las citas con la diseñadora fueron cada vez más emocionantes. "Fuimos creando el vestido directamente sobre mi cuerpo, ajustando cada detalle. Creo que esa es la verdadera magia de la alta costura, ver cómo una idea va cobrando vida hasta convertirse en un vestido irrepetible, hecho exclusivamente para ti", asegura.
Para estar más cómoda durante la fiesta, Lucía prefirió que su vestido fuera convertible. Las mangas se podían retirar y ella se las quitó antes del baile. Además, tal como nos cuenta, le hacía mucha ilusión incorporar un guiño a su firma. "Añadí la flor Ceci en color crudo y el poncho Alcott en blanco roto, dos piezas muy representativas de nuestra firma, que aportaban un toque diferente sin perder la esencia del vestido".
De los pendientes diseñados por su suegra al ramo regalado
Otra de las cosas que Lucía tuvo claras desde siempre es que quería ir a la iglesia velada, un detalle que suele ser determinante para la elección del peinado. Ella apostó por un moño bajo, con raya en medio y más bien clásico, del que se encargó Javier Mas, que funcionaba fenomenal con su maquillaje natural, obra de Make Up Fanny.
Los zapatos, de Flordeasoka, fueron un regalo de su grupo de amigas: "Tenemos la tradición de regalárselos a la novia". También llevó un detalle muy especial de Lahuar, un abanico de lino color chardonnay, bordado a mano e inspirado en su vestido.
En cuanto a las joyas, la más especial fueron unos pendientes que diseñó para ella su suegra. "La madre de Pablo vino conmigo a una de las pruebas del vestido y, observando los bordados y los detalles, se inspiró para diseñarlos. Son una auténtica obra de artesanía y uno de los regalos más bonitos que he recibido nunca. Además, tienen un diseño desmontable en tres piezas, lo que me permitirá seguir llevándolos durante toda la vida, tanto en ocasiones especiales como en mi día a día; son de @munylab_es".
El ramo también fue regalado por sus amigas. Era un diseño de tallo largo, con mucha caída, protagonizado por una mezcla de hortensias, peonías y otras flores más pequeñas que ayudaban a dar mayor movimiento y naturalidad al diseño. Del trabajo se encargó Julián, de la floristería El Juli, en Alicante. "Tiene una sensibilidad extraordinaria y consiguió plasmar exactamente lo que había imaginado. De hecho, el ramo terminó convirtiéndose en el punto de partida de toda la decoración floral de la boda".
Preparar una boda en cuatro meses
De media, una pareja suele invertir cerca de un año o año y medio en organizar su boda, pero Lucía fue capaz de organizarla en solo cuatro meses. Como contábamos al inicio de este artículo, Lucía y Pablo se dieron el 'sí, quiero' en la Basílica de Santa María de Alicante y después se trasladaron a la finca familiar, donde nunca antes se había celebrado una boda.
"No tuvimos wedding planner. Y cuando alguna vez nos han preguntado si da tiempo a casarse en 4 meses, la respuesta más sincera es "depende". Con unos suegros como los míos, Miguel y Gema, que se dieron en cuerpo y alma a preparar una finca en la que nunca se habían hecho bodas, y la ayuda de todos mis cuñados y en especial de mi hermana María (mi wedding planner en la sombra), sí que te puedes casar en 4 meses. Pero no es lo normal, tenemos una suerte de familia", nos cuenta con mucha sinceridad.
Decoraron todo con mucho mimo y cariño y regalaron a todas las invitadas un poncho de verano de Deluem en distintos colores, ya que por la noche refrescaba un poco. Como no podía ser de otro modo, su hermana, sus cuñadas y varias amigas fueron vestidas de la firma. Y otras muchas llevaron complementos como flores, pendientes y accesorios. Además, para sus sobrinas diseñaron los ponchos Verbea, adaptados a sus tallas. "Ver nuestra marca presente en un día tan importante no me pudo hacer más ilusión".
Aquel día estuvo plagado de anécdotas y de momentos bonitos, pero uno de los más divertidos se produjo a la salida de la iglesia. Un tío de Pablo les había dejado un espectacular Jaguar XJS Celebration cabrio rojo con el que los recién casados se trasladaron a la finca. "Paramos el coche en una esquina para capotarlo antes de coger carretera. No lo conseguimos y comenzamos 40 minutos de autovía conmigo agachada para no perder el recogido y Pablo como en una película con el aire en la cara y las manos al volante, disfrutando cada segundo del camino".
El más especial fue su llegada al templo. "Entrar en la basílica del brazo de mi padre y ver a Pablo emocionado fue lo más especial. También lo fue el vals que bailamos y la fiesta tan animada —con música del DJ Jorge Gimeno—, junto a nuestros amigos, que son lo más".
























